Teatro: "La Ternura" en Teatro Abadía

La lucha de sexos ha sido una de las piezas angulares del teatro desde tiempos de los griegos. Las desavenencias entre los dos géneros han hecho correr ríos de tinta, pero la verdad es que siempre desde una perspectiva bastante machista. Es el momento de igualar esa lucha, que los dos sexos peleen en igualdad de condiciones para dirimir sus diferencias, para poder acercar posturas, para saber de una vez si es posible la convivencia o estamos condenados a vivir en lugares distintos, sin posible reconciliación...  

La temporada pasada, el Teatro de la Ciudad se enfrentó a la comedia (después de acometer la investigación sobre la tragedia griega en su primera temporada), uno de las géneros en los que mejor se desenvuelve Alfredo Sanzol, autor de la obra y uno de los miembros de esta interesante iniciativa (junto con Andrés Lima y Miguel del Arco). A raíz de esta reflexión sobre el humor y sus mecanismos, nace "La Ternura" de Alfredo Sanzol y "Sueños" de Andrés Lima.

Sanzol, escribe y dirige esta interesante, ingeniosa y divertidísima comedia romántica llena de referencias al teatro de Shakespeare. El autor volvía, tras "Edipo Rey", a la comedia, género en el que ha cosechado sus mayores éxitos, con unos personajes que destilan delicadeza y ternura, haciendo que cada escena sea motivo de una mágica risa, una continua carcajada que inunda la obra de principio a fin. El éxito apabullante cosechado en su primera temporada, hace que regrese al Teatro que la vio nacer esta joya de la comedia, un año después de su estreno.



Hablar de Sanzol nos palabras mayores. Ganador del Premio Max y del Premio Nacional de Literatura Dramática por su obra "La respiración", sus proyectos son grandes acontecimientos que nunca defraudan y que siempre nos reconfortan con el teatro, un maestro que impregna su sello personal a cada proyecto en el que se embarca. Este año nos ha vuelto a sorprender con su ingeniosa comedia "La valentía" en El Pavón Teatro Kamikaze, donde ha conseguido su enésimo éxito de crítica y público. 

El autor intentaba con esta obra hablar de la imposibilidad de protegernos contra el daño que produce el amor. Si queremos amar hay que arriesgarse, y puede salir bien o que acabemos sufriendo. Tampoco los padres deben proteger a los hijos del amor, son "peligros" que cada uno debe vivir como parte de las enseñanzas de la propia existencia. El autor explica porque del título de la obra, "porque habla de la fuerza y de la valentía para amar. La ternura es la manera en la que el amor se expresa. Sin ternura el amor no se ve. La ternura son las caricias, la escucha, los pequeños gestos, las sonrisas, los besos, la espera, el respeto, la delicadeza. Una sociedad sin ternura es una sociedad en guerra".


Sanzol cuenta como fue el proceso de creación de esta joya en los siguientes términos "Elegimos Shakspeare porque él reúne toda la tradición de la comedia clásica greco-romana, sumada a la tradición medieval popular, y crea la comedia moderna (junto a Lope de Vega). La comedia es el género del teatro occidental que más éxito ha tenido y su dimensión es gigante". Tras varias revisiones del maestro inglés en la búsqueda de toda su esencia, Sanzol realizó varios talleres de improvisaciones con los actores para la creación del texto.

El texto ha bebido sobre todo de "La Tempestad" y "Noche de Reyes" a la hora de la creación de la atmósfera y el tono a emplear. También se inspiró en "Como gustéis", "Mucho ruido y pocas nueces" y "Sueño de una noche de verano". El autor se encontró como pez en el agua con el lenguaje shakespiriano, lleno de metáforas y comparaciones. Para él "los personajes de "La Ternura" expresan sus emociones de manera descarnada y son extremos en sus pasiones. Para ellos la vida no es algo que se pueda desaprovechar. En los diálogos de la obra podréis encontrar los títulos de catorce comedias de Shakespeare".



Esta divertida historia nos plantea a dos familias antagónicas, que parece que nunca podrán entenderse. Por un lado una reina que odia a los hombres por sus malas experiencias con ellos, con sus dos hijas princesas a las que protege por encima de todo. Del otro lado un leñador que ha huido de la sociedad para vivir aislado con sus dos hijos, para protegerlos de las mujeres, a las que odia por encima de cualquier cosa. Dos padres que odian a su sexo opuesto y que tienen como único punto en común su obsesión por proteger a sus hijos.

La Reina Esmeralda (Elena González) y dos hijas Salmón (Natalia Hernández) y Rubí (Eva Trancón) viajan con la Armada Invencible por orden de Felipe II para que las dos princesas contraigan matrimonio con dos nobles ingleses a los que ni siquiera conocen. Dos matrimonios de conveniencia a los que su madre se opone. La Reina, que es algo maga, provoca una tempestad para que las tres puedan huir del naufragio y acabar en una isla que la Reina considera desierta, y en la que las tres podrán vivir tranquilamente lejos de los hombres. Lo que desconocen es que alguien había tenido esa idea mucho antes que ellas. Un leñador (Juan Antonio Lumbreras) vive allí desde hace veinte años con sus hijos Verdemar (Paco Déniz) y Azulcielo (Javier Lara), a donde huyeron escapando de las mujeres. Con este punto de partida todo puede suceder, pero el desarrollo que le da Sanzol alcanza momentos de una brillantez y diversión apoteósicos.



