viernes, 3 de noviembre de 2017

Teatro: "La edad de la ira" en el Teatro Conde Duque


La adolescencia es sin duda una de las épocas clave, sino la más, en el desarrollo tanto físico como intelectual de las personas. Un época cargada de retos y de sueños, pero también de miedos y de desilusiones. Es el momento de afrontar lo que es la vida, el momento de empezar a tomar tus propias decisiones, aquellas que marcarán el rumbo de tu futuro. Es una época difícil, en la que nos sentimos en posesión de la verdad absoluta y en una continua guerra con nuestros padres (esas personas que sólo quieren fastidiarnos al no dejarnos volar hasta donde queremos), lo que nos hace comenzar a forjarnos la identidad que con el tiempo dará con nuestra personalidad. Este oscuro túnel es que nos permite iluminar esta obra, mostrándonos un pequeño abanico de lo que son los jóvenes de nuestro tiempo.





Este maravilloso proyecto creado por la Joven Compañía y dirigido por José Luis Arellano es un impactante relato sobre la adolescencia, ese "camino en el desierto" al que todos debemos enfrentarnos y que lo cambiará todo. El propio Nando López ha sido el encargado de escribir esta versión teatral de su propia novela (finalista del premio Nadal 2010), en la que pone el foco en los adolescentes, los cuales se convierten en los únicos protagonistas (al menos en escena) de la obra. Este nuevo enfoque convierte el proyecto en un grito de socorro ante una adolescencia que oprime mientras luchamos por buscar nuestra propia identidad. Es un interesante mosaico de la búsqueda de la identidad, plantando cara a los que no quieren ver nuestras diferencias.



Este contundente proyecto que es La Joven Compañía, nace en 2012 de la mano de José Luis Arellano y David R. Peralto con la idea de formar a jóvenes entre 18 y 26 años, una plataforma que vinculase a los actores del futuro con profesionales de las artes escénicas. Desde su creación hace cinco años no han hecho más que cosechar éxitos entre la crítica (incluyendo el galardón El Ojo Crítico de Teatro en 2014) y el público. En estos años han compaginado las versiones de grandes clásicos como "Fuenteovejuna", "Iliada/Odisea", "El señor de las moscas" o "La isla del Tesoro", con producciones propias como "Hey boy, Hey Girl", "Punk Rock" o "Invasión" y en ambos escenarios han cumplido con creces.



Para este nuevo proyecto, la Joven y José Luis Arellano se unen a uno de los novelistas más aclamados de las nuevas generaciones de nuestra literatura. Nando López es un prestigioso escritor, autor de obras como "In(h)armónicos", "Las vidas que inventamos" o "El sonido de los cuerpos", marcadas todas ellas por un fuerte compromiso social. Sus novelas y piezas teatrales son un crítico retrato de la sociedad actual, a mitad de camino entre la intriga y el thriller, buscando siempre sacar a flote el interior de cada uno de los personajes, que siempre son la parte fundamental de sus historias. En teatro ha escrito textos tan interesantes como "Los amores diversos", "De mutuo desacuerdo", "Cuando fuimos dos" o "#Malditos 16", y adaptaciones como "Yerma" (Federico García Lorca) o "Pánico" (Mika Myllyaho).



Y para afrontar este difícil reto, toda una montaña rusa de sentimientos, Arellano cuenta con un elenco de auténtico lujo, que están muy lejos de parecer inexpertos. Un elenco que se desenvuelve a las mil maravillas por un texto que hacen suyo desde el primer momento para conseguir hacernos estremecer con todo lo que sucede en escena. Álex Villazán (en el papel de Marcos) protagoniza este alegato a la libertad y nos ofrece una interpretación majestuosa, llena de matices en todo momento y cargada de sentimiento. Un personaje difícil y complejo al que Villazán domina y hace suyo, con una plasticidad y fuerza que por momentos se asemeja a un bailarín, pura plasticidad al servicio de la escena. 




El potente elenco que acompaña Álex Villazán hace de la obra una bomba de relojería, con interpretaciones que nos enternecen, nos entristecen y nos estremecen a partes iguales. María Romero (en el papel de Sandra) y Javier Ariano (en el papel de Raúl) son los amigos y confidentes de Marcos, los amigos que se juran en todo momento amor eterno. Rosa Martí (Brenda), Laura Montesinos (Meri) y Jesús Lavi (Adrián) son los compañeros de instituto del protagonista, un variopinto crisol de personajes muy estereotipados que nos ayuda a identificarlos rápidamente. El reparto lo completan Alejandro Chaparro (Ignacio) y Jorge Yumar (Sergio) encarnando a los hermanos de Marcos.



