Teatro Mandíbula Afilada en el Teatro Bellas Artes

Ser un “mandíbula afilada” es garantía de éxito para ligar con algunas mujeres que van buscando ese perfil de hombre, y nunca mejor dicho, porque el término, según, Juan, el protagonista de la tragicomedia del mismo nombre, hace referencia al típico modelo publicitario de facciones afiladas, cuerpo atlético, labia cautivadora y con un aura de unos veinte centímetros aproximadamente. Eso sí, a veces, para asegurarse el éxito a la hora de la conquista femenina, quizás es bueno añadir ciertas dosis de sensibilidad masculina a esos duros rasgos faciales, características éstas que, en conjunto, pueden ser el deleite de Laura, a la que Juan conoce de su época en el instituto. O eso cree él…




Mandíbula afilada es una comedia con tintes románticos y cargado de nostalgia, con continuas referencias a un pasado desde el punto de vista de un melancólico empedernido. Cuando se despiden los “veinte” y se avecina la crisis de los treinta, los años ochenta y noventa, los de niñez y juventud, se reviven en la memoria con nostalgia hasta el punto de poder sufrir el famoso síndrome de Peter Pan, y es lo que le sucede a Juan, uno de los protagonistas de esta historia.


Juan, artista bohemio y sin un chavo debido a que no vende ni uno de los cuadros a los que dedica su tiempo, vive en su piso de soltero como una persona totalmente autónoma e independiente al que, por supuesto, su madre costea los gastos del piso. El día antes de cumplir los treinta, en un intento por demostrarse a sí mismo su valía, acepta una cita en su propio apartamento, o loft, con una antigua novieta del instituto, Laura, a la que no ha podido olvidar en todos estos años. Juan se prometió a sí mismo que si a los treinta no era un pintor famoso y multimillonario acabaría suicidándose, y Laura ha venido a salvarlo, o eso parece.


Laura acude a la cita con una buena botella de vino y con una noticia que contar a Juan unos días antes de su boda con Gonzalo, ¿o es Guzmán?, otro antiguo compañero de instituto al que Juan no puede ni ver por ser el lo contrario a lo que él es y por haber, en cierto modo, alcanzado cierto prestigio laboral persiguiendo el mismo sueño artístico que Juan. Éste ansía con toda su alma decirle algo a Laura, pero es Laura la que ha organizado la cita y quien pondrá la cabeza de Juan patas arriba con una confesión que ni en el mejor de sus sueños el protagonista de esta obra se esperaba. 


A ritmo de Dirty Dancing y de Blue Swede (los que ya no cumplirán los 30 saben de lo que hablo), el texto nos presenta dos partes claramente diferenciadas que transcurren en la misma noche con la pareja como protagonista de ambas. Cada una de esas partes tiene unos tintes claramente diferenciados de la otra, con un final semejante pero que para Juan no lo será tanto. No desvelaré más sobre la historia que nos cuenta el espectáculo producido por laconocida Txalo y Pentación Espectáculos.  

Como público asistimos a una de esas comedias que, por momentos sacan una carcajada y que, por momentos, enternecen un poco el corazón y afilan también la melancolía de los asistentes y es que ese argumento reiterado de “tirar de recuerdos” de épocas pasadas yace un poco en el fondo de la memoria de todos: el viaje de fin de curso, el descubrimiento de las discotecas, los viejos compañeros de clase, los primeros flirteos con el chico o la chica que a uno le gusta… En ese caldo de cultivo se cimentan los acontecimientos  que transcurren durante la noche en la que Juan recibe la visita de Laura.


El loft de Juan podría ser el de cualquier persona de su generación, tal y como están los precios de alquiler y compra de inmuebles hoy en día. La escena nos presenta un salón con cocina incorporada en la parte de atrás de un ático en el que el sofá, en primer plano, será protagonista de las conversaciones de entre el melancólico Juan y la divertida, y a la vez seria, Laura. Una ventana al fondo da un toque exótico al pequeño apartamento pues desde él se pueden contemplar las estrellas y no hay que olvidar los elementos decorativos y los cuadros de artista, también presentes. Ahh, y luego está lo que no se ve, pues por el hueco de la izquierda se accede el baño, sin puerta de acceso ni al salón, ni a la habitación, más allá del baño, lo cual permitiría que uno tuviera una conversación desde la habitación con otra persona en el salón/concina mientras una tercera persona se afana en poder tener un poco de tranquilidad en sus necesidades básicas con la intimidad que procuran unas simples cortinas… puro romanticismo.


