Teatro: "Tiempo de silencio" en Teatro Abadía

Los turbios tiempos de la posguerra son siempre el escenario perfecto para que salgan a relucir los instintos más primarios del ser humano, y con ellos las argucias más infames para conseguir sobrevivir en esos momentos tan difíciles. La España franquista no fue menos, y durante los años posteriores a la Guerra Civil se vivieron en nuestro país tiempos muy difíciles, en los que la picaresca y las malas artes florecían en cada esquina, con la única excusa de la supervivencia. En esos tiempos oscuros todo vale, y las personas íntegras suelen tener aún más difícil sobrevivir en ese "campo de minas" en el que todo vale. 


Con el estreno de "Tiempo de silencio" el Teatro Abadía completa su ciclo sobre la Memoria Histórica, tras los montajes sobre Azaña y Unamuno. Esta novela del escritor y psiquiatra Luis Martín-Santos fue publicada en el año 1962 y fue, sin lugar a dudas, uno de los hitos de la literatura española del siglo XX. Esta obra consiguió narrar como pocas la España de la posguerra, consiguiendo un grotesco retrato del Madrid de la época.

El autor entró de lleno en la Historia de la Literatura con esta novela que se acerca a escritores como Faulkner, Joyce o Proust, pero manteniendo una línea muy cercana a la tradición de nuestro país, al lenguaje de Valle-Inclán, al imaginario de Goya (perfectamente plasmado en la obra) o a la tradición picaresca que tan bien nos define todavía en nuestros días. La historia explora el Madrid turbio de las posguerra y la pobreza extrema de las clases humildes.



Con esta historia lúgubre y sórdida de la época franquista, Jose Luis Gómez ha conseguido convencer al director suizo-alemán (con descendencia española) Rafael Sánchez para que hiciese su debut en nuestro país. Tras intentar llevar a cabo este montaje hace años con el director alemán Frank Castorf, proyecto que tuvo que abandonar cuando al director le encargaron "El anillo de los Nibelungos" para el festival de Bayreuth, el académico español ha elegido a este contrastado director, que actualmente está vinculado al Teatro municipal de Colonia (Schauspiel Köln) y considerado una de las figuras más relevantes de la escena alemana.


Para Sánchez, esta novela "Es un texto complejo para llevar a escena, la adaptación más complicada que he hecho hasta el momento. Pero me entusiasmó como Martín-Santos muestra la lucha de los distintos personajes por la supervivencia y cómo si al individuo le dejan solo, no es capaz de sobrevivir, cómo la sociedad abandona a aquellos que quieren cumplir sus sueños. El sistema político de entonces nunca se ocupó ni del individuo ni de la sociedad, solo se centró en la supervivencia de ese mismo sistema".



Jose Luis Gómez habla de esta pieza como "política aunque no hable de política porque había que callar. La obra habla de un tiempo en el que el silencio cayó sobre España, de hecho en Alemania se tradujo como Silencio sobre Madrid y así pensamos titular el montaje". Para Sánchez, que siempre ha querido dirigir en España, confiesa que ha tenido "mucha ilusión y vértigo" por el proyecto. "Hace años que quería dirigir en España, pero me ponía nervioso hacerlo con un tema tan complejo". Con el texto de Martín-Santos le volvieron todas aquellas historias que sus abuelos le contaban: "las visitas al campo santo, lavar la ropa en el río... Todo surgió delante de mí otra vez y me fascinó".



La historia parte a finales de los años cuarenta en el laboratorio de don Pedro, un investigador que experimenta con ratas para encontrar un tratamiento contra el cáncer, buscando su aspecto hereditario. La falta de ratas en el laboratorio (debido a la falta de presupuesto) le lleva a buscar nuevos ejemplares en los barrios más pobres de Madrid, así es conducido por su ayudante Amador hasta los barrios chabolistas de la periferia, en donde "El Muecas" (un pariente de Amador) le venderá los que necesite para continuar con su investigación.

Este contratiempo lleva a don Pedro a conocer la marginación, la soledad, la disfunción de las familias, la impotencia, el odio, las malas artes ante una vida miserable, el obligado silencio de la vida más allá de la ciudad, la miseria extrema que se vive fuera de la vida urbana, y más en el momento histórico en el que transcurre la obra. Nos muestra una sociedad acorralada en su propia agonía y miseria, en la que el individuo no es capaz de sobrevivir por si mismo. El protagonista se ve engullido por un grupo de personajes de todo tipo de pelaje, que lo único que quieren es poder tirar hacia adelante, da igual lo que tengan que hacer para ello.



