"Las preciosas ridículas" en Karpas Teatro

El gran Moliere se dio a conocer con esta comedia en el París más exigente y glamuroso. Pero justo por ello, la obra es una ácida y divertida crítica a la burguesía de la época, gente que alardeaba de su cultura y su ingenio, mirando por encima del hombro a todo el que no fuese como él. En esta pieza, las "preciosas burguesas" acaban ridiculizadas por su soberbia y prepotencia, algo que sigue muy de actualidad, en este tiempo de postureo máximo, en el que sólo interesa lo que la gente ve de ti, y muy poco lo que eres en realidad. 


Vamos a hablarles de amor al teatro, sin fisuras ni ambages.
Entrar en Teatro Karpas en pleno centro de Madrid, es una de las oportunidades más hermosas que puede tener un amante al teatro. Recordaremos al entrar los cuadros de Renoir. En una sala de dimensiones reducidas, encontraremos todas las pinceladas de un gran teatro, que nos irán indicando qué tipo de estructura nos vamos a encontrar.
Un lugar acogedor, exquisito y de gran respeto al público que parece proyectar como el actor que proyecta la voz, que seamos exigentes y respetuosos como lo es la sala con nosotros, y que juntos convengamos que la esencia del teatro clásico no se pierda, más aún se difunda.



Aún no hemos llegado a lo que ya intuimos será la platea de un teatro y viene a nuestra mente La Ópera Nacional de París. Y así fue, nos encontramos con un gran teatro en dimensiones reducidas, en el que entendimos que las entradas no sean numeradas, pues desde cualquier asiento se puede disfrutar perfectamente de la obra. Si te dejas embrujar por la energía que se crea en este lugar (como nos pasó a nosotros) durante setenta y cinco minutos te situarán en el París de 1659, en el Théatre du Petit-Bourdon, donde se representó la obra por primera vez, si bien con el encanto de sentir a los actores a escasos metros.



Manuel Carcedo, laureado autor, director y cofundador de Teatro Karpas, dirige de un modo brillante a un elenco de actores con una complicidad fuera de lo común. Moliére, Carcedo y el elenco constatan una perfecta sincronía. Pareciera como si ambos (Moliere y Carcedo) se hubiesen sentado a charlar en Terrase du café le soir y ambos hubiesen puesto en común sus impresiones sobre el preciosismo burgués o la superficialidad y la pérdida de valores en nuestro tiempo.



Gorgius, interpretado por Alberto Romo, nos recibe llenando el escenario con su presencia, el actor arropará con su resolución y acometividad todas las escenas en una interpretación sobresaliente. Marotte, interpretada con denuedo por Maite Vallecillo, nos divertirá con sus idas y venidas a las peticiones de las damas, y será cómplice Gorgius en su objetivo de casar a dos damas de costumbres refinadas y elegantes. Dos caballeros que parecen no ser suficiente para ellas y traman engatusarlas con engaños. Con este sencillo hilo conductor se desatará un entramado que, por un lado nos mostrará las costumbres de la sociedad burguesa en el París del siglo XVII, y por otro nos hará llorar de risa. Una sátira que nos mostrará los complejos y el ansia por ascender en la escala social de la sociedad burguesa.




El comediógrafo Moliere, a través de Carcedo, llevará hasta el más absoluto de los ridículos a las dos elegantes damas, gracias a un trabajo impecable de Lucía Esteso en su papel de Madelón y Elena Jiménez como Cathós, que parecen en muchas ocasiones ser la misma, mostrando con su complementariedad en el carácter, escenas absolutamente desternillantes. Porque les adelantamos que si una es refinada, la otra intentará serlo mucho más que la anterior.





Les acompañan a lo largo de toda la función Jorge Peña como el Marqués de Mascarilla y Raúl Peñalba como el Vizconde de Jodelet. En definitiva, dos farsantes que conquistarán a las damas. Una excelsa actuación por parte de ambos actores, donde vemos a Peñalba dejándose guiar en todo momento por Peña, en un trabajo excepcional de escucha activa y consciencia espacial, destacándose esta diacronía cuando ambos dialogan en proscenio, ya que el Marqués de Mascarilla es el encargado de dirigir el engaño y el vizconde de Jodelet no hace sino seguir la farsa.

En algún momento el Marqués de Mascarilla sutilmente romperá la cuarta pared haciendo al público partícipe de lo que sucede, pero de tal modo que no nos sacará en ningún momento de la casa burguesa en la que acontecen los hechos.




Se aprovecha hasta el último centímetro del escenario, creando juegos de luces originales que dotan a la obra de una calidad técnica inconmensurable. En ocasiones, todos los actores en escena, se desplazan armónicamente por el escenario, consiguiendo eliminar toda profusión de ruido o elementos innecesarios. Un ballet de palabras y movimientos que no es óbice para que no paremos de reír durante toda la función.

La caricatura y el absurdo toman máxima expresión gracias a la escenografía y vestuario barroco de la mano de Manuel Mª Grimaldi, que se fusiona perfectamente con el planteamiento de la época, pero más aún de esta comedia.




Pudimos disfrutar, en definitiva, de comedia con mayúsculas. Setenta y cinco minutos de pura comedia. Al finalizar la función, el patio de butacas al completo aplaudimos incesantes la puesta en escena. Salí de allí preguntándome como era posible que no conociese ese lugar tan maravilloso, y por suerte desde hoy seré un asiduo más.

Si se quiere disfrutar de buen teatro, déjese embrujar por la magia de esta compañía, ríanse y disfruten mucho de este espacio. Les aseguro que se convertirá en la sala imprescindible como ya lo es para mi desde la pasada noche.


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Las preciosas ridículas
Teatro: Teatro Karpas 
Dirección: Calle Santa Isabel 19
Fechas: Sábados a las 19:00 y a las 21:00.
Entradas: Desde 13€ en karpasteatro, taquilla.com, atrapalo. Hasta final de temporada.


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