Teatro: "Los amos del mundo" en la Sala Mirador

En 2015 Almudena Ramírez-Pantanella ganó el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca con el texto de Los amos del mundo. Más tarde, tuve la suerte de ver en Microteatro por Dinero la primera escena y me confirmó lo que ya sospechaba. No era un premio otorgado al azar y todavía lo tuve más claro cuando pude disfrutar del texto en la Sala Mirador.




Los amos del mundo se define como una comedia dramática, aunque las risas que provoca son de esas en las que ríes por no llorar. Además, (alerta de pequeño spoiler) la obra comienza con una chica que canta en el metro plena voz I am gonna die y después se lanza a las vías del tren, lo cual no es algo muy hilarante. Por si fuera poco, Miguel, uno de los protagonistas se queda traumatizado al presenciar este suicidio y para el espectador tampoco es fácil de digerir.





Por si no bastaba con este negro comienzo, el resto de la función no es precisamente una verbena de pueblo, ya que el espectador se contagia de lleno con el halo negro que desprende Miguel. La mayoría de escenas consiguen generarte malestar, pero a medida que avanza la historia vas viendo pequeños resquicios por los que asoma la luz.

Cuando el jurado otorgó el premio a la directora y autora del texto, argumentó que ganó "por mostrar el retrato de la subjetividad extrañada de la juventud, por un planteamiento escénico innovador y por la interesante combinación de elementos de la dramaturgia clásica y contemporánea". Este razonamiento no puede estar más acertado, ya que el retrato generacional que hace es tan crudo como realista. Un día crees que eres el amo del mundo, pero otros miles sientes que vagas por él sin rumbo ninguno




Como producto de la generación Y o millennial que soy, Miguel encarna al principio de la obra todo lo que la sociedad nos dicta que seamos: una persona que aspira trabajo importante de esos con siglas incomprensibles en LinkedIn, tener dinero suficiente como para vivir en un casoplón y ser uno de esos amos del mundo. El problema (o lo bueno) llega cuando asumes que, a medida que consigues estos objetivos marcados por la sociedad consumista, no te conviertes en un amo, sino en un esclavo del mundo

La narrativa de Los amos del mundo se estructura a modo puzzle y no es una obra en la que cuentes los minutos que quedan para conocer el final, sino de esas que se van degustando lentamente y que se recrea ahondando en la psique de los personajes. No hay una sola escena en la que los diálogos sean gratuitos o no estén justificados. Además, los personajes están construidos de forma muy inteligente, de manera que es fácil empatizar con todos




Viendo Los amos del mundo recordé el concepto del antropólogo Marc Augé, quien hablaba del no-lugar, que eran aquellos espacios de transitoriedad que no se podían calificar como "lugares". Con los personajes de la obra sucede algo parecido. Son una especie de no-personas, que tienen que abandonar ese estado para convertirse en seres de verdad.

La escenografía refleja la desubicación de los personajes a través de una ensoñación ideada por Lita Echevarría y Manuel García Tages. Por otra parte, el reparto conformado por Carlos Ventura, Beatriz Bergamín, Elena Diego, Ángel Savín y Miguel Valentín, está muy bien dirigido y consiguen aportar naturalidad a los momentos más surrealistas.





Almudena Ramírez-Pantanella ha creado un increíble y estrambótico mundo para contar lo complicado que puede llegar a ser algo tan sencillo como vivir la vida que quieres y no la que te dictan.  




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Los amos del mundo

Teatro: Sala Mirador
Dirección: Calle del Dr. Fourquet, 31




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