Teatro: "Las bicicletas son para el verano" en el Teatro Fernán-Gómez

La primera imagen al mirar la escena fue como si de una foto fija se tratase. Aquellos que no hemos vivido la dictadura franquista, hemos aprendido  a través de relatos, testimonios, imágenes, y es por esto que se nos venían a la cabeza aquellos fotoperiodistas que nos han dejado plasmadas algunas de las fotografías más importantes de nuestra Historia reciente. José María Díez Casariego fue uno de los fotógrafos más conocidos y prestigiosos del bando republicano, al que una de sus fotografías casi le cuesta una sentencia de muerte por "asistir al enemigo". Una de sus instantáneas más conocidas es la que capturó en la plaza de Atocha el día siguiente al golpe de Estado de 1936, donde a punta de pistola un grupo de republicanos registran a un grupo de presuntos fascistas.

Y es aquí donde se desarrolla esta puesta en escena, en el Madrid de 1936, momento en el que estalla la Guerra Civil, dos niños que jugaban a la guerra y que no imaginaban que algún día se hiciera realidad.

Pongámonos en contexto, la batalla de Madrid se sucede tras el golpe de Estado del 17 y 18 de Julio de 1936, la sublevación militar fracasa en Madrid y la ciudad queda bajo el gobierno de la Segunda República Española. En este momento, la toma de la ciudad de Madrid era un objetivo militar prioritario para las tropas sublevadas. La defensa de Madrid tiene como particularidad haber sido la primera en la que se bombardeó a objetivos civiles dentro de una ciudad, les iremos contando más adelante.



En 1977 Fernando Fernén Gómez construía un relato, un diario personal sobre sus recuerdos de la infancia o más aún, un arma cargada de futuro que pasaría a la posteridad por saber contar los males de la guerra, desde la cotidianidad, a través de las vidas de gente que nada sabían sobre lo que estaba ocurriendo, y que únicamente tenían el anhelo de que todo acabase pronto. Pero el fin de la guerra parecía no acabar.



Situados en el Madrid que Fernán-Gómez quería retratar, les contaremos que aquí vivía la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos, Manolita y Luisito. Luisito demanda a su padre una bicicleta, quiere conquistar a una chica, cosas de chiquillos, pero la bicicleta es también un símbolo de libertad y autonomía, el verano un tiempo de dispersión y ocio. Bicicleta, libertad, autonomía y dispersión tardarían en llegar más de lo esperado por Luisito, indudablemente más de lo esperado por Dolores, su madre, una de esas mujeres que llevaban adelante su casa, en silencio y sin demasiadas quejas. Dolores como símbolo de esas grandes olvidadas que fueron las madres y abuelas que nada tenían y que nada podían ofrecer al visitante, pero que fueron firmes y abnegadas luchadoras.



El reconocido y laureado César Oliva, con una larga trayectoria, dirige esta obra maestra de incalculable valor escénico, desde la sencillez y la austeridad más absoluta, representando así y poniendo en contexto de un modo inconmensurable el momento histórico que se está mostrando. No es necesario ningún otro recurso, ha utilizado la palabra, el gesto, la mirada, la cinestesia en escena a través de un elenco de excepción donde todos los personajes se hacen imprescindibles para entender la intrahistoria, la casuística cotidiana de una España vestida de gris.




La relación entre los miembros de un vecindario al puro estilo de "Historia de una escalera" de Antonio Buero Vallejo, marcará la pauta de una historia costumbrista en la que Don Luis, interpretado por un magnífico Patxi Freytez, nos mostrará cómo va pudiendo con él, el desánimo aunque intente no dar muestras de ello a los que le rodean, mostrando desde la calidez y el equilibrio como su trasfondo ideológico le hará ir perdiendo beneficios, su propio trabajo, hasta llegar a una posible detención por sus convicciones.



