Teatro: "Todo el tiempo del mundo" en el Pavón Teatro Kamikaze

Una zapatería, una aparente tarde tranquila en la que todo se desarrolla con aparente normalidad es el punto de partida de este viaje por los distintos estratos del tiempo, en los que pasado, presente y futuro se entrelazan para dar lugar a una historia llena de misterios, en la que nada es lo que parece, pero todo encaja a la perfección en el cómputo global del montaje. Una historia que se nos va mostrando en diferentes estratos, en diferentes realidades, para que lleguemos a comprender lo importante que es vivir el momento.


Pablo Messiez, uno de los autores con mayor sensibilidad, tanto al escribir como al dirigir, vuelve a sumergirnos en una historia de realidades múltiples, en la que realidad, ficción, sueños o locura se entremezclan para dar como resultado una obra redonda, en la que todo encaja a la perfección, a la que no le sobra ni le falta nada. En un juego con los distintos espacios temporales, Messiez juega con el pasado, el presente y el futuro con una maestría tal, que no nos sentimos aturdidos en este continuo vaivén por los distintos episodios de la vida del protagonista, el señor Flores (inspirado en el abuelo del propio autor). Un juego de realidades y ficciones que se entremezclan para ir mostrando en cada momento lo que la historia necesita.



"Si el pasado está hecho de relatos y el futuro está hecho de deseos, ¿En qué lugar entre las palabras y las cosas se encuentra nuestro presente?"

Con este filosófico planteamiento como eje principal de la obra, el autor nos habla del amor, del miedo, de la inseguridad, de la vida. Un esquema que nos hace volar para divisar lo que es, lo que ha sido, lo que va a ser, la vida de este peculiar zapatero, que se cruza con personajes de lo más surrealista para ir conociendo (o reconociendo) su propia vida. Unos seres que acuden a su encuentro cada noche, al cerrar la puerta, para abrirle de par en par las puertas de su vida. Una obra que habla de "como los recuerdos son un poco una construcción, lo que queda como recuerdo es aquello que elegimos contar, aquello que decidimos nombrar" según palabras del propio Messiez.


¿Qué pasaría si todo el mundo olvida algo que sucedió realmente? ¿Quá pasa si algo que nos ocurrió en el pasado lo olvidamos y nadie lo recuerda? ¿Se podría decir entonces que no sucedió? Si todo el mundo olvida algo ¿Es como si no hubiese existido? estas reflexiones que se hace el protagonista de a obra nos mete de lleno en una reflexión sobre el pasado y nuestros recuerdos, que siempre serán subjetivos. Esos recuerdos que llegan a nosotros de cierta manera, y muy distinta que a otras personas que también lo vivieron, es el eje principal sobre el que gira esta onírica propuesta.



La historia se desarrolla en la zapatería de señoras de Flores, un entregado dependiente que vive ensimismado en su tienda. Pero al cerrar la tienda comienza a tener visitas de lo más inhóspitas, personajes que le hablan de su propia vida, dándole detalles que solo él conoce. Personas capaces de hablarle de su pasado y de su futuro con tal certeza que Flores duda del tiempo en el que están ocurriendo las cosas. Cada noche al cerrar la tienda parece como si el tiempo se parase para enlazar toda su vida en un instante, mezclando recuerdos del pasado con deseos futuros, mientras lo menos cierto es qué es el presente.



Para este onírico viaje por los distintos pasajes de la vida, Messiez cuenta con la compañía Grumelot, y juntos hacen un trabajo delicado y soberbio, pura orfebrería teatral, tallando cada personaje con la máxima ternura y delicadeza. Cada uno de los actores brilla con luz propia, transmitiendo a su personaje una identidad propia, cargado de misterio y mucha sensibilidad. Íñigo Rodriguez-Claro está descomunal en el papel del señor Flores, mientras María Morales le da la réplica perfecta en el papel de Nené. El resto del reparto, formado por Carlota Gaviño, Rebeca Hernando, Oscar Velado, José Juan Rodríguez y Mikele Urroz, ponen su granito de arena para que cada escena sea memorable.




Íñigo Rodríguez-Claro se convierte en un grandioso ser que evoluciona hacia la locura, justo antes del momento en que descubre su propia realidad. Un papel maravilloso, lleno de recovecos y de aristas que se van puliendo hasta convertir al dependiente en un ser destrozado, aniquilado, que como el ave fénix, resurge de sus cenizas para acabar en un estado de bienestar absoluto, de tranquilidad tras la tormenta de emociones que acaba de atravesar.

Junto a él, María Morales se convierte en su fiel escudero, encarnando a Nené, el personaje que lo mantiene en contacto con la realidad. Este personaje se va haciendo cada vez más cercano, pasando de ser una enérgica dependienta con ganas de salir de trabajar, a convertirse en un salvavidas para Flores, el elemento de ternura y cariño que puede salvarle y conseguir que todo encaje, que la vida vuelva a tener sentido.



Pero como en todos los montajes de Messiez, el trabajo de los actores es sólo una de las piezas del puzzle que nos plantea. En este montaje, y casi al mismo nivel que el texto y los actores, destaca la escenografía, que nos traslada a una preciosa zapatería de los años cincuenta. Pero el ambiente que se genera va más allá que el espacio que se genera en la tienda, crea un ambiente de cuento, una atmósfera a mitad de camino entre los sueños y los recuerdos. Elisa Sanz es la encargada de diseñar la escenografía, que nos atrapa desde que entramos en el teatro. Paloma Parra contribuye con la iluminación a crear una atmósfera de fábula, de ensoñación. 




Pero todo en los universos de Messiez forma parte de un todo global, a mitad de camino entre la realidad y la ficción. Mundos que se entrelazan para hablarnos del tiempo, pero también del amor, que parece ser el faro que guía el destino de nuestro protagonista, lo único que puede salvarle de si mismo. Las historias, en sus distintas etapas, conviven de forma simultanea para crear un universo confuso, un limbo en el que conviven todas las realidades posibles (las pasadas, las presentes y las futuras).




La historia se desarrolla al borde del abismo en todo momento. Un flujo de imágenes, de frases que ponen la situación al límite, con situaciones aparentemente surrealistas que van encajando como las piezas de un rompecabezas. En este precipicio al que se asoma Flores podremos ir conociendo su vida, a su familia, y todo lo que le llevó a ser quien es. Nos muestra sus secretos más oscuros y sus momentos más felices, en un crisol de recuerdos que nos hace ir componiendo la realidad del personaje.



Pero sin duda estamos ante un viaje maravilloso, cargado de sensibilidad y con una fuerza formal impactante. Messiez nos regala parte de sus recuerdos de infancia para hacernos disfrutar a todos de este onírico cuento, en el que el pasado, el presente y el futuro se entremezclan para mostrarnos toda la realidad de la vida. Un presente que se convierte en eterno y que nos deja anclados en esta maravillosa zapatería incluso mucho después de haber salido del teatro.

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Todo el tiempo del mundo
Teatro: El Pavón Teatro Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Miércoles, Jueves y Sábados 20:30, Viernes a las 20:00 y Domingos a las 18:00.
Entradas: Desde 21,30€ en teatrokamikaze. Hasta el 28 de Enero


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