Teatro: "Solitudes" en Fernán Gómez


El teatro de máscaras, siempre asociado con funciones infantiles, ha cobrado un nuevo significado con esta ambiciosa compañía, que hace magia con sus interpretaciones tras las máscaras. Lejos de perder expresividad, la delicadeza con la que Kulunka Teatro trata sus montajes, hace que sus máscaras tengan la misma expresividad que los actores que los llevan. El apabullante trabajo actoral, mucho más físico si cabe que el realizado "al descubierto", nos conmueve y nos encandila desde el primer momento.




La compañía Kulunka Teatro se ha convertido, con solamente dos montajes, en un referente, que ha actuado a lo largo de medio mundo con un éxito abrumador en países de Asia, América y Europa. Frente al teatro de verbo fácil, de textos imposibles, de monólogos y diálogos que noquean, ellos se centran en la belleza del gesto, en la intensidad del movimiento, en la capacidad del cuerpo humano para transmitir todo tipo de sensaciones.

La compañía vasca vuelve a sorprendernos con una obra cargada de belleza en cada escena y llena de poesía, con un tema nada agradable, como es la soledad y la amargura del que se siente solo e incomprendido. Con su primer proyecto "André y Dorine" ya estuvieron hasta cuatro veces en Madrid, lo que nos da la idea del éxito cosechado. Ya en esta obra hablaban de un tema poco agradable como es el alzheimer, que daba un aire de tristeza y melancolía a toda la obra.




Tras un debut tan redondo era muy difícil mantener el nivel de exigencia y calidad de esa tierna y triste historia de una pareja de ancianos que se van distanciando por culpa de la enfermedad. Pero Kulunka Teatro lo ha hecho, se han superado con una obra mucho más "consistente", compleja, con muchos más personajes y muy diferentes, con más situaciones y lugares donde ocurre la historia, sin perder ni un ápice de la belleza poética que transmitía su anterior trabajo.

"Solitudes" es una historia que ahonda en la soledad y la incomunicación, pero con altas dosis de humor. Nos habla de una familia que viven sin relacionarse, habitan el mismo espacio sin llegar a compartirlo. Es una interesante reflexión sobre la sociedad actual, cargada de relaciones virtuales pero que desprecia las físicas y reales. Es increíble la capacidad de transmitir emociones sin decir ni una sola palabra, como por momentos las máscaras parecen cobrar vida y sonreír...



Las máscaras, además de ser la seña de identidad de la compañía, dotan al montaje de una extraña atmósfera de belleza y ternura. Creadas por Garbiñe Insausti, la "barrera" que suponen entre el actor y el espectador les hace, sorprendentemente, acercarse más a la gente, creando un ambiente muy "familiar" y cercano. Estas máscaras son de una pieza, por lo que se mantienen fijas durante toda la función, pero la expresividad de las mismas hace que por momentos parece que se muevan, que hablen, que gesticulen. Pioneros en este tipo de teatro en nuestro país (al menos con texto narrativos como las funciones de teatro de texto) se inspiraron en sus comienzos en la compañía alemana Famile Flöz.

"En nuestros espectáculos el pacto de ficción incluye el aceptar esas máscaras, que es vidente que son mentira, como seres reales" explica Iñaki Rikarte, el director, "tal vez esto haga bajar la guardia emocional al público".



Rikarte ha ido un paso más en esta propuesta con respecto a su predecesora, y aunque se ven elementos que se repiten, la evolución es muy positiva. En una dirección sublime, se sustenta en los tres actores y el ambiente maravilloso creado por la música original de Luismi Cobo, que hace que por momentos los personajes se muevan a modo de coreografía, más cerca del ballet que del teatro, en una propuesta que funciona al milímetro como un reloj, en el que todos los elementos encajan.

El ambiente creado por la música nos introduce en un mundo de melancolía, en el que el ritmo marcado por la partitura es el que debe seguir la obra. Todo funcionando al unísono, con escenas de gran belleza por si mismas, en las que los personajes parecen flotar, en un dulce sueño que les transporta a sitios mejores.



