sábado, 21 de octubre de 2017

Teatro: "Una habitación propia" en el Teatro Español

Existen personas que por su valentía y su visión de la vida trascienden su tiempo y se convierten en universales. Esto fue lo que le ocurrió a Virginia Wolf, una mujer que vivió una época marcadamente machista (como ha sido toda la Historia de la Humanidad) y que supo plantarle cara a todas aquellas desigualdades que le rodeaban. Un texto, polémico en su momento, que se ha convertido en un alegato feminista, en el que salen a relucir todas las vergüenzas de un mundo machista en el que gobierna el patriarcado y, hasta hace muy poco (y sigue pasando en muchos ámbitos) la mujer era considerada un mero objeto.




Desde una profunda convicción de que las personas no deben tener más privilegios según su sexo (algo que como planteamiento parece irrevocable) argumenta la gran Virginia Woolf (encarnada de manera impecable por Clara Sanchís) como debería ser una sociedad en la que la mujer tuviese todas las facilidades del hombre para acceder a la cultura, los estudios, el dinero, o simplemente que pudiesen tener la independencia suficiente (tanto económica como física) para poder elegir por si misma lo que quiere hacer. Algo que parece tan sencillo y tan evidente a los ojos del siglo XXI (y tampoco a los ojos de todo el mundo...) vemos que ha sido una lacra social, impuesta por los hombres y sufrida por las mujeres, que ha marcado la Historia dejando a la mujer en lugar casi residual.



Hay que tener mucho valor para enfrentarse a un texto de este calibre, con el que tienes poco que ganar y mucho que perder, por su carácter tan emblemático. Pero la versión escrita y dirigida por María Ruiz, consigue no solo estar a la altura de tan imponente alegato feminista, sino que convierte la obra en una representación al nivel de lo que quiere transmitir, llena de fuerza y sensibilidad, sin perder ni un ápice el contenido y la profundidad que hicieron de Virginia Woolf lo que es. Una bomba de relojería que en manos de Ruiz no pierde intensidad, sino que multiplica su impacto hasta hacerla del todo actual (con todas las connotaciones negativas que tiene el comprobar lo poco que hemos evolucionado en ciertas cosas en el último siglo, o mejor dicho lo mucho que queda aún por avanzar).




La complejidad que presenta el pasar de un ensayo al teatro es evidente, partiendo de la falta de teatralidad de un texto que se basa en las dos conferencias que la autora hizo sobre el tema de la mujer y la literatura. La dificultad de condensar este maravilloso texto, en el que salen a relucir infinidad de conceptos relacionados con la emancipación de la mujer, es solventado con maestría por Ruiz, dejando claros los conceptos principales de los que quiere hablar (la sociedad patriarcal, la necesidad de la independencia de la mujer...) y descartando otros temas que si se tratan en el texto original (la sexualidad de la autora, su confrontación con su hermana que era su antítesis...) y que podrían dispersar al espectador de lo realmente importante.

Ya en el planteamiento inicial, la autora (interpretada de forma magistral por Clara Sanchís) nos confiesa que no podrá llevar a cabo el objetivo de la conferencia, dado que sólo puede darnos su opinión, que le servirá de punto de partida para el monólogo, "Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas". Tras este planteamiento inicial, en el que Woolf nos coloca al borde del precipicio, nos lanza al vacío para entrar de lleno en la historia de la mujer en la literatura, en la historia y en la vida.







Sin duda la elección de Clara Sanchís es el mayor acierto del montaje, sus gestos, sus movimientos, sus sutiles maniobras, sus elucubraciones, sus silencios, sus momentos al piano... todo ello dota al personaje de una potencia descomunal. La presencia de la actriz llena la escena en su totalidad, su aura de mujer adelantada a su tiempo y segura de si misma consigue hipnotizarnos, nos transmite tal seguridad en todo lo que dice que podría acabar la obra reclutando un ejército entre los asistentes. La mezcla del drama con la comedia casi en cada frase nos hace los golpes (verdaderos derechazos al mentón de la sociedad machista en la que vivió) mucho más llevaderos, incluso nos hace cómplices de sus teorías, lo que la hace aún más cercana al espectador.





"Con un sueldo fijo, ninguna mujer odiaría a ningún hombre. Tampoco tendrá que venerarle. Sencillamente, no lo necesitará".  Con esta contundencia nos habla Sanchís de uno de los principales escollos para la igualdad entre sexos. Con su silueta flaca y enérgica, su piel pálida y su discurso atronador y apabullante, nos plantea la escritora la necesidad de la libertad económica de la mujer para conseguir la libertad intelectual. Argumentaba la necesidad de la emancipación económica de la mujer, ya que siempre han estado bajo el amparo del hombre, lo que les ha impedido avanzar hacia la igualdad. Más importante que el derecho al voto, decía Woolf, es la independencia monetaria, 500 libras al año y un cuarto propio.

