Teatro: Cyrano de Bergerac en el Teatro Reina Victoria


Comenzaré esta publicación con afán y con tesón
con objeto de atraer y que el público la función vaya a ver.
Uy! me salió un pareado, sin haberlo preparado
Y aunque por rimar estas palabras me mato,
no le llego al buen Cyrano, ni a la suela del zapato.

Después de este aciago intento de dotar a la introducción de esta crítica de cierta lírica, sólo puedo, tras asistir al estreno de la obra protagonizada por el gran José Luis Gil en el Teatro Reina Victoria, animar a todo aquel al que le guste el teatro a que dedique dos horas de su tiempo en asistir esta bella historia de la mano de un elenco inmejorable en un escenario con unos recursos espectaculares y con una dirección sublime. Os aseguro que no os vais a arrepentir.






¡Callaos! Tengo una idea. Desde aquí desafío a toda la platea. Acércate tú, valiente. Uno a uno, quiero veros frente a frente. ¿Quién será el primero en la lista...? ¿Vos, señor? No. Al primer duelista lo despacharé con honor, con coraje y sin miedo. Los que quieran morir que levanten el dedo.

Tras una breve presentación del espectáculo que se va a presenciar a continuación a cargo de algunos de los personajes, un recurso muy utilizado en las piezas de la época, comienza, con estas palabras y con una nariz que emerge de entre el público pegada a José Luis Gil, la historia de Cyrano de Bergerac en el Teatro Reina Victoria, un auténtico héroe del siglo XVII, poeta sentimental, romántico e incomprendido, un solitario con un corazón de algodón y una valentía y orgullo de piedra


Poco diré de la historia que durante dos horas enternece y agita los corazones del público a partes iguales, porque para aquél que aún no la conozca por no haber leído la obra en cinco actos y en verso del poeta y dramaturgo francés Edmond Rostand o que no haya visto alguna de las versiones cinematográficas (quizás las dos más famosas la protagonizada en 1950 por José Ferrer o la francesa de 1990 con Gerard Depardieu dando vida al héroe) o alguna otra representación teatra, ésta es una oportunidad excelente para conocer, de primera mano, esta… ¿tragicomedia? ¿novela de caballerías? ¿drama heroico? Realmente da igual cómo se la catalogue, porque lo cierto es que Cyrano posee, a partes iguales, un poco de todo, y con todo me refiero a drama romántico, comedia, protesta social, tragedia y bufonerías, como bien explica su director, Alberto Castrillo-Ferrer.


Es difícil dar vida un personaje que, según palabras del propio José Luis Gil, tiene un mundo interior lleno de ternura, valentía, frustración y melancolía. Y es que, si bien Cyrano es un valiente soldado capaz de arremeter con éxito contra 100 contrincantes, no es su espada su principal arma, sino su palabra y su oratoria, sus versos y su lírica con las que vence cualquier batalla dialéctica, con las que desnuda, de palabra, al rival más noble y con las que es capaz de enternecer el corazón de cualquier dama. ¡Ay! La dama, qué tragedia la de no poder, o ni siquiera querer intentar conquistarla cuando un defecto físico, como es una nariz grande hasta lo ridículo, eclipsa el interior, lleno de esa melancolía y ternura que mencionaba antes… 


Y es que Cyrano está enamorado de Roxane, su prima, pero por su propia fealdad, entiende que nunca podrá conseguir ese amor y descubre una oportunidad de conquistar el corazón de su amada a través de un joven soldado llamado Christian, de cuyo físico, ella está enamorada, pues es bello de imagen, pero profundamente idiota y carente de ingenio. En ese momento, Cyrano se pone la máscara del joven soldado, como en el teatro del arte, para, gracias a un pacto entre ambos, enviar cartas de amor, como si fuera Christian, a su musa e intentar llegar a lo más profundo de su corazón. Y hasta aquí desvelaré los entresijos de esta tierna pieza.


La magia envuelve en todo momento un escenario con unos personajes vivos y frescos, con unos decorados que impresionan al público, un trabajo dinámico en el que vemos luchas de esgrima, cuerpo a cuerpo, torreones de palacios, bosques, tabernas y una empalizada en el frente, con proyecciones y recursos al alcance sólo de teatros de la magnificencia del Reina Victoria. Esos recursos unidos a la excelsa interpretación del elenco, pues cuento unos 14 personajes al menos a los que dan vida los siete actores con que cuenta la obra, convergen en un resultado digno de ser alabado y que hace que las dos horas y cuarto que se indica que dura la función pasen volando, pues la atención del público es constante, los cambios en la historia dinámicos y la trama, en el fondo, bonita y fácil de seguir, a pesar de ser en verso, lo cual hace que, a veces, ciertas obras puedan resultar un poco pesadas o más difíciles de seguir, aunque no es para nada éste el caso que nos atañe. 

Las escenas románticas y cargadas del sentimentalismo que emana de la boca de Christian ocultando el corazón de Cyrano se entrelazan con otras en las que la batalla es la protagonista dando pie a otras donde los versos del valiente soldado se empapan de comedia para traspasar a los personajes hasta llegar al patio de butacas, donde unas carcajadas recompensan la labor del poeta, del actor que le da vida y la del resto del elenco y de la dirección que lo hace todo posible. 


