Teatro: "La esfera que nos contiene" en la sala Mirador

En un país en el que había un altísimo índice de analfabetismo, la figura de los maestros y maestras, que fueron los encargados de llevar la educación a los pequeños pueblos de toda la geografía, fue primordial para que niños y adultos pudieran llegar a tener una formación que se les había negado hasta ese momento. Esta es una de las muchas pequeñas batallas ganadas durante la República, que ayudó a alfabetizar a gran parte de la población, esos pequeños triunfos que no salen en los libros de historia pero que fueron trascendentales para el devenir de las personas.




Ireala Teatro ("Veranillo de un minuto") y La Caja Flotante ("Fuera de juego") nos presentan esta interesante propuesta sobre una época convulsa de nuestra historia reciente, en la que todo el país parecía estar en continua ebullición. Una etapa de la historia que acabó con un triste final (la guerra civil) pero que dejó infinidad de interesantes avances en lo social, como la labor de estos maestros que, lejos de acomodarse en las ciudades, se fueron por los lugares menos poblados de nuestra geografía para que niños y adultos pudieran tener una educación.



Este portentoso montaje nace del interés que suscitó en Leyre Abadía (protagonista de la obra) el maravilloso documental de Pilar Pérez Solano "Las maestras de la República", tras su visionado en 2013. Un relato que la marcó, y que ya al salir del cine tuvo claro que su siguiente trabajo debería acercarse a esas valientes. Luego aparecieron Ion Iraizoz (actor protagonista) y Carmen Losa, autora de este potente texto, que narra de forma majestuosa los primeros años del pasado siglo. Losa es autora de textos como "Dos hombres sin importancia", "Monstruos" o "Madres", todos ellos marcados por el compromiso social.




Losa asumió también la dirección de este proyecto, que va más allá de los personajes que se nos muestran es un fiel reflejo de nuestra Historia más reciente, un duro y abrumador recorrido por una inestable etapa, en la que las personas anónimas se convertían en héroes. La autora reconoce que el texto nace de las memorias de la profesora Josefina Aldecoa: "Nunca han oído estos niños una explicación sobre el lugar que ocupa la Tierra en el Universo, Europa en la Tierra, España en Europa. Creo que ni siquiera están seguros del punto de España en que se encuentran. Les entusiasma el descubrimiento de los movimientos de la Tierra, el paso del día a la noche, la marcha de las estaciones. He encargado a Lucas, el guía que me trajo, un globo terraqueo".


Este tema convierte el montaje en un documento histórico importante, reflejo de una España en continuo cambio, lleno de leyes, pero también de ilusiones. Un país que cambiaba casi a diario, con el compromiso de unos docentes que con sus ganas y su compromiso ético, soñaron con dejar una sociedad para los que habían de llegar. La cultura y la docencia que se abrieron paso por los caminos de nuestro país. Sucesos que acabaron en injusticias, dolor, desolación y persecuciones al comienzo de la guerra. Historias que nos han pasado inadvertidas por nuestra desmemoria (o por nuestra falta de interés, como sociedad, en la Memoria), de un pasado demasiado cercano para haberlo olvidado.


Dos maravillosos actores que llegan a interpretar hasta dieciocho personajes que nos trasladan a distintos lugares, a distintas épocas. Personajes de ideologías muy distintas, de pensamientos contrarios. Personajes cargados de odio, de ternura, de pasión, de ganas de cambiar las cosas, reflejo de una España que no paraba de cambiar. El montaje se convierte en un viaje por la segunda República, en un recorrido casi documental de una época tan interesante como convulsa, en la que un país lleno de sueños, despertó en una pesadilla.

La obra es una sucesión de escenas que nos hacen viajar a los largo de los primeros años del siglo XX, por algunos de los momentos más importantes de nuestro país, contados por diferentes personajes, desde la ilusión en los ojos de dos convencidos maestros de escuela a la mirada de sus hijos, de la turbia y sanguinaria mirada de un falangista a la de un cardenal, y de todos los personajes que les rodeaban en los distintos episodios de la Historia.




Leyre Abadía e Ion Iraizoz son los encargados de desdoblarse en esos personajes tan antagónicos entre si. Desde los más radicales a los más tiernos, los dos actores mantienen la esencia de cada uno de ellos, con rasgos significativos en cada caso, que los hacen muy diferentes y reconocibles. Los personajes de Iraizoz son más extremos y viscerales, mientras los de Abadía se mantienen dentro de un tono más moderado (aunque dos de los momentos más potentes corren a su cargo, en sendos monólogos que nos dejan helados). Dos verdaderos animales escénicos que bordan cada uno de los personajes, con la dificultad que tiene el cambiar en tan poco tiempo de personajes tan diferentes.



El montaje se completa con voces en off que hacen las veces de narradores, imágenes que nos van situando en cada nuevo salto temporal, convirtiendo el resultado en una obra a mitad de camino entre el documental y la historia de los profesores, que se va vertebrando con los hechos que les tocó vivir en aquella época. Un cuidado montaje, en el que todo se sitúa en su justa medida, con una dulzura y delicadeza que contrasta en muchos momentos con la crueldad de lo que cuenta.



Una cuidada escenografía, perfectamente diseñada por Iruña Iriarte, nos muestra infinidad de lugares de lo más diferente con los elementos justos en escena, mostrando lo esencial para crear cada una de las escenas que se quieren mostrar. A ello se une el vestuario (también diseñado por  Iruña Iriarte) que se acaba convirtiendo en un elemento más de la escenografía, y la iluminación (diseñada por Nacho Vargas) esencial para crear ambientes tan distintos. El montaje visual que nos sirve de eje conductor ha sido diseñado por Ion Iraizoz y Luna vídeo, mientras que la música corre a cargo de Mariano Marín.

El conjunto final es de una belleza deslumbrante, que nos deja helados por lo que cuenta pero nos seduce por la forma en que lo hace. Un montaje necesario, en el que se intenta poner en valor a un grupo de personas que creían en sus ideales, que necesitaban ser útiles y ayudar a los demás. En esta época en la que la educación (al menos el acceso a ella) está tan normalizado es interesante poner en valor a aquellos que lucharon porque esto fuese así.
Un interesante ejercicio de memoria histórica y de reconocimiento a una época en la que la gente aún se movía por ideales y se pensaba en el interés común, y en la idea de hacer una sociedad mejor para los que vendrán detrás de nosotros. Un ejemplo de dignidad y de lealtad a unas ideas.
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La esfera que nos contiene
Teatro: Sala Mirador
Dirección: Calle Doctor Fourquet 31
Fechas: Viernes y Sábados a las 20:00, Domingos a las 19:30.
Entradas: Desde 14€ en lamirador. Hasta el 4 de Marzo.


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