Teatro: "La vida no es un lugar seguro" en el Teatro Lara

Así como hay cosas que pasan por algo, hay otras que por algo, no pasan.
En ocasiones, por mucho que nos esforcemos, por más que lo soñemos o ansiemos, hay cosas que no suceden y uno no sabe por qué, si puso todo de su parte y en muchos casos se daban todas las condiciones. Recurrimos entonces a frases hechas como "el destino nos ha jugado una mala pasada". No les decimos que vivan en un estado de paroxismo constante porque el destino ya lo hará por nosotros, ni mucho menos, sólo les atisbamos que a menudo es azaroso y burlón, pero sin duda el destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que jugamos.




Pablo Aguinaga, Sergio Aguinaga y Javier Lorenzo nos presentan un texto lúcido, crítico con las relaciones interpersonales que se dan en nuestros días, de un humor ácido, inteligente y un tanto grotesco en el que se verá representada la miseria humana, desde la comedia negra. Es interesante el trasfondo filosófico del texto, en el que nos plantea si somos dueños de nuestra propia vida, si las decisiones son única y exclusivamente tomadas por nosotros mismos o existen otros condicionantes externos, y exclusivamente tomadas por nosotros mismos o existen otros condicionantes externos, y extenuantes los que van virando nuestra existencia de un lado de la cumbre a otro del abismo. Un texto complejo en tanto que no es fácil transmitir la ductilidad de la propia vida con el destino como personaje, han sabido transmitirlo mediante giros sabiamente construidos.


Pablo y Sergio Aguinaga dirigen un elenco innovador, con recursos escénicos muy potentes, que conseguirán meternos en cada una de las historias, desde la rabia a la carcajada, con giros más allá de parecer forzados, nos sorprenderán por la naturalidad y la frescura con lo que todo transcurre en escena.


Una representación dividida en tres historias que nos muestran el individualismo, la falta de comunicación imperante, el egoísmo e incluso la falta de escrúpulos por parte de algunos medios de comunicación para conseguir un puñado más de espectadores. Leíamos en la sinopsis al llegar que el público se daría cuenta de lo poco preparados que estamos los seres humanos para afrontar los reveses del destino. Si bien, nosotros nos dimos cuenta que solos no podemos, pero juntos si. Plantea por tanto un interesante debate sobre qué tipo de sociedad está imperando en este momento y qué tipo de relaciones estamos construyendo.



Verónica Antonucci, será el hilo conductor, el nexo de unión directo entre las historias y el público, dicho de otro modo, el destino. Ella nos acompañará durante toda la función entre escenas, siendo cómplice con el público, pero también burlona y sagaz. Un vaivén entre la empatía y la desconfianza nos mantendrá atados a ella durante toda la función.


En el primer acto aparecerá Teo, interpretado por Rodrigo Antonucci, nervioso llama a su madre por teléfono a altas horas de la madrugada para contarle un tema importante y de extrema gravedad. La carcajada llama a la puerta cuando aparece en escena su madre, interpretado por un magnífico Joserra Fudio, que nos hará reír desde el minuto cero ya que, sin duda, ella tiene algo más importante que contarle a él. Una escena hilarante, histriónica, nos situará desde ese momento en una comedia desvergonzada y de humor negro, con tintes cercanos al teatro del absurdo.


En el segundo acto, conoceremos a Emilio, interpretado por Javier Ruiz, un nostálgico padre de familia que intentará ayudar a socializar a su hijo Equis, al que da vida Edu Páramo. Lo pretende de la única manera que pareció conocer él en su juventud, quizá de la peor manera posible, sin ser él mismo. Los miedos, las frustraciones de un enloquecido padre de familia, tomarán su máximo esplendor cuando aparece su ex mujer, interpretada por Verónica Antonucci, que le pone los pies en la tierra y quizás quien sabe, le haga reconciliarse con los fantasmas del pasado. Tres actores perfectamente coordinados en escena, con caracteres completamente opuestos, que consiguen conectar de un modo excepcional.



El tercero es, sin lugar a dudas, el más duro de todos los actos, ni los toques de humor consiguieron eliminar la tensión generada en el ambiente. Dos mendigos, un billete de lotería, pero sobre todo, la sordidez, la vida misma en escena y como en ocasiones el ser humano no vale nada. El giro de Joserra Fudio es espectacular, en tanto que nos hizo reír al máximo en la primera escena, y se despide haciendo que el espectador le tenga un tanto de manía y resentimiento en el papel de Simón.

Su compañero de escena es Edu Páramo en el papel de Abel, creando un personaje cargado de tics y gestos que generan a un mendigo de lo más característico. Verónica Antonucci intrépida presentadora de un programa en el que Abel desconoce que participa, sorprenderá por su frialdad y por su interés por el morbo y la miseria.


El trabajo de Ana Roma en el atrezzo y vestuario, junto a su compañero Javier Lorenzo en el espacio sonoro y María José Suarez como técnico de sala y luces, harán de esta una obra completa que nos hará reír, angustiarnos por momentos, odiar y empatizar. Sin duda una obra intensa con un maravilloso equipo técnico y artístico.



Pero esta obra es más que una interesante propuesta teatral, ya que nos hace replantearnos como son nuestras relaciones con el mundo. Desde las relaciones con nuestros seres más cercanos, a la exposición ante el público, para acabar azotando a aquello que nos quieren vender por la tele como programas de entretenimiento. Una dura crítica a la sociedad actual narrada magistralmente en modo de comedia.

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La vida no es un lugar seguro
Teatro: Lara
Dirección: Calle Corredera baja de San Pablo 15
Fechas: Martes a las 20:15.
Entradas: Desde 12€ en teatrolara, atrapalo. Hasta el 17 de Julio.


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