Teatro: "Crimen y telón" en Teatro Fernán-Gómez


Las artes siempre han sido concebidas como elementos transgresores y el mayoría de los casos en contra del poder establecido. Este es su sino y así debe ser, las artes como elemento reivindicativo y como tal incómodo para los que gobiernan. Literatura, pintura, cine o teatro deben ser los máximos exponentes de la realidad de su tiempo, por lo que deben plasmar las inquietudes y preocupaciones de aquellos que no tienen un altavoz para decir lo que piensan. El Arte como instrumento de resistencia, de batalla ante lo establecido, ante el poder (que siempre querrá acallarla).







Hablar a estas alturas de la Compañía Ron Lalá son palabras mayores. La compañía creada en el año 1996, lleva más de dos décadas cosechando éxitos, tanto de crítica como de público, con cada montaje que realizan. Tras sus maravillosas revisiones ( o mejor dicho sus particulares y magníficas visiones particulares) del teatro clásico, con títulos tan memorables como "En un lugar del Quijote", "Siglo de oro, siglo de ahora" o "Cervantina", cambian ahora de tercio para "asaltar" el género del thriller, sin dejar de lado su peculiar forma de ver el teatro. El montaje, como suele ser habitual en esta compañía, se convierte en una extraña mezcla de teatro, concierto, muscial, clown...un estilo muy peculiar con el que no dejan de hacer reír al público, que se deja sorprender y agradece lo alocado de la propuesta.




El autor del texto Álvaro Tato nos plantea los elementos principales en los que se inspiraron para hacer la obra: "Hemos querido bucear en la esencia emocional del detective; desde Edipo (el primer "sabueso"), investigar un asesinato significa adentrarse en las propias heridas para descubrir una identidad oculta. Pero esta pieza pretende ser, sobre todo, un canto de amor y humor al teatro: su historia, sus autores, sus personajes y su permanente cuestionamiento del poder. El proceso de creación ha sido tan denso, divertido y emocionante como los tiroteos y persecuciones de "La jungla de asfalto". Guiados por los visionarios distópicos (Orwell, Huxley, Bradbury, Dick) y los genios del género negro (Doyle, Hammet, Chandler, Miller, Brubaker), hemos viajado a un ¿cercano? futuro en el que las artes están prohibidas, para seguir al detective Noir en busca del asesinato del Teatro, en una comedia musical de polizontes versoadictos, hampones teatristas, chacales de la Agencia Anti Arte... Y, por supuesto, el principal protagonista, que es a la vez sospechoso, víctima y detective, el enmascarado que permanece en la sombra y cambia a lo largo de los siglos, el verdadero creador del teatro: El público".




La compañía, fiel a su estilo de siempre, ha creado una obra llena de acción, risas, música en directo, poesía... teatro en mayúsculas, dejando al espectador que participe de la obra, expuesto en todo momento ante lo que ocurre en la escena. En palabras de Yayo Cáceres, director del montaje, "Intentaremos que la obra sea una carcajada que oxigene el pensamiento sobre el arte en nuestros días y en aquel hipotético futuro de "ley seca del arte" que ojalá no llegue, en un no muy lejano año 2037". Estamos ante un homenaje al teatro, recorriendo sus distintas épocas más significativas y destripándonos los entresijos de un montaje teatral. Una trama cercana al cine negro y en clave futurista con la música como elemento conector de la trama.



El texto creado por Tato entremezcla las bases de los distintos estilos teatrales, saltando de unos a otros con maestría, dejando por momentos noqueado al espectador. La compañía lleva su idea teatral a un nuevo terreno, en el que pese a no haberlo transitado antes se mueven como pez en el agua. La obra es una ácida crítica a la situación de las artes y la cultura, personalizado en el teatro. Una parodia de la situación actual que vive el mundo de la cultura, planteado a la vez como un gran homenaje al teatro y su historia. Un recorrido por las distintas épocas y estilos, como un jeroglífico en el que con cada nueva escena vamos descubriendo un poco más de lo que ha sido el teatro, un gran misterio lleno de momentos épicos. El montaje se desliza entre la prosa y el verso, entre lo clásico y lo contemporáneo, secuenciado al ritmo de la música para conseguir un conjunto en el que todo encaja a la perfección.




