Teatro: "Contratiempoymarea" en Sala Intemperie

La vida puede llevarte por caminos que nunca esperaste, pero siempre debes pensar en reponerte y llenar la mochila de todo aquello que ha merecido la pena durante toda tu vida. El destino puede cambiarse, sólo depende de las ganas que tengas de continuar. Nunca debes olvidar de donde vienes y con ello debes construir los cimientos de todo lo que queda por venir. El mundo es ese lugar que te está esperando para que lo conquistes. "EL TIEMPO NO MATA, EL OLVIDO MATA".




Pocas veces una historia tan triste y desgarradora puede dejar tan buenas sensaciones. La maravillosa historia de estos dos payasos indigentes nos conmueve, nos enternece, nos hace casi idolatrarlos, quedando exhaustos ante una fábula tan diferente y conmovedora. Dos perdedores abocados a un trágico final que siguen sacando la esencia de la vida de las pequeñas cosas, bien traídas del pasado o bien con lo que les rodea dentro del parque en el que quedan todas las tardes. Dos soñadores que viven de los recuerdos de tiempos mejores, pero que intentan no decaer ante la adversidad, apoyándose el uno en el otro para hacer frente a la cruda realidad.


Sonia Madrid, actriz y autora de más de una decena de obras de teatro, nos sorprende con un texto imponente, que mantiene al espectador en vilo desde que empieza a sonar una melodía circense con la que da comienzo la obra. El texto es brutal, lleno de momentos divertidos que se entremezclan con escenas dramáticas en las que se nos ponen los pelos de punta. El libreto se nos va mostrando en sus distintas capas como quien va pelando una cebolla, que nos hace llorar para poder ser degustada al final en todo su esplendor. La historia rezuma verdad y sinceridad, dolor y angustia, alegría y amor, compañerismo y amistad, todo ello envuelto en una narración precisa y surrealista por momentos. 

Sonia nos muestra la tierna historia de Plácido y Domingo, dos vagabundos con alma de payasos, payasos con alma de soñadores, soñadores que han sido empujados a vivir en la calle pero que mantienen su libertad para ser fieles a si mismos. Los dos quedan en el parque para hablar sobre temas trascendentales, sobre la vida, desde el prisma del humor absurdo tan característico de los payasos. La magia que desprende esta pareja es abrumadora, son dos almas gemelas que se complementan a la perfección, dos caras de la misma moneda, dos seres surrealistas que parecen tener en su locura la llave de la verdad.




Sonia Madrid habla así del texto "Plácido y Domingo, en su aparente delirio, nos llevan de la mano a través de los entresijos de la condición humana. Con el pretexto de no abandonar la infancia: Ser niños es una cosa muy seria, transitan por un universo particular del que nos hacen partícipes. Hay algo de Vladimir y Estragón en ellos. Plácido y Domingo esperan a su Godot, esperan el lunes. Son dos personajes suspendidos en una ensoñación, perdidos en su mar de emociones, sensaciones y recuerdos. Son reflexivos, filósofos, poetas, payasos... Tic tac tic ¡El tiempo mata! Nooo el miedo mata, el olvido mata, la indiferencia, la resignación, la pérdida, la envidia, la superambición... el tiempo nos regala sonidos. Debemos afinar el oído, eso es todo. Dicen cosas muy profundas, desde un prisma de inocencia, protegidos en su pureza se atreven a abordar temas complejos como la propia existencia o la muerte".



Raquel Pérez, actriz, cantante, profesora y coach, es la encargada de dirigir la historia de estos dos enigmáticos personajes y su entrañable historia de amistad, casi devoción, mutua. El montaje necesitaba un tratamiento de cada uno de los personajes muy especial, porque era muy sencillo el poder caer en tópicos, caricaturas y otros excesos que habrían dado al traste con la obra. Pero la complicidad que la directora tiene con los personajes, entiendo que viene de un minucioso trabajo con los actores, ha creado dos payasos muy singulares, que nos cautivan por sus gestos, sus palabras y sus intenciones. Dos personajes moldeados como esculturas al detalle, consiguiendo unas figuras que, llenas de matices, enamoran al espectador por su belleza y su complejidad


Brillante el "limpiar" la escena de artificios, para que todo el peso de la obra recaiga en el texto y en la maravillosa interpretación de los actores. Una puesta en escena sencilla, en la que todo el espacio de la sala se convierte en el parque en el que se reúnen los payasos. Interesante como Domingo se "adueña" de toda la sala con sus peculiares andares, con su ternura a la hora de sentarse a tocar el acordeón, o sus carreras en busca del pavo al que quiere fotografiar. Música decadente (que casi duele), un cubo de basura y un carrito en el que Plácido lleva su vida entera (o lo que queda de ella) es todo lo que necesita Raquel Pérez para montar la historia de estos seres, a mitad de camino entre la crueldad más absoluta de la realidad que nos golpea a diario en las calles y los cuentos más épicos del mismísimo Tim Burton.



