Teatro: "No fucking way" en la sala Intemperie Teatro


Siempre quise verme envuelto, como policía científico, en la escena de un crimen al más puro estilo de las series norteamericanas tipo CSI o Castle y el jueves pasado, al acceder a la sala Intemperie teatro y habiéndome leído la sinopsis de No fucking way, vi claro que aquel era el momento de disfrutar de esa escena en primera fila de esta renovada sala del circuito off madrileño.

Un amplio sofá-cama de un club de alterne en medio del espacio de la sala y una iluminación y sonido que ofrecen una profunda sordidez al lugar, dan la bienvenida al espectador que, pisando la alfombra tirada en el suelo, puede acceder a una de las dos filas que posee la sala en forma de U, lo que hace que, aun en el lugar más alejado del escenario, uno sienta el aliento del intérprete y se sumerja  hasta los huesos en esta vibrante historia por esa cercanía con los actores.



No fucking way nos lleva a indagar en la psicología de unos personajes de niveles sociales contrapuestos a los que la vida ha hecho tocar fondo y confluir en el lugar del crimen, el prostíbulo donde Lena y Maggie echan a perder sus vida controladas por Jack, el proxeneta y dueño del club que abusa de las chicas para ganar pasta a toda costa y que tiene planes muy distintos para cada una de ellas. Sin embargo, lo que Jack no sabe es que Lena y Maggie tienen sus propios planes en los que no entra su chulo. A pesar de todo, un hecho inesperado provocado por un cliente habitual de Maggie hará que la historia adquiera un giro inesperado que comprometerá al resto de personajes que irán apareciendo progresivamente en la historia y a los tres que se acaban de ser presentados.
Los hechos que se cuentan en la obra se desarrollan cronológicamente en tres espacios temporales claramente diferenciados que van alternándose para dar una mayor vertiginosidad a la acción que transcurre en dos espacios físicos, el propio prostíbulo en el que se comete el asesinato y una zona de descanso en un campo de golf.
El crimen es investigado por dos policías, Pevensey y Forbes que, con actitudes diametralmente opuestas (siempre hay un poli bueno y un poli malo, tanto en el tacto con los sospechosos como en su modus operandi), se verán envueltos en el singular homicidio también de manera muy distinta mientras preparan el lugar del crimen, guantes en mano.


El delito cometido en el club de alterne salpica la reputación de Robert Miller, un famoso escritor que se tilda a sí mismo de filósofo moderno pero que tiene una serie de perversiones ocultas ligadas a dicho club y también a su modélica mujer, Barbara.
Y por último, una periodista, Anna, gracias a unas fuentes de primera mano, trata de sacar a la luz toda la información relativa a los sucesos poniendo en juego su propia vida para destapar la verdad a toda costa.
La obra ofrece una puesta en escena fresca con unos personajes que deleitan al público gracias a la diversidad interpretativa de los actores que les dan vida, Judit García Rosado, Hugo Alejo e Iris Lezcano, que se meten en la piel de cada uno de ellos de forma sorprendente y van dando giros a esta trepidante historia que, si bien se desarrolla en 75 minutos, desde el patio de butacas parecen haber pasado sólo 15 por el ritmo acelerado de un hilo argumental que, desde mi punto de vista, es lo mejor de la propuesta escénica y que, por ello, no puedo dejar de pasar la oportunidad de felicitar a L. Paz Insúa, por su adaptación de la pieza escrita por Ida Casas Vilarasau, Toni Maçana y Judit Garcia Rosado. Un trabajo conjunto en el que caben destacar las grandes ideas, reflejadas de una manera muy amena, ambiciosa, atrevida y sin tapujos que reflejan una historia que, aunque a priori puede parecer muy alejada de la realidad, desenmascara  la ambición del ser humano, la decadencia a la que puede llegar y la capacidad para mentir cuando se trata de salvar el culo. 


Me gustaría destacar la capacidad de centrar la atención en personajes que, rompiendo la cuarta pared, se dirigen directamente al público para, como digo, captar su atención mientras se producen cambios en los personajes entre las distintas escenas que componen la historia. Concretamente en el personaje de Maggie, que es la prostituta encargada de dirigirse al respetable mientras da rienda suelta a la ludopatía que parece padecer.

Unos pocos objetos, además de los ya citados sofá cama y alfombra, componen una escenografía minimalista pero cuidada al detalle a la que podemos sumar un diseño de iluminación sencillo pero cautivador y unos medios musicales muy acordes con el resto de aspectos de esta singular historia. 


Judith García Rosado, polifacética actriz que no sólo actúa sino que también está formada en música y danza, ha participado, desde 2008 en varios cortometrajes, largometrajes y obras de teatro que han pasado por varios estilos. De una manera muy espontánea, jugando con el espectador y casi sin querer, nos deleita con su parte más cómica, pero ruda, aunque el ambiente en el que se desenvuelve sea desgarrador. Además, para demostrar su destreza sobre las tablas, no sólo enmascara el papel de una vulgar prostituta sino que toca el lado extremo enseñándonos que también resulta muy convincente como la mujer pija de un joven y triunfador escritor.
Hugo Alejo, el único personaje masculino, también formado en danza y teatro, lleva acumulando experiencia teatral desde 2006 compatibilizándolo con apariciones en televisión y cine. Hugo, hace al espectador agarrarse a la silla del teatro con su papel de tipo duro como proxeneta y dueño del club que regenta y, a la vez, cautiva como poli bueno por su manera de liderar un interrogatorio ante el que se encuentra con la presunta asesina e inquieta con su papel de afamado “pensador” con un trasfondo oscuro y sucio.


Iris Lezcano, la tercera actriz que cierra el triángulo, es licenciada en interpretación por la RESAD y es conocida por su aparición en series de gran audiencia televisiva como Sin tetas no hay paraíso, El comisario u Hospital central. Además, también está formada en baile y ha trabajado en varias piezas teatrales. De ella podemos destacar también su faceta para enmascarar distintos personajes que hacen que pueda mostrar al espectador su parte más sensible, como prostituta que desea salir de una vida llena de odio, su parte más canalla como poli dura y sorprendiéndonos con su destreza para hacer de periodista descarada y con el único fin de destacar a toda costa. 
La dirección corre a cargo de Laura Ortega. Cabe destacar la originalidad de las transiciones, la definición de cada personaje con el vestuario acorde para cada ocasión y los tintes cinematográficos que recorren la obra de principio a fin. Además, según se publicita, en cada representación las historias se alternan de manera distinta, y aunque yo sólo pude contemplar uno de esos encajes, este hecho da más originalidad al conjunto de la obra.
Verano y Humo, una compañía de teatro de reciente creación y a la que deseamos un exitoso futuro es la productora de esta pieza.
Sin duda, si lo que te apetece es ver algo distinto, enfrascarte en un misterioso caso policíaco con homicidio incluido y dejarte envolver por el suspense y la originalidad, No Fucking Way es una buena propuesta teatral.

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No fucking way
Teatro: Intemperie teatro
Dirección: Velarde 15
Fechas: Martes, miércoles y jueves a las 20:45

Entradas: Desde 12 € en Intemperie TeatroAtrápalo, Entradium. Hasta el 15 de febrero.





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