"El ángel exterminador" en Teatro Español

Es sin duda una de las joyas del cine, una de las películas más relevantes del que para muchos es el mejor director español de la Historia. Afrontar esta versión no debe ser fácil, es un reto en el que tienes mucho que perder y poco que ganar, ya que las comparaciones pueden llegar a ser odiosas, y más cuando debemos mirarnos en una historia tan singular como esta. El principal interés de la propuesta es llevar todo lo planteado por Buñuel a nuestros días y mostrar como sigue de rabiosa actualidad. Poder llegar a ver el mundo que nos rodea con los ojos del maestro, con esa visión suya tan ácida y surrealista.







La idea de esta majestuosa iniciativa parte de Carme Portaceli, directora del Teatro Español, cuando hace unos meses le propone a Blanca Portillo llevar a las tablas la impactante película. Tras las dudas iniciales y el vértigo ante tremendo reto, Portillo volvió a ver la película y se sintió igual de fascinada que la primera vez.  "El ofrecimiento de Carme me pareció una invitación peligrosísima". Tras mucho meditarlo se lo propuso a Fernando Sansegundo (quien ya había colaborado con ella haciendo la adaptación de "La avería"). "Es una locura, pero se puede hacer", fue el empujón definitivo que necesitaba la Portillo para lanzarse a por este ambicioso proyecto. 



Blanca Portillo es, sin lugar a dudas, una de las figuras más relevantes de la escena nacional. Ha cosechado innumerables éxitos tanto en el cine, en la televisión, pero sobre todo en el teatro, donde es un referente como intérprete y como directora. Aparca para este gran proyecto la gira de "El cartógrafo", su último gran papel que lleva más de un año de gira. Tras dirigir al comienzo de su carrera algunos montajes, entre los que destacó "Shakespeare en pedazos", pasó una larga etapa centrada más en la interpretación. En 2011 revolucionó a propios y extraños con "La avería" y un par de años volvió a la dirección con una versión muy particular de "Don Juan Tenorio".

Para la difícil tarea de "enfrentarse" al universo Buñuel, la Portillo cuenta con Fernando Sansegundo, colaborador habitual de la actriz, para escribir este texto que, teniendo muchos puntos en común con el original, se ha adaptado a un lenguaje más teatral. La directora intenta con este montaje "mirar el presente a través de los ojos de Buñuel", algo bastante complejo debido al mundo tan particular del director. El montaje se apoya en una apabullante puesta en escena, muy del estilo de Tomaz Pandur, el gran maestro de la actriz y directora, al que hace su particular homenaje.



Las continuas comparaciones y alusiones a la película son inevitables, ya que está en el imaginario colectivo, tanto para los espectadores como para los propios autores y actores de la obra. Sin lugar a dudas ese debía ser uno de los elementos a investigar en esta actualizada revisión de la historia. "La película ya existe, convertirla en teatro es distinto, es una visión teatral del clásico, hecho con ojos de hoy y que sea eso lo que atraiga y haga reflexionar, divertirse y llevarse un buen banquete teatral" es la premisa en la que se basó Portillo a la hora de embarcarse en el proyecto. El propio lenguaje teatral debe ser el que marque el camino para transformar la película, "La idea fue trabajar con medios absolutamente teatrales. El teatro trabaja mucho más con la imaginación. El espectador es más activo, elige y hace su lectura personal".



Las herramientas del teatro, dice Portillo, nos permiten preguntarnos en qué medida los sucesos de la película nos afectan en nuestro tiempo. Lo interesante de esta premisa es en intentar entrar en la esencia de lo que quiso transmitir Buñuel y llevarlo a nuestros días. 

La versión que nos presenta Portillo actualiza el contenido y el continente, para que veamos como, en esencia, seguimos teniendo las mismas carencias y luchas internas de entonces. Los protagonistas son más variopintos, ya que el "establishment" actual abarca un mayor tipo de gente, desde un futbolista a un empresario, de un periodista a un ministro, de un juez a un cantante de rock. La gente que habita la casa puede variar, pero la idea del lujo y la abundancia prevalece, son personas que viven de su imagen y recelan del éxito ajeno. Este acercamiento lo podemos observar también en el lenguaje de los personajes e incluso en la estancia en la que se encuentran.



Luis Buñuel rodó en 1962 "El ángel exterminador" durante su etapa en México, una de sus obras más personales, en la que se muestra la esencia del periodo surrealista que pasó en Francia y con influencia de su etapa en la Residencia de Estudiantes. La película es un símbolo de su cine, marcado por la ironía, el amor absurdo y la crítica brutal a la sociedad de la época, todo ello desde un surrealismo que lo hacen único. Aunque nunca se ha tenido claro del todo el significado que el director le quiso dar a su obra, está claro que es un duro golpe a la burguesía, a su postureo, a su indolencia, a la facilidad para abalanzarse contra el vecino a las primeras de cambio... una realidad que ahora vemos vigente en todos los estratos de la sociedad, en los que la imagen social está por encima de todo.




