lunes, 27 de noviembre de 2017

Teatro: No solo duelen los golpes.

A menudo las cosas no suceden como esperamos. Ni siquiera llegan a suceder del modo en el que nos empeñamos que sucedan. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con esta reseña. No solo duelen los golpes fue una obra a la que fui invitada por un familiar. Debía de ser la única, al menos en mi entorno, que desconocía el monólogo, pero así era y el impacto fue intenso. Hoy no presento una crítica estándar porque han pasado varios meses y sigo sin ser capaz de escribir todo lo que quisiera decir. Me he puesto varias veces frente al teclado para sintetizar la emoción de realidad que experimenté frente a Pamela y no he sido capaz. Probé creando un hilo conductor, dibujando el fresco final que quedó impreso en el rostro del público, tirando de literatura feminista, y aun así nada di a luz. Pasaron los días y no publicaba, no tengo por qué hacerlo, me decía, pero vaya, quería, y quiero…, merece la pena. Las horas viajaron entonces entre los gestos que aprendí frente a ese pedazo de mujer, y volví a sentarme. Lo intento de nuevo.
A día de hoy el juicio por la manada copa las noticias, el patriarcado se cuela en las conversaciones de autobús, adolescentes de barrios obreros pasean pertrechados de simbología morada y las firmas apuestan por la nueva moda. ¿Moda? Esa pregunta da para una tesis y este no es el lugar. Lo meridianamente claro aquí, es que Pamela es necesaria. Viéndola, los bolsillos se llenan de epifanías ilustrativas que mostrar a los viejos amigos humanistas.

Lo personal me acorrala cual pacotilla-redactora, pero esto no va de mi vida sino de animaros a ver esta propuesta, así que imaginad un teatro pequeño, o el salón de actos del instituto más cercano. Poned en medio a una mujer de ojos claros, gafas, piel blanca y pelo oscuro. Y un banco, o unas sillas, y una sudadera. Ahora imaginad muchos personajes, más de los que os vienen a la cabeza si digo Pirandello. Bueno, una trampa, la base aquí es totalmente verídica. Tenemos a una adolescente enamorada, a un novio que la quiere tanto tanto que la controla, y un futuro incierto que se va abriendo ante nosotros con sinceridad.

Pamela cuenta su historia y es capaz de enganchar a púberes contestatarios. Eso en si mismo ya es alucinante, pero lo es más aún si el tema es el machismo y el curriculum oculto del género y la diferencia. Los discursos tan lógicos de los hombres que me explicaban serenamente que el feminismo no es necesario se deshicieron durante la representación con gestos tan sencillos como categóricos. Y no solo eso, mis privilegios de mujer blanca, cis y hetero brillaron ante mí, vamos lo que viene siendo una apertura de ojos estándar, y eso que yo me suponía rodada.
Hace unos meses, a cuenta de un artículo para una revista, planteé a mis dos amigos más normativos una cuestión muy sencilla: “alguna vez te has preguntado qué significa ser mujer/hombre”. Ella respondió que sí, él, que no, y en mi mente apareció la foto de Caitlin Moran con su media sonrisa. Ambos regulares en todo, deportista y friki uno, amante de la moda y el maquillaje otra, universitarios, de edades similares y confesos no feministas los dos, respondían a algo tan clave de manera tan divergente. ¿Por qué? Bueno, es una respuesta multimodal que de nuevo da para un ensayo más extenso.

Los psicólogos sociales explican que solemos defender nuestras creencias cegándonos a todo aquello que las contradice y agarrándonos con titánica fuerza a pseudo-evidencias más halagadoras. De ahí, entre otras cosas, la dificultad del cambio. Diseñados para mirar lo que coincide con nuestro grupo y pensamiento, sobrevivimos apostando nuestra realidad a palabras en el aire. Nos da paz, así que cuestionar cosas tan básicas como la igualdad cuesta. Y cuesta: a una amiga su novio le dijo hace unos días: “a ti lo que te pasa es que crees que el hombre es igual a la mujer, tú eres una feminista de esas”. Noviembre de 2017. Hace un par de semanas era yo la que intentaba encontrar mi razón subconsciente para hacer un curso en otra ciudad, por libre, solo porque un compañero me negaba vehemente la razón más simple, véase aprender un deporte. No fue hasta llegar a Madrid que me di cuenta de lo que “una mujer que viaja sola” puede buscar.
Y por esto y un millón más de razones, el monólogo de Pamela tiene que ser visto, difundido y compartido. Hombres y mujeres, de cualquier tipo, categorización y condición están invitados a esta narración itinerante. La actriz que abraza su vida en cada representación modifica la atmósfera usando una prenda de abrigo y un cuerpo. El miedo llega a las gradas en momentos, y los abrazos cierran cada representación, estoy segura. Porque allí en la primera fila está esa veinteañera que se encuentra de casualidad a su novio cada vez que sale con sus amigas, sin él. Y al otro lado hay una mujer que aguanta a su pareja lanzando objetos y golpeando las mesas cada vez que ella hace un “mal comentario”. Un poco más atrás está esa otra que oculta sus relaciones previas a un celoso a posteriori. A mi izquierda una belleza arquetípica está a dieta porque su pareja de pasada le dijo que sus muslos eran más bonitos algo más delgados. A otras las han empujado en los baños de las discotecas tíos variados porque “ellas lo pedían con la mirada”. Muchas más han sido rescatadas por amigas en situaciones inverosímiles con exceso de testosterona. Todas nos sentimos inseguras con los piropos porque las amenazas dan miedo. Cuántas veces han salido detrás de nosotras, aunque fueran unos pasos para decirnos más mierdas. Cuántas veces te han llamado puta, o fea, o guarra por decir que no, o por decir que sí. Dime ¿Cuántas?
Y tú, que has encontrado respuesta para todas y cada una de las líneas de arriba, ve a ver “no solo duelen los golpes” porque Pamela Palenciano es tan gráfica que el mensaje que yo no logro hacerte entender hilando palabras acabará en tu cerebro y en tu pecho. Después solo habrá más nitidez y estarás a un paso más de entender por qué
La revolución será feminista o no será.
Pues eso.                       
         
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No solo duelen los golpes
Teatro: Internet/Teatro del barrio/Centros Culturales/institutos/etc/distintas ciudades
Libro sobre la obra: Si es amor no duele, 15'15 euros en FnacAmazon y en librerías.


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