Los actores, lejos de amedrentarse ante el reto de "representar" a toda una generación, enarbolan la bandera de la diversidad y la libertad para hacer visibles los problemas que pueden llegar a sufrir las personas por su orientación sexual (o por sus aficiones, por sus gustos...) en una etapa tan difícil como es la adolescencia. El texto se convierte en un grito de socorro, en un SOS pidiendo que se comprenda al que se sale de la norma, al que piensa y siente de forma distinta a la mayoría. Un alegato a la búsqueda libre y valiente de nuestra propia identidad. El realismo de todo lo que cuenta el texto es desgarrador y como tal nos sitúa muy próximos a la escena, al vernos cercanos a las situaciones que están ocurriendo. Un golpe directo al mentón, en el que nos encontramos de frente con todos los miedos, los sueños y las inquietudes de una generación.




La historia corre paralela por dos acontecimientos que marcan la vida de Marcos. Por un lado está la "travesura" que hace con sus compañeros para darle un escarmiento a uno de los profesores. En esta parte del relato salen a relucir las distintas personalidades de los compañeros, todos perfectamente seccionados desde el primer momento para mostrarnos un perfecto esquema de la adolescencia de nuestros días. Esto permite adentrarnos en el alma de cada uno de ellos, para descubrir los miedos que se esconden tras las corazas que muestran al exterior.

La otra historia va directa a la vida interior de Marcos. En ella se nos muestran las difíciles relaciones que tiene con su padre, los continuos reproches con su hermano mayor, sus miedos por ocultar su verdadera personalidad, sus sueños y sus deseos.... Una dura secuencia en la que el personaje se desnuda ante nosotros, quitándose todas las caretas con las que aparenta ser quien no es, para desgarrarse al mostrar su propia personalidad. Una mutación que hace del personaje un ser poliédrico que nos va mostrando poco a poco cada uno de sus recovecos, para conseguir al final mostrarse tal como es.


El montaje se completa con una escenografía espectacular (diseñada por Silvia de Marta), con un espacio escénico mutante, pese a su aparente sencillez. Con unos bancos en un primer término se escenifican las escenas del instituto, todas esas situaciones "de puertas para afuera" en las que cada uno se muestra como el más "guay" e intenta impresionar a sus compañeros. Por otro lado tenemos un prisma de vidrio que representa la casa de Marcos y que simboliza todo lo que pasa en el interior del personaje. Todos los momentos más íntimos y personales suceden dentro de estas paredes que se abren para nosotros. En este espacio son continuas las proyecciones (creadas por Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zuritaque dan mucha más potencia a cada escena. El prisma va transformando la escena y mutando en si mismo para aportar en cada momento lo que demanda la historia. Un elemento escénico de pura artesanía, en el que a cada instante todo se mueve para mantener el equilibrio final.



La historia de Marcos simboliza la de todos aquellos chicos que se han sentido diferentes en una sociedad poco tolerante en la que se discrimina al diferente. Por eso el resto de personajes, lejos de ser chicos que pasen desapercibidos, también tienen sus miedos y sus sueños por cumplir, pero todos se protegen con un "postureo" que hace que todo siempre parezca que está bien. Con esta visión global se consigue que veamos que en el fondo todos somos especiales y diferentes, por lo que no deberíamos tratar a nadie de forma distinta por no ser como nosotros.
Este alegato a la diversidad y a la tolerancia es un espejo en el que deberíamos mirarnos todos, para intentar reconocer nuestro "lado raro" y así dar cabida a todo el que se sienta diferente como lo que es, una persona. Este relato, por realista, nos sirve de muestra (y de advertencia) de lo que es nuestra sociedad, vista desde los ojos de este grupo de adolescentes que buscan su camino sin encontrar las respuestas adecuadas por parte de los que le rodean.

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La edad de la ira
Teatro: Teatro Conde Duque
Dirección: Calle Conde Duque 9
Fechas:  Jueves, Viernes y Sábados a las 20:00.
Entradas: Desde 8€ en condeduquemadrid. Hasta el 18 de Noviembre.