El resultado de este salto al vacío, de esta locura, nos plantea un majestuoso decorado que se introduce en el patio de butacas para recrear la mansión burguesa. Todo en esta obra es a lo grande, con un apabullante elenco de veinte actores (Veinte miuras de pura raza, según Portillo), que recrean todo el imaginario de Buñuel en un teatro que nos encierra, tanto a los actores como a los espectadores. Rota la cuarta pared desde el primer instante, todos nos vemos encerrados, dentro de una trama que nos envuelve.


Para el elenco ha debido ser un trabajo duro, ya que catorce de los actores permanecen en escena las dos horas de la obra, con un desgaste físico y mental que asusta. Es una experiencia que va más allá de la escena, los personajes se van transformando a lo largo de la obra, "es mucho más importante lo que les pasa, lo que escuchan y cómo reaccionan, no siempre las frases que dicen son lo que piensan. Lo interesante es ver cómo reaccionan y qué no dicen y como se comportan" en palabras de la directora.




Los catorce "miuras" que se quedan encerrados en escena son Juan Calot, Inma Cuevas, Ramón Ibarra, Alberto Jiménez, Juanma Lara, Víctor Massán,  Dani Muriel, Alfredo Noval, Alex O´Doguerthy, Francesca Piñón, Cristina Plazas, Irene Rouco, Mar Sodupe y Mª Alfonsa Rosso.

Los otros seis actores, alguno de los cuales interpreta varios personajes, aparecen en distintos lugares, desde la escena al patio de butacas, desde donde intentan ayudar a los encerrados. Estos intérpretes, que sirven de paréntesis a la angustiosa escena central  y a la vez de nexo de unión con la realidad, son Hugo Alcaide, Abdelatif  Hwidar, Anabel Maurín, Manuel Moya, Camilo Rodríguez y Raquel Varela.




En un trabajo de elenco maravilloso, todos los actores están a un nivel altísimo, con lo difícil que es mantener ese nivel de exigencia en una obra tan larga, la cual va subiendo de intensidad a cada instante. Personajes que se van deteriorando, que la angustia y el miedo les hace sacar sus instintos más primarios. Según avanza la obra cada uno de los personajes sacará lo peor de si mismo, olvidando todo el refinamiento con el que acudieron a la casa para sacar el animal que llevan dentro.

Pero es verdad que dentro de este elenco tan brillante, hay alguna de las interpretaciones que, a mi modo de ver, sobresalen por encima del resto. Maravilloso Victor Massan en el papel de Julio, el mayordomo, un personaje que intenta mantener la calma (y la fidelidad) en todo momento. El otro personaje destacable por su serenidad casi impertérrita es el médico que interpreta Alex O´Dogherty. Impresionante la interpretación de Cristina Plazas, como La Valquiria a la que todos obedecen en los momentos clave. Imponentes Juanma Lara y Alberto Jiménez, dos de los personajes que más vaivenes dan. También destacan las espléndidas Inma Cuevas y Francesca Piñón.




Pero esta obra, además del imponente reparto es un montaje en el que todo está medido con precisión geométrica. La majestuosa escenografía diseñada por Roger Orra, en la que todo detalle está tratado con delicadeza, desde las escaleras casi mecánicas por las que se mueven las camareros, hasta los toques más surrealistas de la jirafa y los dálmatas. Todo para enmarcar la gran caja de cristal que tendrá atrapados a los actores durante la obra. Otro elemento muy importante es la angustiosa y deslumbrante iluminación de Juan Gómez Cornejo, que pasa de un escenario muy iluminado (símbolo de la opulencia) a uno oscuro y lúgubre. Por último el sonido, aplastante y angustioso, corre a cargo de Mariano García.


Podemos tener dudas sobre la viabilidad de un proyecto de este calibre, pero de lo que no podemos tener dudas es de la espectacularidad de la propuesta. Una apuesta arriesgada, con todas las de perder, que la Portillo intenta llevar a su terreno, al del teatro, y a su tiempo, intentando escapar de la película lo más posible. Pero como les ocurre a los personajes de esta maravillosa historia, hay veces que no se puede salir de un lugar por mucho que uno quiera.
Ante todo hay que ver este montaje como un acontecimiento alocado, en el que debemos quitarnos todos los complejos e ir a disfrutar, sin poner la lupa en Buñuel ni en Portillo, simplemente entren en la sala y disfruten...no vaya a ser que luego no puedan salir.
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El ángel exterminador
Teatro: Teatro Español
Dirección: Calle Príncipe 25
Fechas: De Martes a  Sábado a las 20:00, Domingos a las 19:00.
Entradas: Desde 3,75€ en teatroespanol. Hasta el 25 de Febrero

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