martes, 5 de septiembre de 2017

Teatro: "A protestar a la Gran Vía" en el Teatro Lara


En una sociedad como la que nos ha tocado vivir, en lo que todo dura un momento y pasa a quedar anticuado, las opiniones que podamos llegar a tener sobre algo pueden ser tan cambiantes como nuestro perfil en redes sociales, cuanto más cambiemos más seremos tenidos en cuenta. Una divertida paradoja que nos puede llevar a situaciones de lo más cómicas y surrealistas. Nos sorprenderá por momentos lo paradójicas que pueden ser las situaciones cotidianas que aquí se nos presentan... y lo mucho que se parecen a nuestras vidas. Y si crees que todo lo visto no es justo, siempre nos quedará ir a protestar a la Gran Vía.







"Pensar una cosa, decir otra y hacer la contraria es un ejercicio de equilibrismo mental al alcance de muy pocos. Hay quien lo consigue, al resto siempre le queda ir a protestar a la Gran Vía" con este eslogan, a mitad de camino entre el trabalenguas y la paradoja, nos presenta la compañía Los Absurdos Teatro su nueva propuesta. Será en el Teatro Lara (la que es su casa) en el que ya pudimos disfrutar de anteriores propuestas como "Manténgase a la espera", "Demasiado al este del Oeste" o "La isla de las luciérnagas" y donde podemos seguir disfrutando de sus divertidas visitas guiadas por el teatro, un recorrido por los 137 años de historia.




En esta ocasión los actores Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía, autor también del texto, han añadido a su equipo de colaboradores habituales a César Maroto (miembro de Yllana) en la dirección. La unión de estas dos compañías sólo puede dar como resultado un cóctel cargado de gags surrealistas y teatro del absurdo, una mezcla explosiva para un resultado lleno de personajes desquiciados, situaciones extremas y el humor más característico de estos maestros del humor.

Una secuencia de gags sin aparente conexión se van sucediendo ante nuestros ojos sin que sepamos muy bien que es lo que está pasando. Múltiples personajes que su única motivación es quejarse por todo y echarle la culpa a "la gente", ese ente extraño que tiene la culpa de todo pero del que nunca formamos parte.



La compenetración alcanzada por estos dos actores hace que cada una de sus obras sea claramente reconocible, un estilo propio con un humor basado en el desenfreno absoluto, los diálogos delirantes y el continuo salto de unos personajes a otros sin que la historia pierda fuerza. La intensidad con la que son capaces de meterse en la piel de personajes tan diversos crea situaciones delirantes que les dan mucho juego a la hora de montar sus escenas. La complejidad que suponen unos textos tan acelerados sólo pueden salvarse con éxito si la química entre los actores es total, y en este caso existe una compenetración tal, que motiva al compañero a tirarse al vacío sabiendo que tiene al apoyo necesario para no fallar.




La obra se convierte al final en una recopilación de situaciones de la vida cotidiana pero tratadas de la forma más absurda. Momentos que, como nos dicen ellos mismos, han escuchado por la calle y han decidido llevarlas a escena para que podamos ver lo parecidos que somos a esa "gente" que no para criticar. Las escenas, lejos de exagerarse, se plantean como crónicas de una situación cotidiana (en muchas de ellas nos veremos reflejados en mayor o menor medida), lo que hace que el espectador se sienta mucho más identificado. Cinco situaciones que se desarrollan de forma fluida por la naturalidad con que las interpretan los actores, convirtiendo los tránsitos entre escenas en los únicos momentos para relajarse.





El hilo conductor del texto es el ingenioso concepto de "la gente", quiénes son esos a los que todo les parece mal y no paran de protestar por todo. El planteamiento inicial, en el que se nos muestra la idea de que la gente es la culpable de todo pero nosotros nunca somos parte de esa gente, nos deja bien claro que estamos ante una comedia muy surrealista, en la que los giros lingüísticos y los dobles sentidos de las frases marcarán el devenir de la obra. El lenguaje y sus infinitas formas de usarlo como herramienta de diversión y a la vez de crítica social. Este texto nos muestra como el ser humano es un maestro de la queja, pero sin la mínima capacidad de mirarse al ombligo a la hora de repartir culpas.



Desde la escena inicial, a modo de prólogo explicativo de lo que "se busca" con la obra, se  nos plantea la duda de "Quién es la gente", quienes componen ese grupo de personas de los que todos hablamos. Expresiones como "menuda es la gente" o "a la gente le gusta mucho criticar" se nos muestran como claros ejemplos de ese ente extraño al que nunca queremos pertenecer. La manera de escaquearse del individuo sobrevuela la obra durante todas las escenas, como somos capaces de criticar a los demás pero nunca pensar que los errores son culpa nuestra ( o al menos que seamos parte de esa "gente" creadora del problema).




El ritmo desde esa primera escena es vertiginoso, y los cinco sketchs te entrecruzan con gran dinamismo. Las frases vuelan a gran velocidad, como ráfagas de ametralladora queriendo derribar un muro, el de la indolencia del ser humano ante lo que pasa a su alrededor. Todo empieza con dos turistas a las puertas del Louvre de París, pero pronto salta a una pareja pidiendo en la calle, para pasar por un gimnasio y acabar en una maravillosa centralita de teléfono, donde los dos actores desdoblan personajes y convierten la escena en una explosión de gags y situaciones absurdas ante las que ni ellos mismos pueden evitar reírse. Este es el momento álgido de la obra, sin duda el sketch más potente, al que los actores vuelven en varios momentos, mostrando que es la escena que más engancha al público, bien sea por la velocidad de palabra y movimientos o por la interacción de cuatro personajes, que en momentos nadie tiene claro quien está hablando.




Y todo este maremagnum de situaciones cotidianas tan distintas y antagónicas, Los Absurdos Teatro lo solucionan de manera asombrosa con una escenografía mínima pero muy efectista (creada por el propio actor, mientras ella es la encargada del vestuario y el atrezzo). Con sólo un par de sillas son capaces de recrear todo tipo de ambientes, desde un banco a las máquinas de un gimnasio. La escenografía se completa con una caja y dos vinilos (con el edificio Telefónica y el edifio Grassy pintados en blanco), lo que da espacio suficiente para que los actores campen a sus anchas. Pero lo que parece minimalista al comienzo se va desplegando para convertirse en unos decorados en los que no falta de nada. De la caja van saliendo todo tipo de cosas para recrear los distintos espacios de la manera más ingeniosa.



Como ocurre con las obras de esta compañía, a nadie le resultará indiferente esta obra, cargada de mensaje pero con un tono frenético y cómico que nos deja agotados al final de la representación. La originalidad de toda la propuesta es marca de la casa, una forma de escribir y de actuar que les ha llevado a ocupar un interesante lugar dentro de la escena teatral, y que les augura un largo recorrido de éxitos, con una fórmula que engancha y que gusta a todo tipo de público
-----------------------------------------------------------------------
A protestar a la Gran Vía
Teatro: Teatro Lara
Dirección: Calle Corredera Baja de San Pablo 15
Fechas: Jueves a las 20:15
Entradas: Desde 12€ en teatrolaraentradasymasatrapaloticketea