Clara Sanchís llega a mimetizarse de tal manera con Virginia Woolf que a partir de ahora nos será difícil no ver a una con la otra. Con su maravilloso despliegue de voz, tanto en el texto como a la hora de cantar, nos transmite con una fuerza descomunal todo aquello que la escritora quería poner sobre la mesa a principios del siglo pasado. Unos movimientos delicados, casi temblorosos por momentos nos indican que la autora sabía que estaba ante un momento crucial de la Historia, lo que nos lleva a los momentos de gran contundencia (casi violencia) verbal, en los que nos aplasta como una apisonadora. Dulzura y Fuerza, Ternura y contundencia, elementos que forman las mil aristas de un gran personaje.




La escritora da una conferencia sobre "la mujer y la literatura" para un grupo de jóvenes estudiantes, a principios del siglo pasado. Lejos de mantener un discurso "políticamente correcto arremete contra una sociedad machista y patriarcal en la que la mujer tiene un papel muy secundario, casi residual en ciertos aspectos, como en la literatura. Comienza el maravilloso monólogo hablando de las limitaciones y trabas a las que se ve sometida la mujer en esos tiempos, para darnos su diagnóstico de lo que debería ocurrir para que la mujer tuviese independencia. Cargada de ironía y lanzando dardos envenenados contra todos esos elementos de la sociedad que vemos como "normales" pero que son claramente dañinos para la mujer.



Uno de los momentos más apabullantes de la obra es el planteamiento que nos hace la autora sobre la posibilidad de que Shakespeare hubiese tenido una hermana con la misma genialidad que él para escribir. Con este don similar su vida habría sido muy distinta, sin la posibilidad de acceder a la educación, del acceso a los círculos artísticos, condenada desde la más tierna infancia a tener que cumplir como esposa, acabando sus días frustrada. Woolf llega a decir en el texto que si hubiese sido mujer Shakespeare se habría suicidado al no poder dar rienda suelta a su capacidad artística.

Pero Clara Woolf (o Virginia Sanchís como prefieran) no se queda sólo en esa "anécdota y señala a Napoleón y a Mussolini, en su desprecio por la mujer, a Goethe que las admiró, Pope pensaba que no tenían carácter, incluso muchos dudaron si tenían alma. Son todos estos ejemplos en las altas esferas de las artes, la política, el pensamiento o la alta sociedad lo que ha impedido durante siglos que la mujer pudiese llegar a tomar las riendas de su propia vida.



Y todo este complejo manifiesto sobre la realidad de la mujer en la Historia, transcurre en un sencillo espacio creado por una mesa, un par de sillas, un par de libros y un piano. Elementos que sirven solo como apoya para que Sanchís despliegue todos sus encantos de "mujer tornado", arrasando con todo lo que encuntra por su camino. Es realmente interesante como se le da dinamismo a un espacio tan plano, con papeles que vuelan, con movimientos sutiles que modifican el espacio, con pasos de baile que nos hacen pasar de un despacho a un local de jazz con su piano y su melancolía. El lugar acaba convirtiéndose en miles de escenas, en todos aquellos lugares a los que nos quiera llevar la autora para cargarse de razón ante lo que está contando.




Es increíble como puede llevarse a escena un texto que no ha sido escrito con esa idea y conseguir dotarlo de energía y vigor suficientes como para que la obra se desarrolle de forma entretenida, consiguiendo captar la atención del espectador desde  el primer momento. Un texto que solo puede dañarse al limitarlo, pero que resaltando ciertos aspectos se consigue engrandecerlo y mantener toda la esencia.

La Coproducción de Seix Barral y Nuevo Teatro fronterizo es una apuesta arriesgada por el teatro con alma, ese que nos deja el corazón a mil y nos hace recapacitar sobre la vida. Un proyecto lleno de verdad, que destila compromiso y mala leche a partes iguales, porque en la mayoría de los casos no valen las palabras bonitas para hablar de verdades tan incómodas como las que aquí se tratan.




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Una habitación propia
Teatro: Teatro Español
Dirección: Calle del Príncipe 25
Fechas: Martes, Miércoles, Jueves, Viernes y Sábados a las 20:30 y Domingos a las 19:30
Entradas: Desde 13,50€ en teatroespanol. Del 12 al 29 de Octubre.