Teatro: "Capullos que vuelan" en el Teatro Lara

Decía Robert Inglehart "los grupos de edad más jóvenes ponen menos énfasis que los más viejos en la sguridad física y económica, y que, al revés, los grupos de edad más jóvenes tienen una tendencia para dar prioridad a necesidades no materiales, como el sentido de comunidad y la calidad de la vida".





La generación Y, más conocida como Millenial, son personas que se adaptan fácil y rápidamente a los cambios, pasaron de usar DVD al Blu-Ray, y navegan con soltura en los sistemas streaming. Usaron el teléfono fijo para comunicarse con sus amigos y toda clase de teléfonos móviles, hasta llegar a los llamados teléfonos inteligentes. Pasaron de usar disquetes para almacenar su información, pasando por el CD, y usar USB hasta el almacenamiento en la nube. Estos cambios ocurrieron en menos de veinte años, y ellos aprendieron a adaptarse.



Una generación que pasaba de los valores materialistas, a lo que Inglehart llamó "valores postmaterialistas", tomando fuerza la hiperconexión, la necesidad de auto expresarse, la realidad financiera, el interés por la salud, la inmediatez y la búsqueda de nuevas experiencias.

La adaptación a los cambios, la flexibilidad, la disponibilidad para viajar. Pronto lo aprendió el mercado laboral, y es aquí donde "Capullos que vuelan" se torna en una comedia con un mensaje sobre nuestro tiempo.





Luis Mosquera, en la dramaturgia y dirección, nos presenta un texto al más puro estilo comedia de situación, pero veremos que tiene un trasfondo más amplio, nos muestra la realidad que muchos jóvenes están viviendo, un presente que, si bien parece bastante triste, se consigue conjugar con valores de amistad y camaradería, que hacen que la difícil rutina y el llegar a fin de mes, no sea tan traumático.  Ha decidido hacerlo del modo que más puede llegar al público, y con el que más podemos sentirnos identificados, desde el mejor y más respetuoso humor. Ya que si los problemas de actualidad son una constante, no tiene porque serlo menos la risa. Esa simbiosis hace esta, una obra elegante y ética, en la que no pararemos de reír a lo largo de toda la función.



Pau es uno de esos jóvenes que tuvo que emigrar para intentar cumplir su sueño, pero decide volver a casa. Quiere luchar por lo que realmente quiere, y pretende convencer a sus tres compañeros de piso para que se sumen. Intenta que todos dejen sus trabajos alimenticios, para hacer lo que realmente sueñan. Pero no todos están por la labor, un informático, una influencer pluriempleada y una animadora de fiestas infantiles. En definitiva, Iñaki, Tere y Rut, tres jóvenes amigos de Pau, que en principio deciden no seguir los sueños del poeta.  




A los cuatro les une algo importante, son jóvenes que han olvidado lo que son capaces de hacer. La amistad, la camaradería, la tolerancia, el compañerismo, valores que se dicen hoy en día perdidos, toman en esta función su máxima expresión porque, efectivamente, siguen indudablemente existiendo.

Alguna mentira por parte de Pau y el hecho de que logre convencerlos para que dejen sus trabajos, generarán tramas de lo más interesantes. Para esta representación, Mosquera dirige y se acompaña de un elenco que parece haber sabido entender a la perfección lo que sentía el dramaturgo, un reparto de excepción con una energía colaborativa en escena que nos mantendrá expectantes toda la función.



Enrique Cervantes nos presenta a Pau, el hombre que insta al resto y a si mismo a luchar por sus sueños, a trabajar y ganarse la vida con algo que realmente les guste. Pau contó más de una mentira sobre su presente, como hacían aquellos que emigraban en la posguerra española y contaban lo bien que les iba en los países de destino, para que aquí no se preocupasen. Siendo exilios diferentes, nos permite reflexionar al menos, sobre la nueva disponibilidad de viajar de los jóvenes cuando, como Pau, limpian platos y mienten a los que se quedaron aquí. A su vuelta, conocerá a Iñaki, interpretado por Iker Azkoitia, nos presenta a un hombre tan inocente como inteligente, bueno, y confiado, amigo de sus amigos, que conseguirá despertar entre el público todas las simpatías desde el minuto uno, y que sabiendo las mentiras de Pau, sabrá entenderle y acompañarle.




Rut, interpretada por María Part, es uno de los componentes centrales, ya que será nexo de unión entre el resto de personajes, y siendo el personaje borde y arisco será el que más guiños y momentos de complicidad tenga con el público. A lo largo de la función veremos varias características del personaje que la harán ir creciendo, desde los momentos más ariscos a los más comprensivos, sin que notemos giros forzados. De su mano siempre estará su hermana Tere, a la que da vida Cristina García, una mujer soñadora y sin la mesura de Rut, y aunque más frívola, si bien con los mismos problemas vitales. 




Con la escenografía casi nos trasladamos al salón de cualquier amigo, a nuestra propia casa y a espacios y situaciones comunes de la mano de Marga & Marja, Matyssa Santos es la encargada de la luz y el sonido, y Jens de Fries como ayudante de dirección, hacen de esta una obra redonda que sin duda les recomendamos que disfruten. Una dosis de realidad cargada de muchas risas.




Una comedia actual, que nos toca de forma directa o indirecta y que nos plantea las arenas movedizas en las que nos movemos en la actualidad. El planteamiento de estos cuatro jóvenes a la deriva podría extrapolarse a muchos estratos de la sociedad, sin un  rumbo definido y teniendo que agarrarse a lo que encuentren. Una realidad tratada con humor, para hacer menos duro ese choque frontal con la realidad que nos ahoga.
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Capullos que vuelan
Teatro: Teatro Lara
Dirección: Calle Corredera Baja de San Pablo 15
Fechas: Martes a las 20:15. 
Entradas: Desde 12€ en teatrolaraatrapalo . Hasta el 22 de Mayo.

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