Mandíbula afilada trata algunos de los problemas a los que se enfrenta toda una generación mientras sus protagonistas, en clave de humor, van reviviendo el pasado e intentando hacerlo partícipe también del presente. La dificulta de acceder a un puesto laboral, la búsqueda de la identidad propia, las crisis de pareja, los problemas para independizarse… El contexto cómico hace que no se profundice en estos problemas que, a pesar de ello, son el trasfondo de lo que nos cuenta la historia. 

Y luego está ese pasado que continuamente se revive, al que continuamente se desea volver cuando uno, Juan, no encuentra su sitio en el presente. Y todo fluye cuando la persona con la que se habla también fue partícipe de esos tiempos en los que las preocupaciones no formaban parte del día a día llegándose a mezclar incluso los sueños con la realidad.


El texto es obra de Carles Alberola que suma a su amplísima experiencia como dramaturgo la faceta de dirección (aunque no de esta obra) y la de actor. Desde finales de los 80, Carles no ha dejado de parir obras alternándolas con la dirección, tanto en valenciano como en castellano. Mandíbula Afilada es un texto del 97 pero que, claramente, ha sido adaptado a nuestros días. La historia que nos cuenta Carles habla de los anhelos y los deseos que pueden instalarse en nuestra mente y que nos hacen comportarnos de cierta manera ante la creación de unas expectativas falsas a las que, posteriormente, la realidad ni se aproxima y cómo la decepción puede ser el resultado de este cóctel. 

Mario Hernández es el director de esta comedia. De origen almanseño, a pesar de su juventud, Mario ya ha guionizado y dirigido varios cortos (A los ojos, Reina de Corazones). Está ligado al mundo del teatro desde muy joven y en Alicante, ciudad donde estudió Dirección y guión cinematográficos, participó en varias obras del prestigioso Teatro Universitario de Alicante.  Siempre ha compaginado la escritura de textos con la dirección. En 2012 se traslada a Madrid y ya en 2013 es nominado al premio al mejor espectáculo OFF por su adaptación de la novela Héroes, de Ray Loriga. En 2015 estrenó Una mujer desnuda y en lo oscuro, de Mario Benedetti en el Fernán Gómez y, el año siguiente, estuvo con la misma obra en el Lara. Ahora dirige el texto de Alberola con frescura y dotando a los personajes de esa contemporaneidad que requiere la pieza. 


Juan y Laura cobran vida gracias al trabajo interpretativo de dos actores muy de moda en la faceta televisiva en los últimos tiempos gracias a la serie Allí abajo, Jon Plazaola y Noemí Ruiz.  El primero, que también ha trabajado en cortos, largometrajes y como presentador de programas de televisión (recientemente colaborador de Zapeando) se enfrenta al papel de nostálgico peterpanesco, personaje que le viene como anillo al dedo por la vis cómica de la que hace gala a lo largo de toda la historia, en ambas partes, aunque en cada una de ellas con un toque un poco distinto por la propia secuenciación de los hechos. El papel al que se enfrenta muestra un lado sensible dotado de esa melancolía de la que ya se ha hablado y, por otra parte, esa faceta cómica y chulería de la que a veces hace gala para intentar seducir a su compañera de batalla. Por su parte, Nomeí Ruiz (El ministerio del tiempo, Fuga de cerebros…), en el papel de Laura, revela dos caras que se ubican en lados opuestos, también debido a los hechos y esas dos partes de la historia. En la primera parte su personaje es mucho más fresco, desenfadado e idealista, más afín a su anfitrión, mientras que en la segunda ostenta una personalidad más rígida, más realista que contrasta más con la de Juan. En el plano meramente interpretativo se nota, a veces, que este afamado elenco quizás está más acostumbrado al trabajo ante la cámara por el matiz que dan a sus personajes durante ciertos momentos en los que puede que parezcan un poco sobreactuados, aunque quizás sea un recurso buscado por la dirección.


Mandíbula afilada, una comedia sencilla, muy recomendada para melancólicos ochenteros y noventeros, pero una comedia para toda la familia con unos toques escenográficos cuidados y con una pareja de actores y una dirección que consiguen un gran trabajo muy digno del aplauso de todo el patio de butacas. 

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Mandíbula Afilada
Teatro: Bellas Artes
Dirección: Calle del Marqués de Casa Riera 2
Fechas: Del 28 de junio al 29 de julio. Jueves y viernes 20:30. Sábados 19:30 y 22:00. Domingos 20:00. 
Entradas: Desde 9,75 € en Teatrobellasartes.es; Atrapalo y Entradas.com.


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