José Luis Gil se mete en la piel de Cyrano de Bergerac, un papel que le viene como anillo al dedo a pesar de que, según palabras del propio actor, no tenía la esperanza de poder representarlo aún habiéndose convertido en su personaje favorito. No son pocas las obras, clásicas o no, que a lo largo de su trayectoria ha llevado a los escenarios José Luis y tampoco son pocos los papeles a los que nos tiene acostumbrados a verlo en series de televisión, pero la magnificencia con la que encarna el papel del galán francés hizo el deleite de todos los asistentes a esa primera representación. La ternura, el sentimentalismo, la valentía y, cómo no, el desparpajo en la palabra y la burla, salen de la boca del actor para traspasar la piel de los espectadores y ablandar el corazón de los que tienen el privilegio de contemplar su trabajo. 

Sin embargo, esa fascinante labor no sería igual si no estuviera rodeado por un grupo de excelentes actores que dotan a los distintos personajes del carisma y personalidad que requiere la historia que se cuenta.

Ana Ruiz, a la que hemos podido ver en televisión en series como Cámera Café o Amar en tiempos revueltos y en diversos proyectos teatrales, encarna, como su papel principal (lo cual no quiere decir que el trabajo en el resto sea de menor calidad) a la bella y joven Roxanne, la prima de Cyrano. Es una interpretación tierna del papel, donde se nota que Ana ha abrazado las directrices de Alberto Castrillo-Ferrer con ilusión y con devoción, pues interpretar el personaje de “la amada” en cualquier obra clásica no es un trabajo cualquiera. Es el personaje que, aún lleno de bondad y amor por su primo, hace sentir al público la necesidad de gritarle “¡abre los ojos, y date cuenta de la verdad!”. La bondad y el amor es, precisamente, la característica principal del personaje y ella maneja los hilos de Roxanne en este sentido con maestría


Álex Gadea, cuyo trabajo interpretativo también hemos podido disfrutar en televisión en series como El secreto de Puente Viejo o la más reciente Tiempos de Guerra, da vida al alter ego de Cyrano, el joven soldado Christian de Neuvillette, el “guapo” de la historia pero a la vez el parco en palabras, el carente de ingenio y que, al igual que le ocurre a Cyrano, necesita de una parte que le complemente para poder conquistar a la bella Roxanne. Álex interpreta el papel con frescura, pues es el personaje joven de la obra, el inexperto en el arte de la guerra y, por supuesto, en el de la conquista por medio de la palabra de bellas damas y confía en la experiencia de su rival el poder afrontar estas carencias para llegar al corazón de la joven.

El resto del elenco es muy digno de mencionar dado los vertiginosos cambios de personajes que realizan y cómo son capaces de alternar la interpretación de manera loable entre unos y otros, a la vez que cambian la escenografía y la esencia de cada escena: Ricardo Joven interpreta al panadero y uno de los más fieles amigos de Cyrano, entre otros papeles, Rocío Calvo es, entre otros, un joven y amuchachado soldado, Joaquín Murillo es quizás “el malo” de la historia, aunque en ella todo personaje tiene un objetivo noble en el fondo y Nacho Rubio sorprende a todos con la capacidad de interpretar desde un pretendiente de la buena de Roxanne, hasta un soldado compañero de Cyrano pasando por algún papel femenino que desemboca en las risas del público.


Como ya anticipaba, la dirección corre a cargo de Alberto Castrillo-Ferrer, que alterna otras obras en la capital como El Test, que estrena su segunda temporada este miércoles 28 con trabajos de interpretación como el de Ildebrando Biribó, monólogo en el que actúa y que podemos ver en el mismo teatro Reina Victoria durante los meses de abril y mayo. Sabe sacar Alberto lo mejor de un gran elenco, cada uno en su papel para, como un pintor sobre un lienzo, componer un trabajo exquisito donde hay colores de todos los tonos y que en conjunto harán las delicias del espectador que decida a bien acercarse el teatro a contemplar su trabajo.

Asistir a Cyrano de Bergerac supone reencontrarse con teatro clásico del bueno, de calidad. Contemplar unos escenarios y unos recursos que ayudan al intérprete y que maravillan a los espectadores. Me pareció muy original el hecho de la utilización de proyecciones que recrean ciertas escenas y las sombras personificadas que sustituyen movimientos de ciertos personajes. La iluminación, por supuesto, está en sintonía con el resto de calidad de la obra, así como el sonido.


Poco más que decir sobre un espectáculo que me maravilló. Sólo me queda recomendar, como ya hice al inicio de estas palabras, pero ahora sin rima, a todo el que quiera deleitarse con un gran trabajo, que no lo dude y se deje llevar por la tierna historia del heroico Cyrano, pues de seguro es una manera ideal de culminar un gran día.




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Cyrano de Bergerac
Teatro: Teatros Reina Victoria
Dirección: Carrera de San Jerónimo 24
Fechas: Martes a sábados 20:00, domingos 19:00.
Entradas: Desde 16€ en elteatroreinavictoria, Entradas.com, Atrapalo. Hasta el 28 de junio.



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