Teatro: "La noche justo antes de los bosques" en la Puerta Estrecha


La soledad del inmigrante, del forastero, de aquel que se encuentra en un lugar desconocido rodeado de gente que le es ajena y desconfía de él. La angustia de estar en un lugar ajeno, en el que todo te resulta peligroso, en el que tienes miedo incluso de tu propia sombra. La necesidad de entrar con buen pie en un lugar, huir de la soledad que nos ahoga y nos debilita cada instante que pasa, buscar en el resto de la gente el salvavidas que nos ayude a sobrevivir a esta oscura noche lluviosa.




El poderoso texto de Bernard-Marie Koltés nos habla bien a las claras de las inquietudes que persiguieron a este dramaturgo francés en su corta vida (murió de Sida a la edad de 41 años), marcada por dar visibilidad a los marginados, a los asesinos, a los lobos solitarios que no tienen nadie que les mire y pasan desapercibidos para la gente. Personajes siempre al margen de la sociedad, expuestos siempre desde una cruda realidad que nos los muestra indefensos, solitarios, enseñando su lado más profundo y a la vez su intimidad más real.

Koltés se ha convertido por méritos propios en un cronista de lo más oscuro de la sociedad de su tiempo, creador de lugares en los que se entremezclan los más bajos fondos de las ciudades con los sentimientos más profundos de esos personajes a los que se acerca, moviéndose en la delgada linea que marcan estos seres anónimos, marginales, que son capaces de mostrar toda la cruda realidad que inundaba los suburbios de las ciudades a finales de los años setenta.




El autor de obras tan emblemáticas y potentes como "Combate de negros y de perros", "En la soledad de los campos de algodón", "La vuelta al desierto" o su póstuma "Roberto Zucco", muestra en esta pieza toda su amargura contra una sociedad que discrimina al foráneo. Un alegato en contra de un mundo que excluye al diferente y ahoga al solitario, al que vive fuera de lo establecido. A mitad de camino entre la realidad y lo poético, el autor ataca con máxima dureza a los cimientos mismos de su época, tambaleando lo políticamente correcto frente a las injusticias contra los más desfavorecidos.

"Entrar en el mundo de Koltés siempre es un desafío. La propuesta que se presenta desafía directamente la sensibilidad del espectador. Mostramos el mundo urbano en el que estamos llenos de pantallas, selfies, personas que bajan la mirada o la indiferencia del viandante ante lo que sucede alrededor. Todo esto y más está comprimido en este intenso monólogo de apenas una hora y cuarto" reconoce César Barló, director de este montaje.



Barló es fundador de la compañía Almaviva Teatro, responsable de este montaje. Formada en el año 2008 por alumnos de distintos cursos de la RESAD, Almaviva tiene dos líneas de trabajo. Por un lado dar una visión contemporánea a autores clásicos. De estos trabajos destacan "Fuenteovejuna. Ensayo desde la violencia", "Don Juan Tenorio" o "La Tempestad" de Shakespeare, que representaron la pasada temporada.
En una segunda línea de trabajo investigan sobre clásicos contemporáneos, buscando siempre un trasfondo social en el contenido de sus montajes. "El tiempo no se agota en los relojes"(homenaje a Jose Luis Sampedro a partir de su novela "Real Sitio") o "Worksoap. Copia de una copia" (versión libre de "El club de la lucha" de Chuck Palahniuk) acompañan a este desgarrador texto de Koltés en esta búsqueda de la denuncia y de poner al espectador ante una experiencia emocional.





Un hombre vaga por la noche parisina en busca de alguien que le escuche. Sólo quiere hablar, contar su historia a alguien, pero nadie parece tener el menor interés en escuchar lo que tiene que decir un inmigrante. Poco a poco, en su transitar por la noche oscura y lluviosa, se va encontrando personajes, hombres y mujeres con los que se cruzó, a los que no llegó a parar para contarles su historia, pero que ahora se agolpan en su cabeza. El recuerdo de toda la gente que pasó por su lado en este viernes gris, todas las personas a las que conoció en su transitar por la noche de un día cualquiera, en el que la empatía por el prójimo pasa de largo y sólo queda la soledad de quien se encuentra lejos de su hogar, en un lugar que le resulta desconocido y peligrosamente agresivo.



