Teatro: "Beatrice" en el Teatro Galileo

Los matrimonios por conveniencia, algo muy común en otra época que ahora podemos ver como inviable. Dos personas que no se conocen son obligadas a contraer matrimonio por el simple hecho de que le viene bien a sus respectivas familias. Lo que hasta hace relativamente poco tiempo se nos muestra ahora en toda su crudeza, mostrándonos la incertidumbre de los dos futuros cónyuges por la decisión que por ellos se ha tomado. Ambos sostienen la idea de que quieren conocer a su prometido antes del enlace, algo que su entorno más próximo no ve "necesario".




La compañía Venezia Teatro vuelve a "La hostería de la Posta", el texto con el que debutaron en el Fernán-Gómez allá por el 2012, volviendo al texto que Carlo Goldoni escribió en el siglo XVIII y mostrándonos una visión muy actual del texto, centrado en la figura de la mujer como centro de la historia, capaz de cambiar su destino al ser consciente de lo que desea, en contra de lo que se le había impuesto. Como ya ocurrió con sus versiones de "Tartufo" y "Casa de muñecas", la compañía se apoya en textos clásicos para actualizarlos, para mostrarnos como hay temas que permanecen enquistados en nuestra propia naturaleza. 

La joven compañía, de sólo seis años de trayectoria,  ha sabido desde sus inicios marcar una línea de trabajo muy reconocible. Tras seis montajes, vuelven a la "Hostería", esta vez bajo el nombre de "Beatrice" (clara alusión de las intenciones de este nuevo montaje), para seguir fieles a la revisión de los clásicos desde un prisma absolutamente actual, incluso transgresor para nuestros días (por muy increíble que nos parezca, seguimos anclados en el XVIII en muchas cosas). El reconocido director José Gómez-Friha (habitual de la compañía) es el encargado tanto de la dramaturgia como de la dirección de este interesante texto que pone el foco en la figura de la mujer, en sus derechos y su capacidad para decidir por si misma, para ser dueña de su destino.



La trama nos presenta a una mujer, la condesa Beatrice (hija del Conde de Ripalunga), que llega a la Hostería de la Posta de camino a Milán, a donde viaja con su padre para contraer matrimonio con un hombre al que no ha visto en su vida. Pero la parada lo cambiará todo, ya que su futuro esposo, el Marqués Leonardo, se encuentra en ese mismo lugar. Un encuentro inesperado entre ambos lo precipita todo, ya que el Marqués no revela su identidad hasta que todo ha saltado por los aires, un delirante enredo que le lleva a un callejón sin salida, del que no puede, ni quiere, escapar sin descubrir la verdad.

Tras varios momentos de enredo e incertidumbre, Beatrice consigue que su padre se de cuenta de que debe decidir por si misma sobre los temas que le conciernen sólo a ella y a su propia vida. Debe ser ella y no su padre la que decida con quien quiere casarse (o incluso si quiere hacerlo o no). El padre llega a tomar conciencia de lo que le dice su hija, aunque en ningún momento tenemos claro si es por apoyar a su hija o por que es lo que más le conviene... Beatrice lucha durante toda la obra por sus derechos como mujer (y como ser humano) para poder elegir por si misma sobre su destino y su felicidad.



Con un interesante juego escénico, en el que los actores permanecen en escena todo el tiempo, aunque no participen de ella, el elenco nos propone una divertida comedia de enredo con una concepción mucho más contemporánea que su original. "Beatrice" se nos presenta de manera sencilla, con una estructura clara y con una ingeniosa escenografía, que ayuda a centrar la atención en la historia, de ritmo desenfrenado y ágil. Una interesante propuesta que se nos muestra como una obra de teatro clásico, formalmente cercana a la obra original, pero que guarda en su interior una esencia mucho más contemporánea, planteando temas que dibuja levemente la obra de Goldoni y que aquí se convierten en los temas principales de la obra, dando un contenido ético y social a una comedia aparentemente "simple" en su argumento.




La obra destaca por el descomunal elenco, formado por actores que nos hacen reír y sentir, con unas interpretaciones fabulosas. Con mayor o menor protagonismo, todos destacan por su elegancia y maestría a la hora de hacer frente a este complicado montaje, en el que la mayoría permanecen mucho tiempo congelados, sin participar de la escena. La pareja protagonista es realmente adorable y maravillosa, con sus miedos a casarse con una persona que no conocen, plagados de ternura y de inseguridades, pero a la vez llenos de ideales que les llevan a mantenerse firmes en sus convicciones.

Marta Matute en el papel de Beatrice está incontestable. Cada uno de sus movimientos y discursos son perfectos, medidos al milímetro para dar en cada momento todo lo que la condesa siente, desde la angustia inicial por su viaje a Milán a la alegría por conocer personalmente a su futuro marido, Matute nos va mostrando todas las mutaciones que sufre la condesa, todas sus angustias y sus miedos. Pero si algo cabe destacar, tanto como propuesta del director como de interpretación de la actriz, son esos dos momentos claves en que la actriz se aproxima al público con ganas de contarnos algo, de sincerarse, y se queda callada durante unos largos segundos... maravilloso y visualmente impactante.

