viernes, 17 de noviembre de 2017

Teatro: "Cosas que hacer en Viena"

Hay obras que sabes nada más ver el cartel que vas a pasar un buen rato, mientras que existen otras que no son de fácil digestión cuando ni siquiera han comenzado a representarse. Cosas que hacer en Viena, un drama que comienza con una mujer llorando frente a la tumba de su hijo, pertenece al segundo grupo.




La historia comienza con una mujer rota de dolor, que quiere escapar del funeral de su hijo de once años y consigue salir del fúnebre lugar. A partir de este punto, nos narrará cómo ha llegado a esa situación y por todas las penurias que ha pasado. Para ello, hará un viaje en el tiempo y recordará al padre de su hijo y las comodidades de las que podía disfrutar. 





Tal como decíamos al comienzo de la crítica, Cosas que hacer en Viena no es una obra fácil por muchos motivos. El primero de ellos es que no se trata de una obra narrada en orden cronológico y ello implica un espectador muy activo que sea capaz de situar la trama en todo momento. Por otra parte, es una obra alejada de diálogos naturales y con personajes que cuentan su background constantemente. A eso le sumamos que conocemos la historia a través de la versión de una protagonista emocionalmente inestable y como sucede en este tipo de narraciones (Memento, Mulholland Drive) no podemos confiar en nada de lo que nos cuenta.

Es muy difícil crear con un texto con tantas aristas emocionales, que rompa con los cánones convencionales y todavía más complicado es hacer que el espectador vaya de la mano de los personajes en todo momento. Se añade el factor de la mutabilidad de los personajes, como es el caso del protagonista masculino, que va quitándose capas a medida que avanza la obra. 




La dirección corre a cargo de Chos, una de las directores teatrales con una carrera más prolífica que también ha participado como actriz en teatro y cine, demostrando ser solvente en cualquier género.  Cosas que hacer en Viena tiene aciertos de dirección como un comienzo que mete de lleno en la historia y unas transiciones muy bien marcadas.

En cuanto al texto, es una creación de Saúl F. Blanco, un autor del que hemos tenido el privilegio de disfrutar de grandes obras salidas de su cabeza como la arriesgada Dios contra Eva Eisenberg. Al igual que en aquella obra, aquí vuelve a apostar por personajes complejos y por una historia no digerible para todos los públicos. En el caso de Cosas que hacer en Viena, está inspirada en la novela Carta de una desconocida, del escritor austríaco Stefan Zweig. Además, en esta ocasión, el autor se mete con solvencia en la piel del coprotagonista de la historia.

Pero lo más reseñable de todo el conjunto de la obra es la actuación de Silma López, quien se pasa 75 minutos en un constante descenso a los infiernos motivado por el amor y la muerte.




Es muy probable que cuando salgas de la obra te haga falta recapitular lo que has visto, antes de emitir un juicio de valor. Incluso cabe la posibilidad de que no sepas determinar si te gustado lo que acabas de ver, ya que el final te romperá todos los esquemas mentales. Al igual que sucede con el cine de David Lynch, no se puede valorar con comentarios como "me ha entretenido" o "es una historia muy interesante" porque no se parece al 90% de lo que sueles ver en un escenario.

A raíz de la obra me acordé de las palabras de una profesora de Literatura que decía que cuando asistías a un espectáculo teatral no debías caer en la simpleza de "me ha gustado" o "no me ha gustado", sino preguntarte cosas. Yo todavía no sabría decir si disfruté con la obra e incluso si me llegó a gustar, pero todavía sigo haciéndome preguntas respecto a lo que vi.




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Cosas que hacer en Viena

Teatro Lara: calle Corredera Baja de San Pablo, 15 (Sala Lola Membrives)
Fechas: los martes de noviembre a las 22:15 horas
Entradas: desde 12€ por Atrápalo

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