Teatro: "La casa del lago" en el Teatro Fernán Gómez

La memoria es el disco duro de cada persona y, al igual que ocurre con esos dispositivos electrónicos, puede fallar, se puede dañar parte del disco e imposibilitar el acceso a algunos de los datos que allí se guardan, pero también se pueden violar y modificar esos datos, fotografías, documentos o, simplemente recuerdos, como los que marcan el hilo de este thriller psicológico que mantiene la tensión del espectador, que se concentra casi sin parpadear para no perder detalle en lo que ocurre en la habitación del hospital que recrea la sala Jardiel Poncela en el teatro Fernán Gómez del Centro Cultural de la Villa.





Cuando entramos en la sala, Óscar Almeida, uno de los dos personajes protagonistas de esta historia, nos da la bienvenida acostado y durmiendo en la cama de la habitación de un hospital. Una mesa auxiliar y una silla, junto a la puerta de acceso a su habitación, completan un decorado visible desde el principio. Y cuando se ha ocupado la última butaca, Óscar se despierta sobresaltado sin saber dónde está ni recordar cómo ha llegado hasta allí. En ese momento entra en la habitación la doctora Alicia Baena, el otro personaje, que durante una sucesión de trepidantes escenas intenta ayudar a Óscar a recordar qué sucedió en su vida en las horas anteriores a su ingreso en el hospital, pues como si de un disco duro reseteado se tratara, el paciente tiene lagunas de esos últimos momentos vividos previos a su traslado al centro médico.



Poco a poco y durante varios días consecutivos, la psicóloga visita la habitación de Óscar para intentar, mediante diferentes métodos médicos, ayudar al paciente a realizar un recorrido por el laberinto en el que se ha convertido su mente, o más bien, su memoria a corto plazo y tratar de dilucidar lo ocurrido antes del accidente que marca su ingreso en el centro. Pero el Sr. Almeida, un abogado criminalista de renombre, sufre un tipo de amnesia  denominada anterógrada que le provoca una pérdida de esa memoria a corto plazo, con lo que el trabajo de la doctora Baena empieza a dificultarse y los esfuerzos deberán ser cada vez mayores, pues el paciente olvida lo ocurrido en el hospital día tras día y es sólo gracias a una libreta que le ofrece la doctora como consigue recordar lo que ésta le va contando de lo ocurrido antes de su ingreso, lo que nos recuerda un poco a la película Memento.



Como piezas de un complejo puzle, los recuerdos de Óscar y la información confidencial que posee Alicia van dando forma a lo que puede ser una red de verdades o mentiras que la doctora está en la obligación de descubrir para intentar evitar a su paciente tener que pasar por un juzgado para declarar sobre una serie de acontecimientos en los que parece haberse visto involucrado en esas borrosas horas antes del citado accidente y que incluyen a la mujer del abogado entre otras personas.

La habitación del hospital se convierte en una especie de cárcel para Óscar que intenta por todos los medios comprender por qué lo retienen ahí sin dejarlo salir a seguir con su vida, con su rutina, pero las informaciones que la psicóloga le va ofreciendo en el transcurso de los días y las anotaciones en la libreta hacen que la situación vaya cambiando con constantes giros inesperados y que la doctora Baena pueda, en la última escena, concretar un diagnóstico médico que poder ofrecer a la policía en relación a los acontecimientos ocurridos el día del accidente del abogado.



En una sala donde la cercanía del espacio escénico y del actor brindan la posibilidad de disfrutar de cada respiración y de cada parpadeo, el espectador contempla una historia con una trama psicológica compleja que parece, en primer lugar, acercar las posturas de los personajes pero que, poco a poco, va descubriendo cómo en realidad dichas posturas se alejan pues cada uno de ellos persigue un claro objetivo en el transcurso de las escenas.  

Cuidado con el título de esta obra, que no nos lleve al huerto y nos haga confundirla con el film de 2006 con el mismo nombre protagonizado por Keanu Reeves y Sandra Bullock, porque no tiene nada que ver, pues la pieza es obra del australiano Aidan Fennessy, dramaturgo y director de escena del que se conocen pocas obras pero que ha llegado a los teatros de nuestro país con La Casa del Lago, estrenada en 2013, gracias a la dirección de Fernando Soto, polifacético actor y director formado en la RESAD que ha participado, tanto en la dirección como en la interpretación en un sinfín de espectáculos, siendo muy habitual poder disfrutar de ellos en el Teatro de la Abadía. 



Fran Calvo, al que ya hemos visto bajo la dirección de Fernando Soto en Constelaciones, interpreta el papel del abogado Óscar Almeida. En escena, Fran tiene un papel complicado: introducirse en la mente de un paciente con déficit de memoria o incapacidad para almacenar recuerdos a corto plazo. Los momentos por los que pasa el personaje de Óscar durante la obra (frustración, dolor, incomprensión, ansias de libertad, contrariedad,  etc.) nos muestran a un actor con una capacidad para el trabajo del personaje espectacular. Durante los “12 asaltos” en distintos días que dura la especie de interrogatorio por parte de la doctora Baena, el personaje pasa por todo tipo de estados psicológicos mostrando, al final de la obra, una cara que, a pesar de los constantes cambios, el espectador no percibe durante los 90 minutos de tensión previos. Fran es también productor de la pieza.




La otra cara de la moneda es la doctora Alicia Baena, personaje al que da vida Verónica Ronda. Verónica comienza su interpretación metida en el papel de una psicóloga cuya voluntad parece encaminada exclusivamente a facilitar los recuerdos de su paciente, pero con el transcurso de las escenas, al igual que ocurre con el papel de Óscar, Verónica se va metiendo en la piel de un personaje cada vez más duro e implacable, capaz de cualquier estrategia para conseguir su objetivo, con una sagacidad y astucia en aumento y un giro final que hace tambalearse al espectador en su butaca. Verónica, además de actriz, es cantante y profesora de técnica vocal con amplia experiencia como actriz en diferentes compañías.

El espacio escénico ofrece al espectador cierta sensación claustrofóbica claramente buscada por la dirección. Un espacio escénico, la habitación del hospital, en el que se pueden ver los objetos anteriormente citados: una cama, una mesa, una silla y una puerta, siempre cerrada y que sólo se abre para dejar paso a la doctora, lo que también contribuye a esa sensación de claustrofobia. La iluminación también aporta su granito de arena a esta sensación y, a su vez, marca claramente la transición entre escenas que corresponden a los distintos días en los que transcurre la historia. 



Con estos elementos y con unos personajes muy bien definidos y con una evolución mental y psicológica claramente diferenciada, la intriga es el elemento clave de La Casa del Lago, una pieza que obligará a los espectadores a meterse en la piel de un policía científico o de un psicólogo para intentar descubrir lo que ha ocurrido en las horas precedentes al accidente de Óscar antes de que lo hagan sus protagonistas. Susurradas al oído del acompañante, las diversas teorías por parte del público sobre lo que ocurrirá en la escena posterior y al final de la obra están aseguradas.

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La casa del Lago
Teatro: Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa)
Dirección: Plaza de Colón 4
Fechas: Martes, Miércoles, Jueves, Viernes y Sábados 20:30, Domingos  19:30
Entradas: Desde 12€ en teatrofernangomez. Hasta el 1 de abril.



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