"Te empujan y te empujan, hasta llegar a Nicaragua, y a los de Nicaragua les empujan hasta llegar aquí" con esta frase repetida en diferentes momentos del monólogo, Koltés nos transmite  la angustia del inmigrante, del que se siente un intruso al que todos desprecian. Él solo quiere una persona a la que contar todo lo vivido, con el que poder hablar tras días de angustioso silencio, en el que nadie le escucha, en el que poco a poco, entre todos, le van ahogando y arrojando al vacío, ese vacío que nos golpea a todos: EL CAPITALISMO.

El texto es un brutal alegato social, entre un realismo desgarrador y un poético discurrir por un mundo lleno de trabas, una oscura noche que nos muestra lo más crudo de la emigración involuntaria, en el que las personas se sitúan al borde la sociedad, lejos de su lugar, de su hogar, de si mismos. 




Este angustiado inmigrante que deambula por la lluviosa noche parisina está encarnado por José Gonçalo Pais, en un alarde absoluto del dominio de sí mismo y de su cuerpo. Con su acento portugués, nos muestra un personaje asustado, malhumorado, enrabietado, destrozado, esperanzado, pero en todo momento vemos a alguien que no se encuentra en su lugar, nos muestra sus miedos en una interpretación bestial, que recorre todos los registros de la interpretación, de la más gestual y física a la más "textual", con un sinfín de registros apabullantes.

Sin duda la elección de Gonçalo es un acierto absoluto, lo da todo desde el primer instante al último, con momentos realmente desgarradores. Se deja la piel en cada movimiento, en una labor que nos congela el cuerpo, en un monólogo muy complicado, en el que debe transmitir una mezcla de sensaciones, sentimientos y angustias descomunales. La propia actuación nos aturde, nos avasalla, nos hace partícipes de sus miedos y sus inquietudes, en un espacio que nos atrapa, que nos deja encerrados en esta pequeña sala que es la sala de la Puerta Estrecha, un lugar que se convierte en el lugar donde todo ocurre, sin posibilidad de escapar a lo inevitable.



Pese a las dimensiones minúsculas de la sala, en ella ocurren un sinfín de cosas gracias al espacio escénico creado por Jacobo García que crea de la nada una ciudad entera, con sus callejones, sus grandes avenidas, sus puentes...una escenografía mínima pero realmente versátil, capaz de transportarnos por el alocado viaje del protagonista. Saca todo el partido a cada centímetro de la sala, utilizando las paredes para proyectar las imágenes que va grabando el inmigrante, con espejos cóncavos que nos muestran las distintas realidades del personaje, gradas que se convierten en puentes y sus bajos en paredes con graffitis, en el momento más loco y dulce de todo el montaje.





Una escenografía que no puede ser más austera y a la vez más eficaz, lo que nos acerca al mundo fronterizo que tanto frecuenta Koltés. La contundencia del montaje se completa con la iluminación, diseñada por el propio Barló, que crea ambientes lúgubres y angustiosos, llenos de aristas en las que esconderse para no ser descubierto.

El espacio que se va transformando al mismo ritmo que marca la locura del personaje, metido en una vorágine de sentimientos y sensaciones que hace mutar el espacio en lugares de lo más singulares, siempre presididos por un actor que domina el espacio escénico y lo hace suyo. En este lugar tan especial, marcado por las dimensiones de la sala, el actor se zarandea a si mismo a escasos centímetros de los asistentes, para crear más sensación de angustia. Por eso si eso fuera poco, proyecta primeros planos de si mismo sobre la pared para que nos sintamos aún más observados, más analizados.




Sin duda el montaje es apabullante, deja sin respiración y nos sumerge en una realidad a la que se puede ver abocado cualquiera, empujado por una sociedad compulsivamente competitiva, que expulsa a todo aquel que no se adapta a sus reglas. Una radiografía de la sociedad que, pese a pasar en París, podría ser la de cualquier gran ciudad, en la que nadie se preocupa por el prójimo y todos miramos para otro lado ante las injusticias y los personajes fronterizos como el de la obra.

No quiero dejar pasar la oportunidad de comentar la agradable sorpresa que me llevé al entrar en La Puerta Estrecha un lugar que no conocía y que me encantó, por su calidez, por su ambiente familiar y por el trato de la gente, que te hacen sentirte como en casa. Un lugar muy especial, al que he tardado en ir pero que no tardaré en volver...

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La noche justo antes de los bosques
Teatro: Teatro Puerta Estrecha
Dirección: Calle Amparo 94
Fechas: Jueves y Viernes a las 20:30.
Entradas: Desde 12€ en entradium, atrapalo. Hasta el 23 de Febrero



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