Teatro: "Ilusiones" de Miguel del Arco, en el Pavón Teatro Kamikaze

El amor incondicional de dos parejas que han vivido juntos toda la vida nos muestra la belleza del amor correspondido, pero también los pequeños peajes que hay que pagar, las pequeñas secuelas que va dejando una relación de más de cincuenta años. Estas dos parejas mirarán atrás para recapitular lo que han sido estas décadas juntos, con sus momentos dulces y sus sin sabores, pero sobre todo mostrando lo bonito que es amar, sentir que estás con la persona que quieres, hacer balance de una vida juntos con la sensación de que no pudo ser mejor.


Las historias entrelazadas de estas dos parejas nos llevan a recorrer sus vidas casi a modo documental, para ir descubriendo poco a poco que les unió, pero también las pasiones, los miedos, las penas, las lealtades, las traiciones,... y la muerte. Un recorrido a lo largo de cuatro vidas unidas desde hace más de medio siglo, que intentan, juntos o por separado, encontrar su lugar en el mundo.

¿Cómo ser perdurable en un mundo en el que lo único constante es el cambio? Esta es la pregunta que castiga y persigue a los cuatro personajes de la obra. Dani, Sandra, Margarita y Alberto son un grupo unido por algo más que su profunda amistad y admiración mutua, les une una vida marcada por la continua búsqueda del amor, la felicidad... y la verdad sobre la vida. La obra comienza con la muerte de Dani y termina con la de Sandra, Margarita y Alberto, pero entre medias conoceremos la dilatada vida de cuatro personas que han vivido enamorados hasta su muerte, pasados los ochenta.



¡¡¡¡ Lo han vuelto a hacer !!!! El Pavón Teatro Kamikaze vuelve a sorprendernos con una pequeña joya fuera del teatro convencional, pero que nos deja emocionados, que nos hace salir del teatro con la sensación de haber vivido algo especial. Una historia dramática y dulce a partes iguales, que nos hace disfrutar de cada momento por la destreza del propio montaje, de unos personajes que se confunden con los actores, con unos actores que entran y salen de cada uno de los personajes con una soltura asombrosa, que nos muestran las entrañas de estos cuatro enamorados, en su búsqueda continua por encontrar su lugar en el mundo





Un cuento narrado por varias voces, que nos seduce desde el primer momento para llevarnos de la mano por una maravillosa historia cargada de ternura, pero con una acidez que nos irá sorprendiendo con cada paso que den nuestros narradores, con cada nueva anécdota que nos cuenten sobre las vidas de nuestros protagonistas. Una comedia existencialista, en la que se tiran por tierra todas las normas y patrones del teatro para crear de la nada y sobre sus propias ruinas (maravillosa escenografía aparentemente caótica pero llena de simbolismo) una nueva manera de contar la historia, creando un pequeño collage con las anécdotas que van entrelazándose en escena.

"Estos narradores atrapan sus historias como si fueran ecos de vidas pasadas que resuenan en el mismo espacio, pero que nada tienen que ver con ellos. Ecos rescatados del olvido a través de la narración. Como si el dolor, las emociones, las inseguridades, las tribulaciones de estos cuatro personajes no pudieran hacer mella en quien tiene encomendado narrar sus vidas" explica el director Miguel del Arco. "Exponen fragmentos de sus existencias tan profesionalmente como lo harían un aséptico equipo forense, pero no con el mandato de mostrar un cadáver, sino de crear la ilusión de la vida".



El dramaturgo ruso Ivan Viripaev, una de las principales figuras movimiento "Nueva Drama", nos presenta un texto brillante, un divertido juego de matrioskas, en el que cada relato nos abre la puerta del siguiente. Un ingenioso modo narrativo, en el que los personajes van cambiando continuamente entre los cuatro actores, al margen de género y edad, para ir mostrándonos los distintos relatos que conforman el puzzle de las vidas de estas dos parejas.

Viripaev, que "debuta" en nuestro país de la mano de Miguel del Arco, nos plantea un viaje alrededor de parajes inhóspitos, cargados de simbolismo y con un punto de surrealismo que nos traslada hasta un desierto en Australia o bailar al ritmo que nos marcan los narradores. Una disección sobre el verdadero amor, que se muestra por momentos oscura, pero por momentos con una alegría deslumbrante, un optimismo que nos hace reír, casi volar, pese a los altibajos en las vidas de los personajes.



Miguel del Arco renuncia a su idea de no dirigir este año, porque "el texto de Viripaev me atropelló. Es una narración, lo que en un principio parece lo contrario a lo que demanda el teatro. Pero todos los axiomas del teatro tanto teóricos como de propios dramaturgos están para ser destruidos, porque para mí lo único imprescindible en el teatro son los actores. La narración en el teatro forma parte del teatro desde sus orígenes. Lo que hay que hacer es que esa narración sea palabra encarnada. Eso está en Shakespeare o en nuestro siglo de Oro. La palabra tiene que volar y en el teatro todo vale si se establece entre los actores y el espectador un principio de verosimilitud con el que podamos jugar. Ilusiones es una función en la que la cuarta pared cae fulminada desde el inicio". 

La obra es un torbellino en si mismo, cuatro historias que se enredan y se aceleran para ir construyendo un todo contundente e impactante, en el que iremos encontrando momentos en los que nos veamos reflejados, un espejo en el que poder acercarnos aún más a nosotros mismos y a los protagonistas. Una interesante mezcla en la que se rompen todos los patrones, todo se difumina, hasta que somos incapaces de identificar a cada uno de los personajes con los actores.