En esta familia el principio se apañan como podían, intercambiando botellas de vino por un tanto de lentejas o garbanzos, hasta no tener absolutamente anda que llevarse a la boca, una situación en la que todos los miembros de la familia comerán a escondidas, porque como bien decía Don Luis "esto no es robar, esto es hambre". 

La relación con su mujer es de una belleza brutal. Dolores, interpretada por Rocío Muñoz Cobo (que sustituye a Llum Barrera en esta nueva temporada), es una mujer republicana como el resto de su familia, tradicional, pero se adapta a los discursos de su sobrino anarquista que les visita, y de su hija actriz. Con Dolores no se muestra a una mujer combativa ni en primera línea de lucha, no tiene grandes discursos porque efectivamente nos muestra la realidad de una España en la que muchas personas víctimas de la guerra, sólo entendían como sacar adelante a su familia. Si bien, no llegaría la paz, llegaría la victoria con todo lo que eso conllevaba, un periodo largo en el que el bando vencedor tomaría represalias contra el bando vencido. Para muchos nunca llegó el verano, nunca llegó la paz, en la actualidad todavía hay muchos que aún no la recuperaron




Destacará en escena una espléndida Ana Caso en el papel de Maluli, con un despliegue actoral y giros escénicos que nos tendrán prendados de su historia. Una sirvienta preocupada por su familia en Segovia, que tendrá desde la máxima inocencia algún encuentro con Luisito, y que finalmente acabará con Braulio, un traidor al bando republicano que la abandonará y se pasará al bando sublevado para ascender socialmente. Idas y venidas de Víctor Sevilla como Luisito, que desde su niñez hasta ir tomando madurez, transmitirá como entre los entresijos de las guerras, un chaval va creciendo, se enamora y pasa de ser un pequeño y caprichoso a llegar a ser el cabeza de familia, así su relación con Manolita, su hermana interpretada por Teresa Ases, irá cambiando y haciéndose más pura.


Es una genialidad el modo de relatar, la importancia de la prensa y la radio durante la contienda. Como la emisora de un bando y del contrario, daban informaciones que parecían contar realidades completamente opuestas. Diana Peñalver, en el papel de Doña Antonia, y su hijo, pasarán en múltiples ocasiones a escuchar la radio para enterarse de los más recientes acontecimientos, insistiendo en que debían cambiar la emisora, que los datos ciertos eran los del bando golpista.



No podemos olvidarnos de las grandes interpretaciones de María Beresaluze, Lola Escribano, Agustín Otón y Adrián Labrador, vecinos que representan los dos bandos, pero que como pueden se ayudan, y se encuentran en el sótano del edificio en tiempos de bombardeos, algo que de excepcional comenzó a ser habitual. Es finalizada la contienda cuando veremos claramente las diferentes ideologías que ya se intuían, pero es destacable Pablo, el amigo de Luisito interpretado por Adrián Labrador, que sorprende en el claro posicionamiento y el orgullo de los beneficios que le otorga el bando vencedor.




El final no pude ser más sublime en la conversación entre padre e hijo, donde Don Luis traslada a su hijo los miedos que le asolan desde la templanza, quizá sea detenido por sus convicciones, quizás el verano tarde en llegar
Completa esta obra el gran trabajo de Paco Leal en la escenografía, Jesús Palazón en el diseño de iluminación, el cuidado trabajo de vestuario por parte de Berta Grasset y Javier Almela en el espacio sonoro, todos ellos hacen de esta una obra maestra que sin duda seguiremos disfrutando, como no puede ser de otra manera. Un trabajo técnico y artístico que hace de esta una de las mejores puestas en escena que se dan cita en la actualidad. Llorarán de emoción, sentirán, sonreirán, aprenderán, una obra, sin lugar a dudas, imprescindible.
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Las bicicletas son para el verano
Teatro: Teatro Fernán-Gómez
Dirección: Plaza de Colón 4
Fechas: De Martes a Sábados a las 20:00, Domingos a las 19:00. 
Entradas: Desde 14€ en teatrofernangomez, atrapalo. Hasta el 26 de Julio.


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