Teatro: "Los Mariachis" de Pablo Remón, Los Teatros del Canal

La corrupción es desde hace mucho tiempo una de las mayores lacras que asolan nuestro país, y los políticos que se lucran con ello los personajes probablemente más estrafalarios de nuestra sociedad. Cuando uno de estos especímenes vuelve a su pueblo se reencuentra con una realidad de la que él ha huido hace tiempo, y de la que es uno de los principales culpables. De golpe se encuentra cara a cara con esa gente que sufre todas las maniobras indecentes que él y sus amigotes han hecho para enriquecerse a costa del resto de los mortales


El mariachi, además de un símbolo de la música mexicana, es un término que se utiliza en economía para denominar a cada uno de los testaferros que se utilizan para crear una SICAV (sociedad de inversión de capital variable), una vía de inversión colectiva con la que se puede tributar menos. Para esta maniobra financiera, el evasor necesita a 99 mariachis para crear una de estas entidades "fantasmas". Pero para darle un giro más al significado de la palabra (al menos para el protagonista de la obra), es también el nombre de la peña que durante su infancia tenía el político en su pueblo con sus primos.



Pablo Remón se ha convertido, por méritos propios, en uno de esos autores que despiertan gran expectación con cada nuevo proyecto que estrenan. Con el reciente éxito clamoroso que obtuvo hace apenas un mes con su anterior montaje, "El Tratamiento" en el Pavón Teatro Kamikaze (al que volverá este mismo verano), esperábamos con mucha expectación la nueva peripecia que nos presenta este autor, en continua ebullición.

Remón y su compañía La Abducción vuelven a los Teatros del Canal, donde estrenaron la increíble "40 años de paz", una obra que causó furor y puso al autor en el centro de todas las miradas, por su forma de ver el teatro, creando unos montajes modernos, centrados en el texto y en el trabajo de los actores, de los que sabe sacar lo máximo en cada momento. Creada en 2012, la compañía ha creado algunas de las piezas más interesantes de los últimos tiempos, con joyas como "La abducción de Luis Guzmán" (nominada a mejor autoría revelación a los Max del 2016) o "Bárbados, etcétera" (4 nominaciones a los Max 2018).



Este nuevo montaje de Remón es una divertida road movie por la "España vacía" en la que seguimos viendo la asombrosa facilidad del autor para contar historias y para crear personajes de lo más esperpénticos, que harían las delicias del mismísimo Berlanga. En esta nueva aventura, siguen latentes muchas de las bases sobre las que estructura sus textos, con fuerte inspiración en el teatro anglosajón y con mucha influencia cinematográfica, tanto en la manera de narrar como en la estructura de las historias y la forma que toman a lo largo del montaje. La abducción habla de "una mezcla imposible entre Harold Pinter y Buñuel, o entre Martin Crimp y Rafael Azcona" y es cierto que este montaje tiene un poco de cada uno de ellos.

"los Mariachis" es una tragicomedia en la que se junta lo casposo con lo esperpéntico, lo surrealista con lo tradicional. En una historia que se montando y soldando a base de flashbacks que nos van contando como ha sido la vida de este peculiar político, que no deja de ser un chico de pueblo al que l pudo la avaricia. La obra se cimienta en una potente historia, una comedia negra sobre la burbuja inmobiliaria que tanto daño hizo a tanta gente, con la corrupción política como telón de fondo y como razón principal (o al menos una de ellas) de todo lo que pasó durante los años del pelotazo.



Y para esta comedia tan surrealista como cercana a la realidad que nos rodea, el director cuenta con sus dos colaboradores más habituales, Francisco Reyes y Emilio Tomé ( a los que ya les vimos en "El Tratamiento", "La abducción de Luis Guzman" y "40 años de paz"), a los que se les unen dos de los mejores actores del panorama nacional, los impresionantes Israel Elejalde y Luis Bermejo. Los cuatro se entienden a la perfección y crean unos personajes sorprendentes, por extravagantes y singulares. La historia, inspirada en el caso de Miguel Blesa, es una fábula de nuestra actualidad más aberrante. "Los mariachis" es un camino sin retorno, una vuelta a los orígenes, una peregrinación de un hombre en busca de su propia identidad. La meseta como espacio físico y mental. 




Israel Elejalde vuelve a dejarnos una interpretación memorable, con una composición del personaje de Germán (el político corrupto) muy cercano al Blesa más hilarante y esperpéntico. Una mezcla de angustia y desesperación marca las pautas de un personaje marcado por la búsqueda, pero a la vez por la huida. Esta doble lectura del personaje, hace que Elejalde construya una de sus mejores ceaciones de los últimos tiempos, en la que baila entre la comedia más absurda y la desesperanza más exagerada. Un personaje de lo más caricaturesco, con su traje polvoriento y su gorra de Goofy, símbolo de una España decadente y manchada por todas las artimañas casposas que han hecho durante años, pero que mantiene la inocencia y la alegría de la España más cañí. 

Estamos acostumbrados a ver a Elejalde en todo tipo de personajes, desde el atormentado de "Misántropo" al "Hamlet" más despiadado, pasando por la tenacidad de "Tebas Land" o la desesperación de "Refugio" (un personaje cercano en esencia al que ahora interpreta, pero enfocado desde otra perspectiva), por hablar sólo de los más actuales, pero no se prodiga tanto en comedia, lo que es una razón más para admirar este "nuevo" registro del genial actor.



