miércoles, 25 de octubre de 2017

Teatro: "Smoking room" en el Pavón Teatro Kamikaze


Uno de los temas más polémicos en las últimas décadas ha sido el tabaco, que ha pasado de ser un símbolo de elegancia y clase a ser denostado por la sociedad y prohibido en todos los lugares cerrados, primero en lugares de trabajo (como el que se trata en la obra) y más recientemente en los bares y restaurantes. Un tema que sirve como punto de partida para una dura crítica a la sociedad actual, al individualismo que se ha instalado en los grupos de trabajo, por lo que cada uno mira por lo suyo sin importarle el bien común. Una polémica que hace tambalear los cimientos de cualquier grupo que debe convivir y tener unos elementos sobre los que cimentar la convivencia.





Después de presentarnos la versión teatral de "Trainspotting"la temporada pasada, el Pavón Teatro Kamikaze vuelve a recurrir al cine para montar una de las películas más emblemáticas de la pasada década, "Smoking room", que influenciada por la corriente del Dogma nos planteó una sencilla historia que cautivó a crítica y público (galardonada con varios premios, entre ellos el Goya a la dirección novel). Con un reparto de auténtico lujo (con Juan Diego y Eduard Fernández a la cabeza), la película puso el listón muy alto para este salto al vacío que es su paso a las tablas.



Julio Walovitz y Roger Gual vuelven a ser los responsables de esta interesante versión, que destila esencia a cine negro, a teatro en estado puro....y a humo. El arriesgado cambio de formato funciona y el texto sigue siendo muy potente, y un abanico en el que se nos muestra un pintoresco esquema de lo que es la sociedad en la que vivimos. De la dirección se encarga Roger Gual, creando un ambiente cargado de tensión y con situaciones muy diversas recreadas de forma muy ingeniosa. La obra transcurre en las distintas estancias de un edificio de oficinas que el director ha sabido plasmar con el interesante moviento de unos biombos que recrean las divisiones de la oficina. las paredes de la sauna, la terraza donde se sale a fumar o incluso los baños del edificio. 




La historia nos sitúa en la sede madrileña de una empresa norteamericana, en la que se prohíbe fumar dentro del edificio, teniendo que salir a la calle o a la terraza para hacerlo. Partiendo del mismo sencillo pero a la vez escabroso planteamiento de la película, en este montaje se nos muestra desde el primer momento una segunda trama misteriosa que se va mostrando a lo largo de la obra, y que no terminamos de descubrir hasta el final. Las dos tramas discurren paralelas sin casi tocarse, ya que los personajes que protagonizan cada una de ellas son muy distintos. La trama principal es la que nos muestra a Ramírez (personaje protagonizado por Miki Esparbé) en su cruzada por recoger firmas para tener una sala de fumadores dentro del edificio. En esta parte de la historia veremos los entresijos de la oficina y las peculiaridades de cada uno de sus trabajadores.

Por otro lado la segunda historia es mucho más siniestra y oscura. Ya en el comienzo de la obra vemos como los altos cargos de la empresa (protagonizados por Pepe Ocio y Manuel Morón) están tramando algo que hará cambiar el rumbo de la oficina (o eso pensamos de inicio) pero que siempre que se habla de ello la escena se muestra llena de misterio, a mitad de camino entre un thriller policíaco y una trama de espionaje y sobornos.  


Al igual que ocurría en su versión cinematográfica, el principal aliciente es el descomunal elenco que protagoniza la obra. Si ya dijimos que en cine los actores se convertían en pieza fundamental de la propuesta, en este montaje es aún más evidente lo que aporta cada uno de los actores a su personaje, transmitiendo desde el primer momento la sensación de que han sido creados en exclusiva para cada uno de ellos (incluso que han sido ellos mismos los que han creado su personaje). A los citados Miki EsparbéPepe Ocio y Manuel Morón, hay que añadir las increíbles interpretaciones de Edu Soto, Manolo Solo y Secun de la Rosa, con potentes interpretaciones que hacen canalizar la obra mucho más allá del tema de la habitación para fumar, que acaba siendo un mero pretexto para crear una feroz crítica sobre las empresas, sus formas de trabajo y la convivencia en estos lúgubres lugares.




