Teatro: "El árbol" en Teatro Abadía

Entrar en la sala José Luis Alonso del teatro La Abadía es sumergirse en una gran torre de Babel, un amalgama de culturas, lenguas y mestizaje en la que nos reciben las ramas de un árbol, que será el centro de expectación por parte del público, pero sobre todo en torno al que girarán vivencias, conflictos y emociones.








Con la crónica de la actualidad más dramática, "El árbol" de Odin Treatret cierra su "Trilogía de los inocentes", después de la "La vida crónica" y "Las grandes ciudades bajo la Luna", también representadas con gran éxito de crítica y público en el Teatro La Abadía, cerrando un círculo lleno de imágenes bucólicas y grandes ensoñaciones pintorescas.



No esperen ver un montaje con un formato al uso. Nos encontramos con el concepto de "tercer teatro" o "teatro antropológico", no lo calificaremos como una nueva forma expresiva, intentaremos analizarlo como lo define Eugenio Barba en sus escritos y conferencias, ya que el teatro en motor de cambio, con el que se pueden establecer relaciones más humanas, intentando realizar una célula social en la que las intenciones, las aspiraciones, las necesidades personales, empiecen a transformarse en hechos. 

Odin Teatret es una agrupación teatral ubicada en Holstebro (Dinamarca), fundada por el director de teatro italiano Eugenio Barba en 1964. El Odin es además, la base de la International School of Theatre Anthropology (ISTA, Escuela Internacional de Antropología Teatral) fundada en 1979 también por Barba, y del Centre of Theatre Laboratory Studies (CTLS), fundado en 2002.



De este modo y con esta premisa nos presentan una puesta en escena en la que se dirigirán a nosotros en inglés, español, italiano, danés, balinés y bengalí, ejemplificando que hasta en los lugares más recónditos del mundo, hoy en día hay horror y guerra. Podemos hablar así de la guerra inter-tribal en Liberia, la masacre de Srebrenica, la ocupación de los soldados del ISIS de la ciudad de Sinjar al norte de Iraq o las guerras civiles que han vivido muchos otros países. Será por tanto, en muchas ocasiones, la gestualidad y la intensidad de los actores la que nos haga entender cada situación, cada estado que se sucede en la puesta en escena.




Es una representación extremadamente dura, en la que veremos a niños soldados, señores de la guerra, o como en Nigeria una madre descansa a la sombra del árbol del olvido, teniendo en sus brazos la cabeza de su hija escondida dentro de una calabaza. Momentos y personajes demoledores que nos van mostrando como la vida es desgarradora, como hay lugares de este planeta en el que se viven situaciones horrorosas. Un montaje tan duro como espectacularmente visual, con momentos de gran belleza, pese a la cruda realidad que se narra.



Se darán situaciones en las que un señor de la guerra explica la necesidad de la limpieza étnica, a un señor de la guerra africano que realiza un sacrificio humano para volver invulnerables a su ejército de niños soldados antes de la batalla. Recordaremos torturas leídas en los periódicos, vistas en el cine... o quizás vividas. Pero sobre todo es un grito a la esperanza, porque más allá de las masacres más cruentas siempre habrá vida y posibilidad de cambio.



Esta obra nos enseña algo fundamental, si volvemos a nuestro yo más esencial, al ser más profundo de nosotros mismos, volveremos a ser niños y entender la tolerancia al otro y el respeto a la tierra como la parte más esencial y vital del ser humano. ¿Recuerdan cuando no sabían qué era la maldad? Ya no lo recordaremos porque nos hemos alejado demasiado de la parte más pura que se nos muestra en "El árbol".

Se plantea un concepto antropológico a la vez que místico. Consiguen en el espectador un juego de emociones, un carrusel de sentimientos que nos removerá todo nuestro ser.



En esta sociedad en la que se contempla el mal y la guerra como algo normalizado, planear en escena narices de clown supone una parte tan seria como esencial de cada uno de los personajes, ya que desde el estado clown dos monjes yazidíes plantaban un árbol para atraer de nuevo a los pájaros, y la hija de un poeta soñará como soñaba cuando era niña irse volando con su padre. Si ustedes logran conectar con la esencia que nos plantea, entenderemos que estamos muy lejos en nuestros días de esta máxima. Que necesitamos volver a nuestro estado más esencial para poder comprenderlo. Sólo un elenco como el compuesto por Odin Teatret bajo la dirección de Barba podían conseguir algo así.



Un trabajo excepcional por parte de un maravilloso elenco compuesto por Luis Alonso, Donald Kitt, Julia Varley, Kai Bredholt, I Wayan Bawa, Roberta Carreri, Iben Nagel Rasmussen, Carolina Pizarro, Parvathy Baul, Elena Floris y Fausto Pro. El canto, la música instrumental y un sublime trabajo corporal que nos hará sentir el dolor pero también el ansia de libertad y solidaridad entre los pueblos.




Con una labor técnica impecable de música e iluminación, y efectos que harán que el espectador sea uno más entre el caos y la barbarie. Elementos que dan empaque a un montaje lleno de momentos sublimes, casi pintorescos.

Una obra tan real que duele, pero igual de esperanzadora, un canto que llama a la esencia de nuestro yo más humano. Una obra que no nos dejará indiferentes, les hará reflexionar sobre qué mundo estamos construyendo entre todos. En definitiva, una importante herramienta de cambio social.

Siempre volverán los pájaros, fugle i faver, siempre vuelve la vida.



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El árbol
Teatro: Teatros Abadía
Dirección: Calle Fernández de los Ríos 42
Fechas: Miércoles, Jueves, Viernes y Sábados a las 19:30, Domingos a las 18:30.
Entradas: Desde 24€ en TeatroAbadia. Hasta el 18 de Febrero.


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