Además del trabajo descomunal de Elejalde, hay que destacar que "sus tres primos" también nos dejan interpretaciones memorables, con estilos muy diferentes. Tres personajes que se encuentran anclados en el pueblo, con sus miedos y sus rarezas, pero que siguen fieles a las tradiciones que tantas alegrías les dieron en otra época. Luis Bermejo es Santos, un tipo anclado en la adolescencia que sigue obsesionado con sacar a los cabezudos cada año en las fiestas (aunque ya a nadie le interese). Emilio Tomé vive ahogado por un negocio ruinoso (una granja de avestruces) que debe sacar adelante como sea. Por último, Francisco Reyes es el familiar raruno que todos tenemos. En este caso es un dj que se dedica a intentar los problemas de la gente mientras no puede solucionar los suyos.

Luis Bermejo, que nos encandiló con su "El minuto del payaso" y pudimos ver en la maravillosa "Vania (escenas de la vida)" (también en los teatros del Canal), nos presenta ahora un personaje enamorado de las fiestas del pueblo, que mantiene la inocencia que le lleva a seguir fiel a las tradiciones en las que ya sólo él cree. La inocencia que destila su personaje nos recuerda a su entrañable clown, que en este caso se dedica a defender su pueblo y sus fiestas como algo singular y maravilloso (¿no lo hemos hecho todos en algún momento?). Su escena con Elejalde en la cafetería es simplemente genial, puro surrealismo que firmaría el mismísimo José Luis Cuerda



Emilio Tomé nos regala a un individuo abatido, al que acaba de abandonar su mujer para irse a la ciudad con su hija, mientras ve como se va hundiendo su singular negocio. Es un hombre desdichado, se siente vapuleado y perdido, sin ningún objetivo en la vida. Un individuo que hace de su desgracia virtud, creando un personaje deprimido y hundido que nos da momentos muy brillantes desde "el hoyo" en el que se encuentra. Sus discusiones con Bermejo por demostrar quien sabe más sobre el pueblo son un caramelo. Pero sin duda su escena más brillante es en la que interpreta al hijo de Elejalde, sacando a la luz la esencia del político y en cierto modo de toda la obra.

El primo raruno, interpretado por Francisco Reyes, es un personaje de lo más peculiar, con un humor que sólo él entiende y con el que ninguno de sus familiares siente tener nada en común. Metido en su propio mundo, todos le miran como a un bicho raro, pese a que él intenta agradar, dando consejos a todos. Ya con su sola presencia, con una pose de estar en otro mundo, a mitad de camino entre el chulo del barrio y el friki, nos muestra a este experto en música techno que quiere solucionar problemas (al más puro estilo del mítico señor Lobo, pero con peores resultados), pero sus consejos no sirven para nada.



Un pueblo despoblado en mitad de la meseta en el que las tradiciones siguen fuertemente arraigadas al lugar, un espacio anclado en el tiempo en el que se unen por diversas circunstancias aquellos desposados de sus bienes por la crisis con aquellos que la provocaron. Este "oasis" separado del mundo sirve de refugio a este peculiar político corrupto, al que se le aparece San Pascual Bailón, patrón del pueblo, para pedirle que lo saque en procesión. Estos son los pilares sobre los que Remón crea esta divertida comedia en el que se nos muestra lo más casposo y rancio de nuestro país desde un prisma caricaturesco.



Como ya ocurriera con su trabajo anterior, la escenografía juega un papel fundamental en sus montajes, creando unas atmósferas singulares y muy cinematográficas. Unos decorados aparentemente fijos, que se van desdoblando en pequeños lugares que adquieren sentido por si mismos (la casa materna a la que regresa Guzmán, la mesa de un VIPS, el esbozo de un coche...). Este espacio generador de tantos lugares particulares es creado por María Boromello (escenografía) y Marta Martín-Sanz (ayudante de escenografía), perfectamente complementadas por el trabajo de David Picazo en la iluminación. Hay que destacar también la atmósfera sonora creada por Sandra Vicente (Studio 340), el vestuario a cargo de Ana López, secundada por Christiana Ioannidou, y la ambientación de María Calderón.




La obra en su conjunto es una maravilla en la que todo nos sorprende, desde el propio espacio escénico hasta el desarrollo de la historia. Como ya nos ocurrió con su pasado trabajo, este viaje nos lleva a lugares comunes de los que podemos reírnos al ver lo ridículos que somos, a nivel individual y como sociedad. Ha quedado claro que Remón ha creado una manera muy personal de hacer teatro, centrada en un texto brillante en el que los personajes son lo principal, creando auténticas joyas de cada uno de ellos. En este caso, como ya ocurría también en "El tratamiento" sólo el personaje principal (en este caso Elejalde) no duplica personaje, pero la necesidad se convierte en virtud sacando verdaderas maravillas de esos personajes secundarios que van apareciendo brevemente.

Pero más allá de su interesante propuesta formal, vemos que el autor trata de forma directa y contundente el problema de la burbuja inmobiliaria y la corrupción, dando muchas claves de lo que ha sido la España que nos ha guiado durante los últimos años. Como resumen, se puede decir que estamos ante una radiografía de lo que es la España más esperpéntica y casposa, una visión global de lo que somos tamizado por un filtro de comedia por el que no nos duele tanto reírnos de nosotros mismos.
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Los Mariachis
Teatro: Teatros del Canal
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1
Fechas: Martes a Sábados a las 19:00  y Domingos 18:00. 
Entradas: Desde 8€ en teatroscanal . Hasta el 27 de Mayo.


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