Teatro: "En la Fundación" en Conde Duque


La angustia de vivir encerrado, en un lugar misterioso en el que todo parece absolutamente controlado para que nada se salga de lo establecido. Un lugar lúgubre y tenebroso en el que nadie quiere estar, la convivencia se hace insoportable, las personas se ven abocadas a sus propios límites, sin saber muy bien como reaccionará cada uno ante un entorno tan sumamente hóstil. La angustia y la tensión se palpan en el ambiente, una atmósfera cargada por la incertidumbre de no entender donde estamos ni para qué nos han traído a este lugar.




La Joven Compañía lo ha vuelto a hacer. En esta versión libre del la novela de Antonio Buero Vallejo vuelve a sumergirnos en un universo de angustias y misterios que se van descubriendo poco a poco, manteniendo la incertidumbre durante toda la obra. Después de sorprendernos con montajes centrados en la denuncia social , como sus maravillosos "La edad de la ira" y "Playoff", regresan a su visión tan particular de los clásicos de la literatura. Después de habernos sacudido con "Fuenteovejuna", "La isla del tesoro", "Iliada/Odisea" o "El señor de las moscas", esta vez nos encerrarán en esta Fundación tan particular, en la que nada es lo que parece.



El que comenzó como uno de los proyectos más interesantes y ambiciosos del panorama nacional, se ha convertido desde sus comienzos en todo un referente. Concebido para la formación de jóvenes valores, la relación con artistas veteranos de todos los ámbitos los ha convertido en una de las compañías con proyectos más interesantes, rodeados siempre de grandes nombres. En este caso es la autora canaria Irma Correa la encargada de adaptar a uno de los autores contemporáneos más interesantes, con esta versión libre de una de sus obras más representativas.

La polifacética autora canaria, autora de obras como "Friday" (Premio SGAE 2010), "Desde lo invisible" (Premio Max al espectáculo revelación) o "Hablando (último aliento)" (que se pudo ver la pasada temporada en el Teatro María Guerrero), nos sorprende con una angustiosa propuesta, cargada de misterio y tensión, en la que nada es lo que parece y todo va cambiando según avanza el montaje, con un ritmo vertiginoso que nos va "acorralando" cada vez más.



En el año 2016 se cumplieron los cien años del nacimiento del autor de "Historia de una escalera" o "El tragaluz", que después de muchos años sin representarse en teatros públicos vuelve por partida doble a la cartelera con "En la Fundación" y "El concierto de San Ovidio" (actualmente en el Teatro María Guerrero). Estrenada en el Teatro Fígaro en 1974, cuando el franquismo daba sus últimos coletazos con Franco aún postrado en el Pardo, tuvo que "despistar" a la censura dotando al texto de un lenguaje simbólico. Se dice que en la obra habla de sus experiencias en la cárcel, en la que estuvo al finalizar la Guerra Civil por "adhesión a la rebelión", por ser miembro del Partido Comunista de España.



Esta pieza es un drama, pero ante todo una historia de hermandad. El relato de un grupo de jóvenes encarcelados que lucha por sobrevivir, intentando que no les supere todo lo que les rodea, un entorno violento y hostil que intenta hacer todo lo posible por hundirles y enfrentarlos entre si, pero ellos intentarán permanecer fieles a una verdad que les devuelva la libertad. Esta inquietante fábula sobre el ser humano y su ansia de libertad, sobre el poder de la imaginación para hacernos volar a lugares en los que todo está bien, en los que no existe la injusticia, pero sobre todo es una muestra de la fragilidad de la mente humana, de la delgada línea que separa la cordura de la locura.

El texto sigue de absoluta actualidad, al hablarnos de los miedos y los anhelos del ser humano. Como decía el propio Buero Vallejo: "Soy un hombre que apuesta por el futuro, aunque no sea un iluso. Mis obras también apuestan por el futuro, lo que ocurre es que esa ilusión nace a través de argumentos que suelen llevar una alta carga de tragedia. Por esa razón, el espectador puede llevarse una primera impresión equivocada y creer que está ante un mensaje desesperado".



Para José Luis Arellano, director de la obra y uno de los pilares fundamentales de La Joven Compañía, "Buero es nuestro Arthur Miller. Necesitamos su voz de alarma. Él explica que, pese a la represión, soñar es posible. Contra la alienación hay que luchar por la libertad". Con esta declaración de intenciones se nos plantea la obra, a mitad de camino entre la ensoñación y la angustia. 