El personaje principal sobre el que gira la obra es un anciano que se siente solo, pese a estar rodeado de gente, se siente incomprendido porque todos hacen cosas por él pero nadie se preocupa de lo que quiere en realidad. Se acaba de quedar viudo y su familia (hijo, nieta) se ocupan de él, pero de una manera mecánica, más próximo a lo que harían en una residencia que a lo que él desea y necesita. A estas alturas de su vida no necesita grandes cosas, se conforma con pequeños detalles que le hacen la vida más feliz. Algo tan sencillo como una partida de cartas, ese momento íntimo que tenía con su mujer y que su familia es incapaz de darle....




Lejos de resignarse y deprimirse, nuestro entrañable protagonista se arma de valor y lucha por encontrar alguien que de verdad le escuche y se ocupe de él, o al menos alguien con quien jugar su partida diaria de cartas. Tras varios intentos fallidos por hacerse entender con su familia, debe buscar fuera aquello de que no le dan en su propia casa. Este viaje, en el que se encontrará con personajes de lo más peculiares, nos muestra un abanico de lugares cotidianos que el recorre en busca de su momento de felicidad.

Todos los personajes que van apareciendo a lo largo de la historia vienen a contarnos sus propias penurias: el padre que no sabe como actuar con su hija adolescente, una hija enganchada al móvil que no hace caso a nadie de la familia, mientras se hecha un noviete, una muchacha inocente que acaba ejerciendo la prostitución, un vagabundo drogadicto...




Todos estos personajes son interpretados de forma magistral por tres actores: Garbiñe Insausti, José Dault y Edu Cárcamo, que son capaces de transmitir todo tipo de sentimientos sin decir una sola palabra ni un gesto. Es increíble como son capaces de dotar de vida a personajes "a priori" inexpresivos. Los tres hacen un trabajo delicado, minucioso, de artesanos, para poder llevar cada expresión de los personajes por todo su cuerpo, para que todo fluya como si las máscaras tuviesen vida. La dificultad de dotar de vida y de expresividad a un personaje se multiplica en esta obra al tener que abarcar tantos registros.




Es realmente enternecedor ver como una máscara se emociona, llora, ríe o se enfada, porque Kulunka Teatro consigue que sus máscaras sean elementos vivos de la escena. Los actores enmascarados nos transmiten sus emociones, sus gestos, sus sentimientos. El ritmo que le imprimen al montaje es intenso, emocional. Estos actores nos devuelven de lleno a la grandeza del cine mudo, con ellos vemos pasar ante nosotros a Buster Keaton o Chaplin, mostrando que desde el cuerpo se puede transmitir cualquier cosa, sin necesidad del lenguaje. En este caso la ausencia de texto potencia la idea de la soledad, de la incomunicación.




No podemos acabar la crítica sin hablar del otro punto que ha evolucionado claramente con respecto a su primer montaje, la escenografía. El modesto piso, que ya nos marca el ambiente tristón de la obra con su papel pintado y oscurecido por el paso del tiempo, las calles por las que deambula nuestro personaje en busca de compañía... Elegante y certera, Ikeme Giménez acierta de lleno en esta propuesta más elaborada pero que sigue transmitiendo la esencia de la compañía. A ello debemos sumar la elegante iluminación de Carlos Samaniego "Sama", para completar una puesta en escena impactante, sombría, pero portentosa.


Una historia aparentemente sencilla y cotidiana que está llena de dobles sentidos, de metáforas, de reflexiones entre líneas acerca de la sociedad, las relaciones humanas, la necesidad de sentir el cariño de la gente que te rodea o las insalvables (cada vez más) relaciones intergeneracionales.

Pero todo esto, contado por Kulunka Teatro tiene un aire mágico, de cuento, de maravilla hecha teatro. Una joya que nos muestra lo maravilloso que puede llegar a ser el cuerpo humano, capaz de transmitirlo todo sin necesidad de decirnos nada.

-----------------------------------------------------------------------------

Solitudes
Teatro: Teatro Fernán Gómez
Dirección: Plaza de Colón 4
Fechas: Martes a Sábados a las 20:00, Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 16€ en teatrofernangomez . Hasta el 25 de Febrero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

BUTACA DE PRIMERA EN INSTAGRAM