Teatro: "Una vida americana" en Teatro Galileo


La búsqueda por encontrarse a uno mismo puede llevarnos a lugares insospechados. Esa búsqueda puede ser introspectiva o llevarnos a recorrer medio mundo en busca de respuestas. En este viaje podemos sufrir, reencontrar a personas que pensamos olvidadas o recuperar las ganas de vivir, siempre en un intenso recorrido por nuestra propia identidad. Una búsqueda desesperada por encontrar aquello que nos de luz en nuestra vida, algunos lo buscan en la religión, otros persiguiendo fantasmas del pasado, pero todos intentan conocerse un poco mejor a sí mismos.






Esta historia de personajes raros (¿Quién no lo es?) en búsqueda de respuestas nos plantea a una familia de lo más peculiar, en el todos parecen estar en una continua adaptación al medio, no se encuentran a gusto en ningún lugar, ni siquiera en sus propios cuerpos. La persecución casi obsesiva de un padre idolatrado, al que hace veinte años que no ven. Relaciones que se convierten en enfermizas, mientras la familia se resquebraja, como un barco a la deriva que se hunde, por mucho que el capitán siga poniendo parches en los agujeros de la embarcación.



La Zona Teatro nos presenta esta obra sobre la pérdida y la familia, que nos conmueve y nos duele como si se tratase de nuestra propia familia. La Zona es una de las productoras más interesantes de nuestro país, con éxitos como "Toc, toc", "El manual de la buena esposa" o los más actuales "La piedra oscura" y "La respiración". Esta temporada, además de "Una vida americana" estrenan en el Pavón "La valentía", lo nuevo de Alfredo Sanzol.

En este caso nos presentan un proyecto cargado de fuerza, con interpretaciones apabullantes a partir de un texto de grandes personajes, en el que cada escena está medida hasta el último detalle, con una precisión artesanal que hace de cada escena una pequeña joya en si misma. El texto de Lucía Carballal es una preciosa fábula sobre la búsqueda de la propia identidad.


Carballal se recuerda escribiendo de siempre, una continua búsqueda de su propia "identidad creativa" que la llevó a Barcelona y Berlín, para volver a Madrid hace casi cinco años. Sus obras parten del realismo, de lo conocido, para llegar a lugares desconocidos, que van dándose a conocer durante el proceso de creación. Piensa en las historias, en los personajes y en el esfuerzo de encontrarlos de principio a fin, viendo su evolución.

Esta es su séptima obra, tras éxitos como "Los temporales", "A España no la va a conocer ni la madre que la parió", "Personas habitables" o "La noche sobria". En cada proyecto nuevo se plantea su postura hacia esa realidad, el por qué tiene que ser ella quien nos muestre esa historia. Sus obras, siempre de temáticas cercanas pero muy distintas, tienen en común la preocupación de aportar algo sobre el presente, una manera distinta de mostrar lo que ocurre a su alrededor.



En este caso, la historia transcurre, nada más y nada menos, en un camping a las afueras de Mineapolis. Allí nos encontramos con una peculiar familia que ha volado desde el madrileño barrio de Tetuán para buscar a un padre que las abandonó hace veinte años. Linda, la hija mayor, ha convencido a su madre (Paloma) y a su hermana pequeña (Rose), para que la acompañen en este absurdo viaje en la búsqueda de respuestas, en busca de la persona de la que se enamoró su madre en los años ochenta y que las abandonó cuando Linda era una joven adolescente.



La obra, dirigida por Víctor Sánchez Rodríguez, es un drama sobre la inutilidad del dolor, entrelazado con una comedia sobre la melancolía. Formado con directores de la talla de Sanchís Sinisterra, Mark Ravenhill o Alfredo Sanzol. Ha compaginado la dirección con la escritura de textos, intentando plasmar siempre las alcantarillas de la realidad, aquello que está pasando y por algo le inquieta. Ha dirigido obras ajenas como "A España no la va a conocer ni la madre que la parió" (escrita de forma conjunta con Carballal)  y éxitos propios como "Nosotros no mataremos con pistolas", "Todos se han ido" o "Caballos salvajes no me arrancarían de aquí".



Para este viaje emocional, Víctor Sánchez Rodríguez se ha rodeado de un elenco de lujo, con Cristina Marcos a la cabeza. A la veterana actriz le acompañan en escena Vicky Luengo, César Camino y Esther Isla. El reparto es sin duda uno de los puntos fuertes de la propuesta, en la que cada uno de los actores moldea un personaje cargado con una mochila que le ahoga y no le deja avanzar, unas interpretaciones llenas de matices, de aristas que nos ocultan en todo momento parte del personaje. Un texto esculpido para unos actores que hacen de cada miembro de esta familia un potencial protagonista para otra obra.



Cristina Marcos está inconmensurable en su papel de madre desbordada por la situación de sus hijas y por la de su propia vida. Actriz de carácter, deja su impronta en todo lo que hace, con papeles prodigiosos en obras como "El método Grönholm", "La escuela de la desobediencia", "Historia de una escalera", "El rey Lear" o "Alma de Dios". Con su sola presencia ya domina la escena y consigue que todo gire en torno a ella. Un personaje que nos duele, que se encuentra perdida y no sabe por donde escapar.

Esther Isla es Linda, la hija empeñada en buscar a su padre ausente. Un papel cargado de matices, que desborda ternura, angustia, miedo, pero sobre todo soledad. Una interpretación portentosa, en un duelo actoral maravilloso con Marcos. Isla ha participado en algunos de los montajes más interesantes de los últimos años, como "Tartufo, el impostor" (por el que fue nominada al premio Max), "Por toda la hermosura", "No hay burlas con el amor" o "Los desvaríos del veraneo" entre otros.



La hermana menor (Rose) está interpretada de forma muy convincente por la joven Vicky Luengo. Con una carrera vertiginosa, pese a su juventud ya ha participado en series ("La pecera de Eva"), películas ("Barcelona, noche de invierno") o teatro, con montajes como "Vilafranca 2015", "Volveremos a hablar esta noche" o "Plastilina". Aquí encarna a una chica que no se encuentra a gusto con su sexualidad, en una interpretación marcada por toda su angustia interior que disfraza de chulería y pasotismo

El papel del novio de Linda está interpretado por César Camino, al que pudimos ver en el Galileo el pasado verano con "Cuatro corazones con freno y marcha atrás". Actor muy televisivo, lo hemos visto sobre las tablas en comedias como "Burundanga", "El nombre", "La caja" o "Una semana nada más". En la obra interpreta a un pobre chico que no entiende muy bien lo que hace allí, pero que se mueve por su amor por Linda.



Imposible terminar esta crónica sin hablar de la portentosa escenografía diseñada por Alessio Meloni, que nos traslada a la profundidad del bosque de Mineapolis desde el momento mismo que entramos en el teatro, con una caravana suspendida sobre los árboles que le da un toque mágico, como de cabaña de niños. La belleza del montaje se completa con la cuidada y delicada iluminación de Luis Perdiguero, y la música de Luis Miguel Cobo.

El montaje se convierte en un bucólico viaje sin retorno, una angustiosa huida hacia adelante, un salto al vacío en busca de unas respuestas que nos hagan entender algo de nosotros mismos.
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Una vida americana
Teatro: Teatro Galileo
Dirección: Calle Galileo 39
Fechas: Miércoles a Sábados a las 20:000, Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 14,50€ en gruposmedia, atrapalo. Hasta el 4 de Marzo.



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