Pese a que la historia transcurre en la década de los cuarenta del siglo pasado, existen ciertos elementos que prevalecen en nuestra sociedad después de medio siglo, lo que hace que sea una historia universal, que mantiene su vigencia a lo largo de los años. La visión caricaturesca que nos muestra está muy cercano a ciertos estereotipos de nuestra sociedad actual. En esta versión teatral se hace más hincapié en temas más universales, como el rol de la mujer, la violencia de género, la precaridad de la ciencia o la desesperanza de una generación que no ve nada claro su futuro


Para esta impactante obra, cargada de fuerza e intensidad, Sánchez cuenta con un elenco brillante, en el que los siete actores son a la vez narradores y personajes, que van entrando y saliendo de la historia, en un apabullante juego dramatúrgico, en el que todo funciona a la perfección. Un elenco que interpreta diferentes personajes, conducen la historia y la llenan de marginalidad y sordidez. Cuatro actores y tres actrices se desdoblan para hacer de la obra un montaje dinámico, en el que todos los actores mantienen un alto nivel. 

Sergio Adillo, Lola Casamayor, Julio Cortázar, Roberto Mori, Lidia Otón, Fernando Soto y Carmen Valverde son los encargados de trasladarnos a los sórdidos años cuarenta, a un Madrid lleno de miseria y en el que los suburbios eran el fiel reflejo de la decadencia de un país en ruinas. La obra, en su continuo vaivén entre la narración y la escena, nos marca un ritmo trepidante en el que todo se solapa, uniendo inteligentemente cada uno de los elementos de la obra.



Sergio Adillo está brillante en su papel de don Pedro, un personaje que va creciendo a lo largo de la obra. Tímido en los primeros compases, va creciendo al ritmo de la obra, para acabar destruido por el horror del mundo que le rodea. Roberto Mori es Amador, su fiel escudero (aunque siempre se deje seducir por el mejor postor). Tanto Fernando Soto como Julio Cortázar interpretan de manera inteligente varios papeles, desde "el Muecas" al policía, siempre sabiendo dotar a cada uno de personalidad y presencia.

Las tres actrices que conforman el elenco nos hacen vibrar con cada una de sus interpretaciones. Lola Casamayor con su sola presencia llena la escena, y cada una de sus intervenciones son oro puro, dejando momentos memorables. Pero no le van a la zaga las impresionantes interpretaciones de Lidia Otón y de Carmen Valverde, esta última con varios de los momentos más intensos de la obra.




Esta impactante versión ha corrido a cargo de Eberhard Petschinka (colaborador habitual de Rafael Sánchez) que ha creado el libreto a partir de su versión alemana. El montaje cuenta con la escenografía y vestuario de Ikerne Giménez, las luces de Carlos Marquirie y el espacio sonoro de Nilo Gallego. Marcado por un impactante telón que hace las veces de muro medianero y de pantalla para proyecciones, a lo largo de la obra va mutando  en pensión, laboratorio, verbena, prostíbulo o pueblo chabolista.



Una de las novelas más brillantes sobre la posguerra en nuestro país ha sido la elegida para poner el broche a una brillante temporada en el Teatro Abadía en torno a la Memoria histórica, que se cerrará con el debate "Silencios" en el que Almudena Grandes y Nicolás Sánchez Albornoz nos hablarán de todos esos silencios que marcaron aquellos años y los que se pactaron en la transición.

Un montaje apabullante sobre una de las historias más difíciles de tratar en escena. Esta propuesta destila todo aquello que nos encontramos al leer la novela, con gran mérito para una pieza en la que consigue transmitirse la sordidez de aquella época con la única escenografía de un gran muro, en el que vemos expuestos a grandes intérpretes, capaces de hacer de narradores y de personajes en una dualidad perfectamente estructurada.

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Tiempo de silencio
Teatro: Teatro Abadía
Dirección: Calle Fernández de los Ríos 42
Fechas: Martes a Sábados a las 19:30  y Domingos 18:30. 
Entradas: Desde 17€ en TeatroAbadia . Hasta el 3 de Junio.


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