Teatro: En Manque en el Teatro de la Abadía

Un amor puro y radical.
Hoy es 22 de febrero, la temperatura baja y el atardecer sorprende a un montón de gente que deambula en la multitud de la entrada de un teatro. Estamos en Fernández de los Ríos, en un lugar fundamental, estamos en la Abadía.
Los minutos se hacen líquidos en la espera. De pie junto a la Jose Luis Alonso se suceden los saludos. Parece que la llamada de Vincent Macaigne ha calado entre los habitantes de las tablas. Un Jose Luis Gómez pre-Unamuno se asoma desde el primer piso. Algunos presentes con vestuario ochentero tratan en vano de camuflarse entre nosotros; ellos, más tarde, arengarán a la masa que conformamos y aún más tarde nos harán parte de su historia en un escenario atronador.

Es Sofía la que abre fuego. Ella, megáfono en mano, nos guía hasta un altar donde la escuchamos:
“Antes de nada, quiero dar las gracias al príncipe Carlos por su infinita paciencia, porque todo el mundo se muere salvo la reina Isabel. Antes de empezar, querría decirles que, para mí, desgraciadamente, esta fundación, mi bebé, este proyecto que ha sido el proyecto de mi vida, es un terrible error”.

Una estancia de la fundación nos espera tras las puertas, nos abrazan y nos dan la bienvenida. Caravaggio saluda desde las paredes y tomamos asiento. Hay plástico en las butacas y nos han dado tapones para los oídos. Algunos presentes se acuerdan de Los Simpsons al leer la advertencia del programa sobre las luces estroboscópicas, otros perciben la tensión previa a la caída más alta de la montaña rusa más impactante. Y el vagón comienza el descenso.
Conocemos a la hija de Sofía, Liza, y a la persona a la que ama, Clara. Y participamos cerveza en mano en una fiesta vibrante en el centro del “escenario”. Lloramos por los apegos rotos y la Melancolía certera, pero sobre todo nos dejamos arrastrar. Después de todo la poesía puede ser violenta.

Macaigne, quien firma esta obra en el 78, se encuentra hoy un panorama demasiado acorde con ella. En este presente no imaginado, poder, dinero y cultura se encapsulan en lugares inalcanzables para los que han de sobrevivir. Si bien el concepto de alta y baja cultura se ha fracturado, no es menos cierto que la intelectualidad de raíces antiguas transita en ambas direcciones con una brújula magníficamente heredada, y el autor intenta quebrar los cristales que nos separan.
Es en el transcurso de la representación donde el público se hace agente del espectáculo, así, en algún punto se otea con envidia ese Olimpo recreado, y en otro se jalea su decadencia. Pero en definitiva, mercadotecnia y trabajo actoral obligan a conectar desde las entrañas con esta función clavada en su impostura. Si nuestra oscura y brillante profundidad ha inspirado a Macaigne en su creación, busquemos junto a él el amor puro y radical.
Y todos miembros los unos de los otros.
Romanos

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En manque - Festival de Otoño  a Primavera
Teatro: Teatro de la Abadía.
Dirección: C/ Fernández de los Ríos, 42


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