jueves, 26 de octubre de 2017

Teatro: "Distancia siete minutos" en el Teatro del Barrio


Tan probable es que nos acordemos de dónde nos encontrábamos o lo que estábamos haciendo a una hora determinada tan solo un par de días atrás, como probable es que seamos capaces de describir con total precisión, donde estábamos o que hacíamos el día que sucedió alguno de los acontecimientos que han dejado huella en el devenir de la Humanidad. Es probable que cualquiera de nosotros sepa con la misma exactitud (o incluso mayor) donde estaba en el fatídico 11M, en la final del Mundial de fútbol o el 23F, que lo que cenó hace un par de días o lo que hizo el pasado fin de semana.




Algo así es lo que le ocurre al protagonista de esta obra, cuyo destino queda unido de por vida a la Mars Science Laboratory, conocida coloquialmente como la nave Curiosity, cuyo aprendizaje en el planeta rojo coincidirá con los momentos más trascendentes de su vida, y quedará unido para siempre a esa fecha tan importante, momento en que todo cambió y su entorno comenzó a tambalear.




Coincidiendo cronológicamente con el envío y aterrizaje del robot espacial Curiosity, Félix, un joven juez, se ve obligado a abandonar su casa, afectada por una plaga de termitas, e instalarse durante unos días en lo que fue su domicilio familiar. El entorno de los juicios donde el juez desarrolla su profesión, así como la convivencia con su padre, sacan a relucir temas fundamentales como la justicia, la felicidad y el destino. Lo que parecía algo transitorio en su vida pasa a ser un hecho que lo cambiará todo por completo, así como sus propias ideas sobre lo que debe hacer.




El montaje nos sorprende con el tratamiento profundo de la búsqueda sin éxito de la felicidad y de la trágica ausencia de comunicación entre nuestros seres más queridos, dejándonos la acertada paradoja de que para la Humanidad puede llegar a ser más fácil poner una nave a Marte que mantener una comunicación "sana" con quien tenemos más cerca. Las relaciones humanas pueden convertirse el experimentos mucho más complicados que los proyectos más ambiciosos de la NASA. La complejidad de las personas, que no se rigen por ningún parámetro "lógico", lleva a convertir cada relación en una nueva aventura (apasionante pero siempre con un incierto final, el cual hay que cuidar a diario).





Magistralmente se muestra también, ante un dramático acontecimiento, la rabia interior de Félix en contra del silencio del padre, que se encuentra más cómodo en ese letargo, a pesar de la distancia y daño irreparable que viene provocando entre él y su hijo. Situaciones incómodas que nos asoman a un abismo al que nunca debimos llegar. Momentos que al ocurrir parecen banales, pueden ir minando una relación hasta hacerla saltar por los aires.




Como colofón, un nuevo paralelismo con el envío de la Curiosity a Marte, se nos muestra justo al final de la obra, cuando coincide el aterrrizaje de la nave con el abrir de ojos del protagonista, al comprender que debe responsabilizarse de su propia felicidad, sin culpabilizar a nadie por la ausencia de la misma. Cada uno debe ser responsable de sus actos y de su destino, nadie es culpable de lo que nos ocurra, sólo nosotros mismos. 




Titziana Teatro es la compañía de teatro creadora de esta obra, con Diego Lorca y Pako Merino como fundadores, directores y actores, en un proceso casi de artesanía teatral, en la que los dos se involucran en todas las fases del proceso creativo. Para la realización de este proyecto, la compañía ha seguido apostando por el método que se ha convertido en una de sus señas de identidad, la documentación en lugares donde la cotidianidad de la temática puede ser observada. Obras como "Sueños de psiquiátrico" (que fue llevada al cine), "Entrañas" o "Exitus" ya resultaron un éxito de crítica y público.




Excelente dirección e interpretación de Diego Lorca (Félix) y Pako Merino (padre). El primero nos muestra un único personaje (Félix, el juez) en sus ámbitos familiar y laboral, convirtiéndose en el hilo conductor de la trama y en protagonista absoluto de la misma. Por su parte, Merino representa diferentes personajes, con los que nos ofrece facetas muy variadas, desde el humor al drama de los juicios, y su papel principal en la obra, el de padre del protagonista. Un gran tandem que se entiende a la perfección y sabe exprimirse al máximo en cada escena.



Una cuidada escenografía nos trae constantes juegos de luces y múltiples cambios de mobiliario realizados por los propios actores con una observable y digna de mención carga artística, como si de una pieza de danza se tratara. La belleza de cada una de las escenas nos deja imágenes que parecen auténticos cuadros, con sus personajes situados de tal manera que equilibran en todo momento el espacio escénico.



El resultado final resulta impactante y conmovedor a partes iguales, con dos temáticas que discurren en paralelo y nos dejan muchos motivos para la reflexión. Por un lado la vida laboral del juez nos plantea muchas dudas (por si aún no teníamos suficientes) sobre la justicia y el papel de cada una de las piezas que protagonizan el tablero en el que se desarrolla. Pero por otro lado, y muy distanciado de este, nos muestra la difícil relación que el protagonista mantiene con su padre, que llevado a un concepto más global nos habla de las relaciones entre las personas y lo difícil que es en muchos momentos el conseguir mostrar tus propios miedos y dudas.

El montaje es, en definitiva, una bella historia sobre el ser humano, con sus responsabilidades (que por momentos pueden llegar a superarle), sus "mochilas" (llenas de dudas y fracasos)  o sus relaciones personales, a cual más compleja. Un crisol de situaciones que nos pone frente al abismo de la propia vida.
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Smoking room
Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita 20
Fechas: Jueves y Viernes a las 20:00, Sábados a las 22:30, Domingo a las 18:00.
Entradas: Desde 14€ en TeatroDelBarrio. Del 12 de Octubre al 29 de Octubre.