Rubén de Eguía es el dulce y encantador Marqués Leonardo, que nos hace partícipes de su engaño a la condesa, en busca de conocer sus verdaderas intenciones con el viaje a Milán. El personaje de Leonardo viene marcado por una incertidumbre que le tiene angustiado, y que marca el comienzo de la obra. Su carácter noble, aunque desconfiado, le hace cometer algunos engaños para conocer mejor lo que para él es una verdad a medias. La interpretación de Rubén de Eguía es soberbia, con grandes momentos cómicos siempre desde una comedida interpretación, que hace más verosímil su personaje.



Junto a la pareja de desconocidos pretendientes tenemos unos actores que consiguen no desmerecer a los protagonistas. Juanma Navas, en el papel de Conde Ripalunga, está elegante, sereno y con un poderío que impone su saber estar en todo momento. El personaje se mueve entre el amor a su hija y sus intereses personales, sin que sepamos en ningún momento a cuales da prioridad. Una actuación marcada por el sarcasmo que el Conde su relación con los distintos personajes, intentando marcar en todo momento su nivel superior con respecto a ellos. Uno de los momentos más brillantes de este personaje (y del conjunto de la obra) es la conversación con el Barón Talismani (interpretado por David Alonso), en el que va moldeando al pretendiente de su hija a su antojo.

Alonso, aunque en un pequeño papel, nos demuestra sus dotes humorísticas, en un Barón enamorado y bobalicón, que desprende la malicia de un niño, peleado con el mundo y al que nadie toma en serio. Una divertida interpretación con momentos realmente geniales, con una serie de contestaciones que rayan el absurdo. El personaje antagónico a este Barón Talismani es el Teniente Malpresti (interpretado por Pablo Sevilla), amigo personal del Marqués Leonardo, mujeriego y fanfarrón, se centra en defender a capa y espada al Marqués. Sevilla está soberbio, con un personaje cargado de bravuconería pero con una lealtad absoluta por su amigo.

Por último, el papel del posadero, invitado de piedra a todo este enredo, es interpretado de forma muy divertida por Andrés Requejo García, que consigue atraer hacia si la escena en todo momento. El comienzo de la obra es un alarde de interpretación gestual, casi mimíca, con un dominio absoluto del espacio, en una escena de lo más interesante, por su sencillez y belleza.



El elenco lo completa Álvaro Llorente, que nos da la bienvenida con su violonchelo mucho antes de comenzar la obra. Desde el primer momento crea un ambiente que nos transporte a lugares poéticos, lejos de lo que podamos encontrar fuera de ese, en principio, aséptico espacio. Durante toda la obra nos acompañará marcando el ritmo, siendo una especie de narrador con sus distintas melodías. Se convierte, a lo largo de la narración, en el complemento perfecto al sentir de los personajes, sobre todo en los momentos más íntimos de Beatrice.

La interesante escenografía (diseñada por Gómez-Friha) es sencilla y a la vez impactante. Un espacio rectangular delimitado en el suelo, con dos puertas remarcadas con luz, sencillo pero muy contundente. Todos los personajes se encuentran tras ese espacio que delimita la hostería, sentados en sillas y quietos como estatuas. La iluminación, diseñada por Javier Bernat, es sobria, marcando en todo momento únicamente el lugar donde se desenvuelve la escena. Por último, hay que destacar el único elemento "grandilocuente" del montaje: el vestuario (obra de Gómez-Friha). Maravilloso y elegante, es lo único que nos traslada a la época en la que se desarrolla la historia.



La obra, que va cogiendo fuerza según se va desarrollando, llega al momento final en un estado de ebullición increíble, en el que Beatrice dará un último giro a la historia, en uno de los finales más impactantes que he visto en mucho tiempo. Sobrio y elegante como el resto del montaje, la escena final es un alegato a la figura de la mujer en el que cada segundo es un golpe en el mentón de sociedad de la época, pero también de la actual, sobre todo por el desencadenante que lleva a Beatrice al cambiar radicalmente de postura. Una maravilla que da aún más contundencia a todo lo visto anteriormente, pero sobre todo al personaje de la condesa, a sus silencios interminables, a sus dudas, a sus miedos, a su necesidad imperiosa por empoderarse de su vida.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

Beatrice
Teatro: Teatro Galileo
Dirección: Calle Galileo
Fechas: Jueves, Viernes y Sábados a las 20:00, Domingos 19:00. 
Entradas: Desde 15€ en gruposmedia, atrapalo. Hasta el 27 de Mayo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

BUTACA DE PRIMERA EN INSTAGRAM