viernes, 6 de octubre de 2017

Teatro: "Un cuerpo en algún lugar" en El Pavón Teatro Kamikaze


El encontrar a la persona que consideramos nuestra media naranja y perderla a las pocas horas puede ser un trauma para cualquiera. La búsqueda de la persona amada (o deseada) es una de las obsesiones del ser humano, incapaz en su mayoría de vivir solos. El pensar que esa persona especial ha pasado por nuestro lado y la hemos dejado marchar puede ser motivo suficiente para emprender un viaje que puede ser el que marque nuestra vida.




Tras el apabullante éxito de la pieza experimental "Yogur Piano" que se convirtió en todo un fenómeno la temporada pasada (y que volverá a finales del próximo mes de Febrero al Teatro Valle Inclán), llega al amdigú del Teatro Kamikaze el nuevo proyecto de Gon Ramos como autor y director. El listón quedó muy alto con su último trabajo, con el que cosechó el premio Godoff a la mejor dramaturgia, por ello la expectativa es máxima por descubrir que nuevo "experimento" nos propondrá el autor madrileño, que se ha convertido por méritos propios en una referencia.



Gon Ramos vuelve a seducirnos, a lomos de su compañía In Gravity, con una propuesta cautivadora, un viaje poético en busca del amor y de la propia identidad. La obra, en palabras del propio autor, trata de "alejarse del idel del amor romántico que espera en al distancia mientras uno sufre, para adentrarse en el ideal del amor como búsqueda perpetua y valiente sin esperar a que nadie llame a nuestra puerta ni a nuestro cuerpo". Este viaje vital nos llevará por infinidad de lugares, pero sobre todo intenta indagar en la conciencia del ser humano y en lo capaces que somos a exponer abiertamente nuestros sentimientos.





"Ya hace exactamente un año, siete meses y once días que salí de casa. Tu te fuiste hace todo eso más tres días y dos horas. Las habitaciones donde me quedo parecen más grandes ahora y hay más silencio. Veo que tus ventanas, tus posibles ventanas por donde voy caminando siguen cerradas y con las persianas bajadas y que las plantas están casi hechas ceniza. He movido muebles, neveras, levantado coches, tirado paredes a martillazos, mudanzas, peleado en sótanos para poder seguir buscándote. Por fin mi cuerpo me sirve de algo. Cada vez pienso menos, pero ahí sigues". Este texto, parte de la carta que el hombre que emprende el viaje dirige a su amada, es la esencia de una búsqueda obsesiva, no solo de una persona, sino de un sueño. El viaje como elemento vertebrador de la vida, una búsqueda sin la que no tendría sentido su existencia


El texto, como ya hemos dicho, es un viaje en busca del amor a lo largo de los años, por lugares de lo más peculiares, desde trenes a Iglesias. Hablar de una búsqueda que se base en un camino que es el que va mostrándonos el destino es una gran metáfora de la vida. En estos tiempos de inmediatez, en los que todo tiene que ser en este segundo y en un rato ya no interesa, pensar en los tiempos que necesitamos para conseguir algo, es realmente interesante y hasta cierto punto alentador, en el sentido de cómo el viaje nos va moldeando hasta ser parte del objetivo final.
Este viaje, siempre hacia delante y sin volver la vista atrás se convierte en un bonito reflejo del poema de Antonio Machado, un camino que se va haciendo al andar, en una búsqueda inexorable por lo deseado.



La historia es un viaje, tanto mental como físico. Durante la experiencia vital de cualquier viaje la mente va empapándose de todo aquello que va sucediendo, y en este viaje solitario y obsesivo las experiencias van moldeando a un personaje que siempre tiene claro el objetivo, pero no siempre la dirección que debe tomar. El viaje físico le lleva a infinidad de lugares en busca de su amor, en una secuencia de escenarios que nos llevan a recorrer todo tipo de parajes. 




Pero todo ese abanico de escenarios distintos pasan por delante de nosotros ante un escenario vacío en el que dos sillas hacen las veces de compartimento de tren, banco de un parque, un confesionario o las sillas de un bar, sólo con su distinta posición en el espacio. En este espacio tan neutro son los dos actores los encargados de transmitir, de hacer sentir y vivir cada uno de los "decorados". Luis Sorolla se multiplica en multitud de personajes, además de ser el encargado de un maravilloso prólogo inicial. Durante la obra ejerce de alemán (único momento en que varía su tono de voz, como él mismo dice), madre, niña, sacerdote, camarero, dotando a cada uno de un toque especial que les hace diferentes (el momento madre lo supera todo). En el otro lado de la balanza está Fran Cantos, el hombre que busca, que pese a hacer un solo personaje, consigue hacerlo mudar de piel a lo largo de trama.
Los dos actores están soberbios, cada uno con una manera muy distinta de afrontar su papel dentro de la obra. Mientras Sorolla entra y sale de los distintos personajes (incluso de la escena para hablar con el público en determinados momentos), Cantos se ve encerrado en ese camino angustioso que siempre le lleva a lugares en los que no consigue nada.





Este viaje metateatral se convierte en una especie de road trip, con personajes cercanos a las películas de los hermanos Cohen, pero con la sombra de "Forrest Gump" siempre presente. Al parecer fue esta película y "Her" de Spike Jonze las que inspiraron al autor para escribir la obra, texto que comenzó en su época de estudiante. De la película de Robert Zemeckis le influyó la secuencia en la que Tom Hanks atraviesa corriendo los Estados Unidos, "la idea de una persona con una sensibilidad muy concreta atravesando varios paisajes". Por su parte, de "Her" le inspiró la idea del amor ausente pero que está presente en la trama, en el ambiente



Una propuesta que podía resultar tediosa por los temas tan "filosóficos" que aborda, es tratado con cierta ligereza formal para que resulten del todo accesibles y que todo transcurra con soltura. Temas como el amor, el paso del tiempo, el destino, las respuestas a las grandes preguntas...son temas que, según como se traten, pueden hacer dos montajes opuestos. En este caso el autor llena de secuencias divertidas la obra para que nos llevemos las ideas, pero también disfrutemos de un montaje plagado de momentos divertidos, aunque un poco surrealistas por momentos.




El resultado final es una bomba de relojería, con dos actores en plenitud que lo dan todo para llevar la obra a buen puerto. Un montaje muy original, que desde que entramos en la sala nos sorprende por la forma y por el fondo, por la manera en que Luis Sorolla habla con el público para luego desdoblarse en varios personajes, por la sencillez de un espacio que se transforma a nuestro antojo (más bien al de nuestra imaginación) y un texto que nos deja un regusto a algo distinto.

Una pena los pocos días que permanecerá en el ambigú del Pavón, aunque esperemos que pronto los volvamos a ver emprendiendo su viaje.


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Un cuerpo en algún lugar
Teatro: Teatro Pavón Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Lunes, Martes, Miércoles y Jueves a las 18:30
Entradas: Desde 16€ en TeatroKamikaze. Del 2 al 11 de Octubre.