Teatro: "Usted tiene ojos de mujer fatal...en radio" en el Teatro Fernán-Gómez


Enfrentarse a un clásico como este para darle un nuevo rumbo suele resultar cuanto menos arriesgado. En este caso el riesgo se torna en triunfo, tomando el texto de Jardiel Poncela simplemente como punto de partida, como excusa para el montaje, como los cimientos sobre los que construir una historia que va mucho más allá del texto original. Los entresijos de lo que puede ser la preparación de una obra (una lectura dramatizada en este caso) siempre son un aliciente para el espectador, para el que todo lo que ocurre detrás de la escena es un mundo desconocido. Mostrar, aunque sea de forma muy tangencial, este proceso es otro de los puntos fuertes de un montaje que no deja al público indiferente.








Debo comenzar esta crónica diciendo que no soy del todo objetivo con esta gente, ya que me considero muy fan de todo lo que he visto en los últimos meses dirigido por Ramón Paso. Pero también he de reconocer que este nuevo montaje es un paso más en su gran repertorio, una nueva muestra de su inmenso potencial, en el que imagino, sería su montaje más complicado. Hacer una versión de alguien que ha sido tu maestro debe ser complicado y te pone ante un nivel de exposición mucho más alto que en otras ocasiones. Pero lejos de amilanarse, Ramón tomó como punto de partida el texto de su bisabuelo Jardiel Poncela para convertirlo en una obra espléndida, llena de una frescura y diversión al nivel del texto original, la comedia corre por sus venas....



En los últimos tiempos, Paso se ha convertido en uno de los autores que más representa en el off madrileño, siendo el autor de algunas de las obras más brillantes de los últimos tiempos. "La ramera de Babilonia" fue mi primer contacto con el autor y sus fabulosas actrices. Un montaje brutal que me puso tras la pista de lo que sería una compañía referente para mi en el pasado año. "El síndrome de los agujeros negros" (que regresará próximamente al Lara) me dejó impactado por la poética y belleza que transmitía cada una de sus pequeñas joyas. Para terminar, "Otra noche perfecta" me confirmó las sensaciones de las anteriores, con pequeñas piezas en las que darían ganas de indagar más


Si algo destaca por encima de todo en las obras de Paso son los personajes femeninos, trazados con minuciosidad e interpretados con brillantez por actrices extraordinarias como Ana Azorín, Angela Peirat, Inés Kerzan (las tres que participan en esta obra) o Elisa Pelayo, que en esta ocasión no comparece en escena pero ejerce de ayudante de dirección (en un paso más en lo que es esta gran familia que forma la compañía Paso Azorín). Actrices sobre las que cimienta Paso todos sus montajes y que en este caso comparten protagonismo con personajes masculinos de importancia dentro de la obra (en sus montajes anteriores los personajes masculinos son inexistentes o muy secundarios), en un montaje en el que todos los papeles parecen tener una relevancia, en el que cada interpretación luce con su propia intensidad.



Porque Paso es ante todo un director de actores, de los que consigue sacar todo lo que llevan dentro para conseguir de cada personaje un potencial protagonista. Es poco habitual encontrar un montaje en el que cada uno de los personajes nos interese de forma individual casi tanto como dentro del montaje colectivo. En este caso, los personajes de Ángela Peirat y Carlos Segui, secundarios en el montaje pero principales en cada escena en la que participan, consiguen que nos interesemos por cada personaje como elemento individual, como pieza artística singular que encaja en un conjunto pero también es interesante como elemento singular (o en este caso también como pareja artística, geniales sus peleas durante la obra).