La obra comienza de una forma muy misteriosa, en lo que parece una reunión secreta y un poco peculiar (ya que sucede en la sauna), para diseñar un plan en el que cambiarán las cosas. Dos de los altos cargos de la empresa se las ingenian para sacar el máximo partido a su posición de privilegio. Mientras el personaje que interpreta Pepe Ocio está convencido de que hay que hacer lo que sea necesario (sea legal o no), Armero (el director de la empresa, al que da vida un inconmensurable Manuel Morón) tiene muchas dudas de lo que van a hacer. Este personaje es el vínculo de unión de las dos historias, siendo el único que participa activamente en ambas. Un personaje arrinconado por sus afines y que se revuelve para intentar evitar lo inevitable

La escena en la que se reúne con Ramírez (Miki Esparbé) es prodigiosa. La situación empieza de una forma tranquila y se va desbocando hasta Armero pierde los papeles, en parte por intentar ayudar a su empleado pero a la vez enojado por la insistencia de este en lo que está haciendo. Sabe lo que espera si continúa con este órdago a la empresa pero no sabe como "prevenirle". Un duelo interpretativo  que va cogiendo temperatura y tensión, hasta llegar a la explosión definitiva en la que se muestran los dos caracteres tan antagónicos de los personajes. 




Ramírez es sin lugar a dudas el personaje que sirve de hilo conductor de la historia, y su evolución a lo largo de la obra es uno de los elementos más interesantes del montaje. Miki Esparbé domina la situación de principio a fin, midiendo a la perfección los tiempos que necesita la obra en cada momento. A lo largo del montaje tiene que medir sus fuerzas en vertiginosos duelos interpretativos (y alguno físico) de los que sale airoso siempre. Su personaje, que parece el único al que sus principios le importan más que las consecuencias de sus actos, va enfrentándose como un Quijote ante las altas esferas de la empresa y pese a las presiones no deja de luchar por lo que cree. Los matices que nos muestra este luchador idealista nos dan el único punto de esperanza de una obra marcada por personajes siniestros.


Frente a este personaje que lucha por sus ideales, se nos muestra un crisol de personajes de lo más mezquino, que sólo buscan su propio beneficio y en segunda estancia el mal fario para el prójimo. En este aspecto despunta el personaje que interpreta Secun de la Rosa, un oficinista que sólo piensa en medrar dentro de la empresa, que persigue un ascenso que nunca llega y mientras tanto se dedica a criticar a los compañeros, o acercarse a aquellos que le puedan ayudar en sus propósitos. A lo largo de la historia es uno de los personajes que más modifica su actitud, con giros majestuosos que nos harán odiar y adorar a este humilde trabajador, prototipo de "oficinista modelo".



Del otro lado de la balanza esta la pareja que forman Edu Soto y Manolo Solo, las "hurracas parlanchinas" de cualquier oficina, que solo se dedican a comentar la jugada y a criticar todo lo que pasa a su alrededor. Las escenas de las conversaciones entre los dos son de manual, el uno busca hablar de los entresijos de la oficina mientras el otro, mucho más impulsivo, entra al trapo de todo lo que se le propone. Imponentes los dos actores en sus papeles de trabajadores quemados y pasotas, con varios momentos de los más brillantes del montaje. 

La escena en la que estos tres personajes (Soto, Solo y de la Rosa) se enfrentan a Esparbé es simplemente sublime. La acción se va enredando hasta límites que no podíamos esperar al empezar. Con los personajes en su momento de mayor apogeo, el desenlace da ganas de hacer saltar todo por los aires y salir a fumar un cigarro (previa firma en la hoja de Ramírez ) .



El montaje viene marcado por un ambiente netamente cinematográfico, con el humo siempre presente, más propio de una película de cine negro pero con la mala leche de una de los Coen (sobre todo por lo peculiar de los personajes). Caminar en la delgada línea que nos acerca tanto al cine sin llegar a parecer una burda copia del original es un gran mérito, ya que la película tenía mucho de teatral, y de esos lugares comunes es de donde se ha podido sacar este montaje, que bebe de su hermano mayor pero se marca su propio camino, con personajes muy originales y muy alejados de los originales.


La obra convencerá a todo el que no intente buscar en ella la película. Pese a tener un mismo punto de partida, la evolución de cada uno de ellas es muy diferente, cimentando ambos proyectos en un elenco que podría sostener cualquier proyecto. Cada uno de los actores lleva su personaje a su terreno, allí donde se encuentra más a gusto y sabe sacar lo mejor de ellos.

Una obra que gustará a los que no hayan visto la película, pero también a los que (como yo), tienen en la película un referente dentro del cine de autor. La obra coge lo mejor de la cinta para que sirva de boceto de lo que podía llegar a ser el montaje teatral. Una obra que destila generosidad por parte de los actores, en un trabajo de elenco brutal, en el que todos dan lo máximo.

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Smoking room
Teatro: Teatro Pavón Kamikaze
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Martes, Miércoles y Jueves a las 20:30, Viernes 20:00, Sábados 19:00, Domingo 18:00.
Entradas: Desde 16€ en TeatroKamikaze. Del 12 de Octubre al 19 de Noviembre.