Para Arellano la obra es "el Black Mirror de Buero" por los giros que tuvo que darle al texto para esquivar a censura. "Me ha interesado mucho esa parte que tiene de thriller de ciencia ficción. Utiliza elementos fantásticos para enfrentar a los personajes con una realidad que les horroriza y de la que no podía hablar con libertad. Para mi es una pieza pionera en su lenguaje, su estructura y la acción dramática. En cierta forma, es lo que haría años más tarde Amenabar con "Abre los ojos", donde alguien no acepta la realidad que tiene frente a él y se inventa un mundo para esquivar el dolor en el que vive".



Para esta onírica propuesta, cargada de fuerza y cercana a la ciencia ficción, Arellano ha contado con nueve fabulosos actores que se dejan la piel en escena, consiguiendo transmitir la angustia de su reclusión al patio de butacas. Víctor de la Fuente, María Valero, Mateo Rubistein, Nono MateosJota Haya, Álvaro Caboalles, Juan Carlos Pertusa, Pascual Laborda y  forman el magistral elenco que hace de la obra una bomba de relojería a punto de estallar desde el primer momento.

Un trabajo coral impecable, en el que cada uno de los actores sabe medirse en cada momento, dando al espectador sólo lo que debe saber en cada caso. Con un viaje que va cogiendo velocidad conforme avanza al obra, los tiempos quedan muy bien medidos, con "parones" para poder coger aire y recomponer la situación. Un alarde de energía desbordante en cada uno de los actores, que deben transmitir la angustia de su situación a la vez que intentan contenerse a si mismos para no perder los papeles.




Víctor de la Fuente se pone en la piel de Tomás, en un alarde interpretativo brutal. Durante la obra nos muestra un abanico de matices dentro del personaje, que se mueve desde el enamorado y soñador del comienzo al pragmático y reflexivo preso del final, pasando por momentos, de gran intensidad y belleza, en los que bordea la locura. Junto a él encontramos a Berta (María Valero) su imaginaria novia, que aparece y desaparece para hacerle bailar entre dos mundos. Tomás acaba por darse cuenta de que vive engañado por sus propias fantasías, para no asumir su cruda realidad. 

En este proceso de ida y vuelta entre la locura y la cordura se va encontrando con sus compañeros de "fatigas" que intentan dirigirle por el buen camino, intentando que se de cuenta de lo cerca que está de perder la cabeza, aunque eso le haga ser mucho más feliz que ellos. Asel (Nono Mateos), Lino (Pascual Laborda), Max (Álvaro Caboalles) y Tulio (Jota Haya) son sus compañeros de celda, los cuales van sufriendo, al igual de Tomás, las represalias de su reclusión en sus propias carnes.

El elenco se completa con los impertérritos funcionarios que los custodian ( interpretados por Óscar Albert Juan Carlos Pertusa), unos oscuros seres que crean el terror cada vez que aparecen en escena. En los primeros compases de la obra aparece el cuerpo de un hombre enfermo (Mateo Rubistein) al que Tomás intenta ayudar y que nos provoca un nudo en la garganta desde que comienza la historia.



El montaje, marcado por la estética futurista que marca la escenografía diseñada por Silvia de la Marta, se mueve entre la austeridad visual del primer momento, con la única apariencia en escena de una mesa, y la versatilidad espacial que crea la apertura de las distintas puertas, con apariciones puntuales de un personaje por el lateral del escenario. La escena cobra vida propia con la apertura de los distintos elementos y el espejo del fondo que da dimensión más ambigua a todo lo que allí sucede, entrando a formar parte del propio argumento, convirtiéndose en un personaje más de la obra.

La utilización de videoescenas (creadas por Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zurita) ayuda a potenciar esa atmósfera de reclusión, que nos recuerda a Orwell por su estética futurista, aderezada por la iluminación de Juan Gómez-Cornejo y la música y espacio sonoro de Luis Delgado, lo que hace del montaje final una pieza singular e innovadora.


La Joven Compañía vuelve a sorprendernos con una versión de un clásico pero con una estética muy actual, capaz de hacernos olvidar de donde viene para situarnos en un espacio irreal como el que recrea la escena. El ritmo vertiginoso marcado desde el primer momento nos hace tambalear en el asiento, a la vez que nos quedamos tan aturdidos por los acontecimientos como le ocurre al protagonista. Una dirección brillante en la que todo encaja y todo se nos muestra en su justa medida, dejándonos siempre la incertidumbre de no saber si estamos en un sueño o en la realidad.

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En la Fundación
Teatro: Conde Duque
Dirección: Calle Conde Duque 11
Fechas: Jueves a Sábados a las 20:00.
Entradas: Desde 8€ en condeduquemadrid. Hasta el 5 de Mayo.


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