Este es un trabajo minucioso, casi de orfebrería teatral, en el que está cuidado hasta el mínimo detalle. Según del Arco "vamos disparando al público con pequeñas cuestiones para que quiera más y más, y convertirnos así en yonkis de las historias que nos van contando", cuatro historias que existen desde el punto de vista de sus narradores, sólo existen desde la narración que se haga de ellas, "existimos porque nos contamos. Es, de algún modo, una gran celebración de la vida" asegura el director.

Este montaje tan singular obliga al espectador a una atención y participación especial, teniendo que estar pendientes en todo momento para ver como se van solapando las distintas historias, como cada personaje aparece y desaparece en la piel de actores distintos en cada ocasión. El director ha buscado para este reto a "Cuatro actores atletas, porque esta función es dura en lo emocional y en lo físico".



Estos "cuatro atletas" se dejan la piel en su ir y venir entre los distintos personajes y su papel de narrador. Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda se mueven por el escenario al unísono en todo momento, como si de una gran coreografía se tratase. Mientras que en sus papeles de narradores todos mantienen la misma actitud, el mismo personaje, es impactante ver la variedad de registros que nos muestran al meterse en la piel de los protagonistas de la historia. La dulzura inicial de Etura nos lleva a una ensoñación en la que todo es idílico, la socarronería y desparpajo de Grao nos hace dudar de todo lo dicho y ver el lado divertido de la vida, la inocencia de Jato nos devuelve a nuestra niñez, en la que todo es noble y natural, la energía desbordante de Ronda nos obliga a luchar, a seguir para adelante con fuerza para afrontarlo todo. 



Viripaev no quiere que sean los protagonistas de la historia los encargados de contarla, por eso nos presenta a cuatro narradores de los que no sabemos nada. Nos van mostrando sus relatos, directamente al público de forma muy peculiar, interactuando con el público a la vez que lo hacen con sus compañeros. Saltan de la primera a la tercera persona, en un juego en el que nunca tenemos claro si ellos son los protagonistas o sólo los narradores de la historia, casi a modo de medium que nos cuenta lo que cada uno de los personajes sentía en los momentos que se cuentan.

"Hola que tal", así comienza la obra Marta Etura (mujer 1) tras un viaje circular en un extraño tiovivo, "quiero contarles la historia de un matrimonio, Eran dos seres humanos extraordinarios. Vivieron juntos cincuenta y dos años. ¡Cincuenta y dos años! Siempre juntos....". Una declaración de intenciones abrumadora de lo que nos van a mostrar, un relato sobrecogedor y divertido a partes iguales, en una extraña coctelera con diálogos y monólogos que se entrecruzan, con saltos continuos en el tiempo que nos hacen vivir distintas realidades. Palabras que se mezclan con el tiempo, narraciones que se van solapando, interrumpiéndose unos a otros, sin un orden aparente, en el que todo está colocado en su lugar exacto.



Toda esta mezcla de universos y realidades la plantea del Arco en un espacio escénico maravilloso, una especie de teatro abandonado en el que hay todo tipo de elementos utilizados para diversas obras. La escenografía diseñada por Eduardo Moreno es un atiborrado espacio lleno de elementos que han sido utilizados en distintas obras de la compañía Kamikaze (inolvidables las plumas de "La clausura del amor"). Un escenario muy barroco, en el que caben todo tipo de elementos...y algunos que van apareciendo a lo largo de la historia que no se ven de inicio. A esto hay que sumar la iluminación, a cargo de Juanjo Llorens, imponente que crea espacios muy diversos según el tono de la escena, un vestuario sencillo, de Sandra Espinosa, que pasa del esmoquin al chandal, y una música, de Arnau Vilá, que nos hace volar por momentos. Todo para conseguir "una función hecha de fragmentos. Jugamos al teatro, al teatro como contenedor de todas las historias posibles. De este juego surge esta scenografía" comenta el director. 



El resultado es una obra redonda, con toques de humor y de tristeza, con momentos de pasión, de dolor, un recorrido vital que pese a lo desconcertante del planteamiento inicial se hace muy entretenido, quedamos prendados desde el primer momento por la historia, con el monólogo inicial de Etura en el que nos muestra a las claras lo que es el amor y lo que ha sido la vida de estos cuatro enamorados. Pese a los temas tan trascendentales que trata (el destino, el más allá, quienes somos, el amor, si hay algo que permanezca tras nuestra muerte...), el autor los trata con una asombrosa sencillez, pasando a ser temas banales y haciendo un alegato de la felicidad, del ser humano como una ilusión, como un recorrido lleno de momentos que merecen la pena.
Ciertos toques de surrealismo ayudan a destensar la historia en determinados momentos. Hay momentos brillantes como el viaje por el desierto, el viaje al fumar un porro o el momentazo musical en el que todo se desmelena con el tema "Proud Mary" de Tina Turner, en el que se mezcla con una samba para hacer un apoteósico número, previo al desenlace no tan festivo de la obra. Una obra en la que todo es posible, una metáfora de la propia vida, en la que hay momentos duros mezclados con momentos de lo más festivo.
Por último debo hacer un nuevo apunte sobre el maravilloso elenco, en el que cuatro pedazo de actores nos llevan de la mano a lo largo de los cincuenta años de estas dos parejas, dejándose el alma en cada escena, pasando de la risa al llanto, de la esperanza a la pena, del personaje al narrador, sin que nada quede impostado. Una maravilla todos como elenco y cada uno de ellos a título personal, con interpretaciones realmente sobrecogedoras por momentos y muy surrealistas en otros. Una maravilla que nadie debería dejar de ver, una bonita manera de valorar lo que se tiene y salir del teatro con más ganas....


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El Tratamiento
Teatro: Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Martes a Sábados a las 20:30  y Domingos 19:00. 
Entradas: Desde 19€ en TeatroKamikaze . Hasta el 13 de Mayo.


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