Si como planteamiento es brillante, las aventuras, líos, peripecias y confusiones que se van sucediendo son geniales. Desde el desembarco de las mujeres en la isla la secuencia de situaciones que se van generando son a cual más intensa y divertida. Los seis personajes sufren de una u otra manera este imprevisto de encontrarse con náufragos con los que no contaban. Una continua lucha de géneros, de personalidades, de egos, pero también de la búsqueda del amor, de la pelea de cada personaje por escapar de su destino y de ser fiel a lo que se espera de ellos.


El trabajo actoral es exquisito, un elenco que desde el primer momento nos hace disfrutar y convierte cada escena en una pequeña obra de arte. Seis actores que se complementan a la perfección, que saben en cada momento lo que tienen que dar, haciendo una auténtica exhibición de fundamentos y de saber estar, con un dominio absoluto de la comedia en todos sus niveles. Las dos familias se nos presentan desde el principio dejando muy claro el carácter de cada uno, con la seguridad y firmeza de los progenitores y la servidumbre de los hijos hacia ellos. Pero todo cambia con el paso de la historia y cada uno de los personajes nos va mostrando miles de aristas a cual más interesante.



Elena González está descomunal en su papel de Reina Esmeralda. En todo momento encabeza a su familia y sirve de guía a sus hijas en su intento de engañar a los leñadores. Pero su interpretación va mucho más allá, es un prodigio de serenidad y tozudez que la lleva a situaciones de lo más surrealistas. Durante toda la obra se mantiene en un tono sobresaliente, protagonizando una lucha de egos con el leñador marrón (Juan Antonio Lumbreras) que nos deja atónitos en varios momentos de la obra.

Natalia Hernández (Salmón) y Eva Trancón (Rubí) no desmerecen para nada la actuación de su progenitora. La complicidad de destellan las dos actrices nos enternece por momentos, como se ayudan y se compenetran en todo momento. Tienen momentos de locura desmedida compensados por los momentos de ternura cuando se acercan poco a poco a su destino. Dos actrices que desplegan todo lo que tienen para dejarnos dos interpretaciones impecables.



Por el lado masculino las interpretaciones tienen un tono similar. La presencia de los tres actores se muestra en todo momento contundente, aunque van girando su fiereza inicial para ir mostrándose más humanos. El más duro es Juan Antonio Lumbreras, en su papel de padre impertérrito ante todo lo que va sucediendo en la isla. La metamorfosis que va sufriendo y que hace tambalear todas sus ideas nos hace movernos por lugares inhóspitos, en los que todo el posible.

Pero si  el cambio sufrido por el padre es chocante, las mil y una vueltas que les da la vida a sus hijos, Javier Lara (Azulcielo) y Paco Déniz (Verdemar) son tronchantes. Personajes muy dispares en el inicio que se van acercando poco a poco según se interesan por las princesas, y que hacen sacar lo mejor que cada uno de ellos tiene dentro. Caso aparte es la escena en la Déniz se desdobla en otro personaje, sencillamente soberbio.



A Sanzol le gusta trabajar con su círculo de confianza, que va más allá de estos maravillosos actores con los que puede crear personajes antológicos. En este montaje destaca la sencilla escenografía que con la simple apertura y cierre del telón colocado en la parte posterior de la escena consigue que la acción adquiera un gran dinamismo. El otro punto clave del montaje en el colorido vestuario con el que se visten los personajes, y por los que se identifican los leñadores durante toda la obra. Todo esto corre a cargo de Alejandro Andújar (secundado por Almudena Bautista), que se las ingenia para hacer de la sencillez un arte. También hay que destacar la iluminación diseñada por Pedro Yagüe, y la música, que corre a cargo de Fernando Velázquez.

 

Una obra con estructura de comedia clásica que nos hace disfrutar al máximo desde el primer momento. Una historia llene de enredos, tratada con todo el cariño que los grandes maestros dan a sus trabajos, dándole forma de pieza artesanal, en la que todo encaja a la perfección. Una divertida parodia sobre los seres humanos, sobre la lucha de sexos, sobre la protección, pero por encima de todo una comedia sobre el amor con la que podremos disfrutar y reír a carcajadas durante las casi dos horas de actuación. Una joya que se quedará en la memoria de todo aquel que pueda ir a disfrutarla.

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La Ternura
Teatro: Teatro Abadía
Dirección: Calle Fernández de los Ríos 42
Fechas: De Martes a Sábados a las 20:00, Domingos a las 19:00. 
Entradas: Desde 19€ en TeatroAbadia. Hasta el 15 de Julio.


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