La pieza se convierte en "una canción de amor al teatro" en palabras del propio Cáceres. Una banda sonora creada por la propia compañía, con diversidad de instrumentos y estilos que recrean cada escena con una pieza musical diferente, del jazz a la música barroca, pasando por el "noir clásico", el "steampunk" o "estilos clasicistas". Música sin complejos tocada y cantada en directo que convierte cada pieza musical en un personaje más de la obra, mimetizándose en cada momento con la escena. Un laberinto de intrigas y canciones servido por unos actores con grandes dotes musicales. La música como elemento originario y vertebrador de la historia, "nos ayuda en los ritmos y tempos de la obra" reconocía Cáceres.




Tras un impactante comienzo con la proyección de imágenes apocalípticas, que nos dejan ver a las claras el grado de crítica social y política a la que nos enfrentamos, comienza un espectáculo que ya ha dejado impactado al espectador antes de comenzar (por la temática, por la belleza de las imágenes, por la crudeza del planteamiento). La postura del montaje es clara, no se anda con medias tintas, el teatro (y la cultura en general) debe ser un instrumento de reivindicación, de crítica social, y por ello debe ser un elemento molesto para el poder, poco proclive a que le digan las cosas a la cara. Para ello la obra obliga al espectador a ser partícipe de este alegato en favor del teatro, esta lucha entre el poder y la cultura, siempre tan desigual y, por desgracia, presente en cualquier momento de la Historia.






En un futuro no muy lejano (triste pero a este paso muy cierto) las artes han sido asesinadas o encarceladas. La última víctima ha sido el teatro, que tras fugarse de prisión ha aparecido asesinado. Con este bestial planteamiento comienza la historia que nos sitúa al detective Noir (personaje que interpreta Juan Cañas) intentando saber lo que ha ocurrido y esclarecer el asesinato. Pero si ya el planteamiento inicial parece (y lo es) alocado y genial, el desarrollo posterior de la obra va a más, cargado de fuerza y dinamismo en cada escena, pero también de locura y extravagancia, la pura esencia del teatro.

Con la Agencia Anti Arte se nos plantea una idea de policía a mitad de camino entre la Gestapo y la guardia imperial de la Guerra de las Galaxias, con un inspector que no deja de perseguir a Noir para descubrir su "oscuro pasado" (personaje interpretado por Íñigo Echevarría de forma magistral). En esta búsqueda por desvelar que es lo que ha ocurrido recorren la Historia del Teatro en busca de conocer las verdades que oculta... una serie de flashbacks que nos sitúan en distintas épocas y que nos ayudan a ir encajando las piezas de este misterioso rompecabezas.




Ron Lalá nos plantea un viaje a las entrañas del teatro, un tour de force en el que se mezclan disciplinas artísticas con el continuo juego de atravesar la cuarta pared para hacer participe al espectador, pero también para mostrarle los entresijos del mundo del teatro. Los cinco actores que participan en la obra dan una lección de polivalencia en escena, mezclando sus dotes interpretativas con las musicales. Álvaro Tato, Íñigo Echevarría, Miguel Magdalena, Juan Cañas y Daniel Rovalher nos llevan de la mano por este divertido montaje, con toques de Agatha Christie y del Inspector Clouseau, en un montaje impecable, en el que todo aparece en su justa medida (desde mi modesta opinión un poco excesivo la escena con el público) para convertir la obra en una radiografía de las entrañas y de la vida del teatro.

Impecable también la atmósfera creada por la magistral iluminación de Miguel A. Camacho, imprescindible en un thriller al más puro cine negro como este, dotanto a la escena de una lúgubre e inquietante atmósfera. A crear este ambiente tan peculiar ayuda también la peculiar escenografía que se va transformando para dar cabida a todo tipo de ambientes.





Esta valiente propuesta resulta una delicia en la que todo suma, en la que cada personaje nos desvela un poco de la trama, pero dejando siempre un espacio para que la historia transcurra de una forma fluida, marcada por unos momentos musicales brillantes. Pero además de lo bello del montaje en si, la propuesta de Ron Lalá es una dura crítica a la situación actual del teatro (y de las artes en general), que aún no es perseguido pero que se le encarcela desde el poder para que no despliegue toda su crítica y su saber. Una pieza impactante en el fondo mismo de la propuesta, pero "barnizado" de comedia musical para que se nos haga más llevadero la cruda realidad que nos muestra.
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Crimen y telón
Teatro: Teatro Fernán-Gómez
Dirección: Plaza de Colón 4
Fechas:  Martes a Sábados a las 20:00, Domingos y festivos 19:00.
Entradas: Desde 15€ en teatrofernangomez. Del 21 de Diciembre al 28 de Enero.