Teatro: "Lo(r)ca" en Nave 73

La sociedad española del siglo XXI es abierta de mente, respeta todo tipo de ideologías y fomenta la diversidad sexual. La necesidad de medidas orientadas a la protección del colectivo LGTB+ no es necesaria, ya que gracias a la actuación de numerosos partidos políticos se han frenado los ataques a esta comunidad. Ya nadie se sorprende por ver a dos chicas despidiéndose apasionadamente en una estación de tren o por tener un profesor transexual. Ni siquiera nadie reclama el "Orgullo Hetero" porque todos saben qué pasó el 28 de junio de 1969 en Stonewall




Si estás de acuerdo con el primer párrafo de esta crítica, lamento decirte que no eres el público más indicado para ver Lo(r)ca, aunque... Rectifico, eres el espectador que SÍ necesita verla para comprobar que los tiempos (no) cambian y que por muchas banderas de arcoíris que veas en los balcones de Madrid, la realidad es que en 2018 no vivimos over the rainbow.




Cuando te dispones a adaptar una obra de Lorca, conseguir que la propuesta brille por su originalidad es complicado al ser uno de los autores más adaptados. Por suerte, el hecho de que Lorca sea mainstream no frena a los directores y dramaturgos, y gracias a ello, en los últimos años hemos tenido interesantes adaptaciones como la que llevó a cabo Pablo Messiez con Bodas de sangre.

La propuesta de Lo(r)ca no ha descubierto las Américas en cuanto a originalidad, pero sí que lo ha hecho a la hora de innovar alterando un pequeño detalle de las obras del autor granadino: sustituir los personajes de mujeres por hombres, convirtiéndola así en un conjunto de tragedias homosexuales confrontadas a una realidad en la que homosexualidad se sigue considerando una enfermedad mental. Para ello, el director ha escogido fragmentos de Yerma, Doña Rosita la Soltera, La casa de Bernarda Alba y Bodas de sangre.




A priori, nada tiene que ver el conflicto de las hermanas de La casa de Bernarda Alba o el de la novia de Bodas de sangre con el que tiene que afrontar un homosexual en el siglo XXI y sin embargo, la elección de textos del israelí Barak Ben-David hacen que nos lo creamos. Porque a fin de cuentas, dejando a un lado el género, la esencia es la misma: personajes sometidos a una represión impuesta por una sociedad que no acepta sus conductas

Ser mujer en el siglo XX y ser hombre homosexual en el siglo XXI son para el director cuestiones muy similares y realmente ambas conducen a lugares comunes: ¿Qué opinará mi familia? ¿Me juzgará la gente del pueblo por mostrar mis verdaderos sentimientos? ¿Debo ocultar mi conducta para ajustarme a lo que la sociedad califica como "normal"? Federico conocía muy bien estos conflictos internos y es por ello que esta adaptación masculina de Lo(r)ca es efectiva y consigue lo que se propone.




Es un montaje muy arriesgado, sobre todo teniendo en cuenta que es el primero al que se enfrenta Barak Ben-David en España. Sin embargo, esta dosis de riesgo se percibe en el empeño que le ha puesto en esta coreografía actoral en la que se cuida hasta el más pequeño detalle, incluso al margen de la obra en sí, ya que antes de comenzar la representación nos dieron una carpeta a los espectadores que contenía el argumento de forma creativa.

Otro gran acierto, al margen del cambio de género, es el reparto conformado por Juan Caballero, Javier Prieto, Jorge Gonzalo y Raúl Pulido. Todos los personajes tenían varios roles según la obra de Lorca que se adaptara, y cada uno de ellos supo defender este cambio de registro.

El resultado es una vuelta de tuerca a la obra lorquiana, que siendo algo arriesgado y con un montaje experimental en ciertos aspectos, es disfrutable para el gran público. Por otra parte, Lo(r)ca no hace más que confirmar que todavía perviven las estrecheces de miras de hace un siglo y que por mucho Orgullo LGTB+ que veamos en los medios, hay otra realidad mucho menos orgullosa.


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Lo(r)ca

Teatro: Nave 73
Dirección: Calle Palos de la Frontera 5
Fechas: Domingos 11, 18 y 25 de febrero a las 19 horas
Entradas: Desde 12€ en Entradium y Atrápalo