En esta vuelta de tuerca a uno de los textos más representados del pasado siglo, Paso utiliza la universalidad del texto para plantear una dura crítica sobre la vida en este país durante la dictadura, en una época, desgraciadamente muy cercana, en la que te podía pasar cualquier cosa por ser diferente, por no hacer lo que se te ordenaba, o por tu simple condición sexual o manera de vivir. El autor lanza durante toda la representación, dardos envenenados para hablar de lo difícil que resultaba la vida en aquellos años. Con un maquillaje de comedia, la obra tiene un profundo poso de protesta, a la vez que de homenaje a toda una generación que pese a todo siguió haciendo teatro (y radio) en aquellos años.



En una preciosa y precisa balanza va colocando el autor los biográficos de su bisabuelo con los momentos clave del texto que escribió. En un divertidísimo ejercicio de malabarismo teatral va entrelazando dos historias de amor, que por momentos se solapan, para dar escenas realmente geniales, en las que todos los personajes deambulan en busca del amor pero no tienen claro si buscan el real o el imaginario, lo cual lleva a conflictos desternillantes.



La historia gira en torno al personaje que interpreta Ana Azorín, que pasa de chica de la limpieza a estrella del teatro a lo largo del montaje. Eje fundamental de la obra, la interpretación de Azorín es inmensa, con momentos de locura total al más puro estilo de Lina Morgan, momentos de ingenuidad absoluta que llevan a varios de los momentos más brillantes de todo el montaje, pero sobre todo un dominio de la escena en todo momento que la hace acaparadora de todas las miradas, de las intenciones, de la escena en si misma.



A su lado los dos personajes masculinos que la descubren y la "sufren" intentan poner en contrapunto de moderación necesario en el comienzo de la historia, para poder situar la historia y sentar las bases de lo que vamos a ver. Juan Carlos Talavera (que interpreta al impulsor de la idea de llevar la obra al teatro) y David Zarzo (que interpreta al propio Poncela, autor de la obra) además de "lidiar" con Azorín, son los encargados de contextualizar la obra, protagonizando los momentos más serios, aunque siempre duran poco debido a la aparición de Azorín.


Completan el reparto tres actores que dan un aire distinto a la escena en cuanto aparecen. Inés Kerzan interpreta al gran amor de Poncela, que vuelve después de abandonarlo para interpretar un papel en la obra. Como es de esperar el papel de Kerzan tiene un papel que se debate entre su amor por el autor y el que debe interpretar en la radio, lo que le lleva a ser un personaje en constante alteración. Por su parte Ángela Peirat y Carlos Segui son los personajes más desbocados de la historia, dando la réplica a cualquiera de los personajes con momentos de lo más surrealista. Dos interpretaciones que se quedan cortas en el tiempo debido a lo alocado que se vuelve todo en su presencia.



Como es habitual en Paso, sus montajes carecen prácticamente de escenografía, dando el protagonismo absoluto a los actores. Esta obra no iba a ser menos y con una mesa, unas sillas, una escoba y un micro, consiguen solucionarlo todo, para que más en un texto tan redondo y con unas interpretaciones que merece la pena degustar sin "aditivos".... Esta obra pone de manifiesto lo universal de la obra de Poncela, que siempre nos traslada a unos lugares que permanecen inamovibles un siglo después.

Ramón Paso ha vuelto a hacer una obra redonda, en la que nadie debe buscar el texto original, pero si la esencia de Poncela, en un humor que parece venir en los genes familiares. La solvencia con la que este montaje mezcla realidad y ficción nos habla a las claras de lo interesante del montaje, marcado por una historia que habla de muchas cosas de forma velada (como se hacía en la época a la que hace referencia) pero enmarcadas en una comedia muy divertida, surrealista por momentos, que hará las delicias de los seguidores de Poncela... y de los de la compañía PasoAzorín.
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Usted tiene ojos de mujer fatal...en la radio
Teatro: Teatro Fernán-Gómez
Dirección: Plaza de Colón 4
Fechas:  Martes a Sábados a las 20:30, Domingos y festivos 19:30.
Entradas: Desde 14€ en teatrofernangomez. Del 27 de Diciembre al 21 de Enero.