La función nos presenta a estos dos mendigos que se citan cada tarde en un parque para hablar sobre la vida, sobre sus recuerdos de su época en el circo, o sus "planes para el futuro". Plácido y Domingo se convierten, nada más comenzar la función, en una pareja que se compenetra y se complementa. Son como las parejas de payasos clásicos, como Pompoff y Teddy, como Laurel y Hardy, una pareja en la que cada uno aporta su esencia incompleta para que el otro la complete, una pareja que riñen y se protegen, que ríen y discuten, pero que ambos saben que tienen en el otro a "su media naranja", por eso quedan todas las tardes, y por eso Plácido se pone nervioso cada tarde cuando Domingo se retrasa.



David González e Iván Villanueva son los encargados de dar vida a estos maravillosos personajes abandonados por el destino, que pese a los reveses de la vida siguen manteniendo intactos sus recuerdos y su esencia de payasos. Estos perdedores se nos muestran como filósofos y a la vez como locos, esta dualidad hace que bailemos entre la cordura y la locura, entre la realidad y la ficción, transitando por los lugares más variados y consiguiendo saber un poco más de ellos. En todo momento tendremos en la mente a los geniales Faemino y Cansado, por la atmósfera creada, con un humor absurdo para hablar de los temas más importantes. Son los reyes del parque, entre cartones de San Simón, mendrugos de pan y cubos de basura nos presentan sus teorías sobre la vida, sus añoranzas de los tiempos mejores y las esperanzas para el futuro.


David González está absolutamente bestial en su papel de Domingo, el payaso esquizofrénico que con su entrada en escena con sus peculiares movimientos ya se mete al público en el bolsillo. David es el pilar en torno al que se desarrolla la historia, por su carisma y por la "bendita locura" de Domingo, que durante toda la obra no deja de sorprendernos. Aparece ante nosotros con un carro en el que un cartel nos indica su enfermedad mental, pero lejos de ser un problema, es una bendición. No deja de sorprendernos durante toda la obra, por sus movimientos, sus gestos, sus muecas, sus monólogos, sus pausas...Cada uno de sus movimientos son alocados y entrañables. Es el niño malo al que todo se le permite porque sabemos que no lo hace por mal, simplemente él es así

La interpretación con la que nos deleita David es sencillamente MAGISTRAL, una lección de como hacer un personaje que lo tiene todo, sus momentos de locura absoluta se mezclan con la ternura de un niño, el amor hacia Plácido se solapa con el odio hacia el payaso que le recrimina su comportamiento, una mezcla entre Chaplin (con esa manera de andar tan peculiar), Harpo Marx (con sus gestos cercanos al clown en muchos momentos) o el mismísimo Joker en sus momentos más desatados.


En contrapunto a este personaje tan completo y volcánico, se nos muestra el personaje de Plácido, un payaso que aporta una aparente madurez, marcada por el reposo y la serenidad, el contrapunto necesario para Domingo. Iván Villanueva da vida a este infantil y contenido payaso, cargado de sabiduría, pero también de miedos y de lagunas en sus recuerdos. Con su cara blanca delata su dolor interior, que desde el primer momento nos muestra una tristeza por su situación y por todo lo perdido en el camino. Villanueva nos regala otro papel memorable, menos apabullante que el de Domingo pero igual de bien ejecutado. Su papel de payaso triste es conmovedora, nos agarra el corazón con su sola mirada, y consigue frenar la ebullición de su compañero, consiguiendo un resultado compacto y compensado.


Teatro de verdad que se nos mete en el corazón y se hace un hueco en él debido a la contundencia de lo que cuenta y la maravillosa manera en la que todo encaja. Un texto que nos habla de la vida desde la más cruda realidad de dos indigentes, pero desde el maravilloso filtro de dos payasos, que distorsionan su manera de ver las cosas hasta hacernos disfrutar como niños de todo lo que nos cuentan. Una atmósfera marcada en todo momento por el sonido y las luces (a cargo de Albino Hernández) que nos mete en un ambiente turbio y oscuro, en el que los únicos elementos de luz son estos dos perdedores que aman la vida, por mucho que ella las maltrate.

Un montaje espectacular, en el que todos los que en él participan hacen un trabajo soberbio. Una pena que este tipo de obras no se prorroguen indefinidamente, ya que sería de obligada visualización para cualquiera que ame el teatro. Espero por el bien de la cartelera que Plácido y Domingo no tarden en volver. Una maravilla dolorosa que nos deja el corazón encogido, pero satisfecho por lo vivido.

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Contratiempoymarea
Teatro: Sala Intemperie
Dirección: Calle Velarde 15
Fechas: Martes, Miércoles y Jueves a las 20:15. 
Entradas: Desde 10€ en Intemperie, atrapalo. Hasta el 7 de Junio.

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