martes, 29 de agosto de 2017

Teatro: "Tartufo" en el Teatro Infanta Isabel


La hipocresía es uno de los males que afectan al ser humano desde que han existido las diferentes clases sociales, y con ellas los distintos rangos de poder. La capacidad para embaucar al prójimo sin importante nada de lo que le pase es mucho más frecuente de lo que pensamos, y directamente proporcional al poder que manejen los interesados. La nobleza, la religión, las familias de la más alta alcurnia, en todos esos ámbitos en los que se mueven los hilos del poder es donde más vuelan los puñales, y donde menos debes fiarte de quien te halaga y se muestra dispuesto a ayudarte.



El director José Gómez-Friha se pone al frente de esta peculiar versión sobre la obra de Moliere, que tras su exitoso paso el año pasado por el Teatro Fernán-Gómez, aterriza este verano en el Infanta Isabel con algunos cambios en el reparto pero con las mismas ganas de indagar sobre la hechizo que supone el poder y hasta donde está dispuesto a llegar un hombre para alcanzarlo. La versión corre a cargo de Pedro Villora que pretende "Abordarlo desde una perspectiva religiosa, dada la condición de Tartufo de falso devoto". Esta versión se centra más en el carácter narcisista del personaje, con una doble moral tanto económica como social. El Tartufo que aquí se nos presenta destruye a las víctimas desde la especulación y la corrupción, dando un final a la obra mucho más duro que el de la obra de Moliere, pero mucho más cercano a la vida real.


La compañía Venezia Teatro se embarca con este texto en su cuarto montaje, siempre centrados en textos clásicos. Tras "La hostería de la posta" (de Carlo Goldoni) y "La isla de los esclavos" (de Pierre de Marivaux), el verano pasado arrasaron en el Teatro Infanta Isabel con "Los desvaríos del veraneo" (divertido texto de Carlo Goldoni). Con este cuarto proyecto parecen haber dado el salto definitivo para hacerse con un hueco dentro del circuito teatral. Con el reconocimiento de seis nominaciones a los premios Max (incluyendo el de mejor montaje, mejor actor y mejor actriz de reparto), se convirtió en uno de los mayores éxitos de la pasada temporada.


Del reparto original se mantienen los dos actores que a mi juicio sostienen la obra (ambos nominados a los Max): Vicente León y Esther Isla. Él comienza la obra en su papel de abuela cabreada, dejando el listón muy alto para todo lo que pudiera pasar después. En su papel principal del padre mantiene un alto nivel, aunque por debajo de la maravillosa abuela. Por su parte Esther Isla está descomunal en su papel de sirvienta, haciendo las veces de "narrador" que nos va explicando los entresijos familiares. A lo largo de la obra los dos mantienen un interesante duelo interpretativo, en el que Esther pone el lado cómico y Vicente el dramático. En este combate de grandes actores sale victoriosa (al menos a mi juicio) Esther Isla, que acaba devorándose al resto de personajes, convirtiéndose en el eje por el que discurre la obra.



El resto de actores mantienen el tipo, aunque siempre bajo la sombra de los "principales" (no tanto por presencia en el texto sino por sus interpretaciones). Repiten Nüll García (la hija a la que el personaje de León quiere casar con Tartufo) e Ignacio Jiménez (en el papel de novio, que se vuelve loco por las manipulaciones de Tartufo) que ya formaron parte del reparto la temporada pasada. Los cambios en el elenco vienen de los dos actores más "populares", Rubén Ochandiano y Marián Aguilera. Sus papeles los interpretan en esta ocasión Lola Baldrich (en el papel de madre y amor prohibido de Tartufo) y Alejandro Albarracín en el papel de Tartufo.




La historia nos traslada a la casa de la familia Pernelle, en la que todos están alerta ante la amenaza de Tartufo, un extraño personaje que ha embaucado a Orgón (el padre de la familia) para instalarse en la casa diciendo que es un mendigo que necesita asilo. Salvo Orgón, todos ven algo raro en este siniestro hombrecillo que como si de un virus se tratara va extendiendo sus maléficos planes por toda la casa. Pese a los intentos de todos los miembros de la familia de hacer ver a Orgón que su devoción por Tartufo les traerá problemas, él se cierra en banda y se atrinchera contra todos en defensa de su "pupilo". Escudándose en la religión, el falso devoto utiliza la bondad y la fe del iluso patriarca en favor de su beneficio personal. Con todo tipo de artimañas consigue que el padre deshaga el compromiso de boda que había dado a su hija, para casarla con Tartufo.



Tartufo, como buen hipócrita, conoce las debilidades de cada persona para atacar donde más duele. Es un personaje inteligente y astuto, que se aprovecha de las personas para poder hacer con ellas lo que más le interese en cada momento. Se acerca a los más manipulables (en este caso Orgón), para manejarlos a su antojo, poniéndoles en contra de aquellos que lo tachan de impostor. Es una estrategia que suele funcionar a todos los niveles, acercarte al poderoso de la manera más sutil y estudiada, para después criticar a todos aquellos que puedan desbancarte del lugar de privilegio adquirido.



La idea de la obra es plasmar la avaricia del ser humano. La idea de que una persona sea capaz de hacer cualquier cosa con el único objetivo de conseguir riqueza y poder. Es una feroz crítica a esta sociedad sin corazón, en la que lo único que mueve a las personas es el dinero. Una velada denuncia a la injusticia social, a las personas que se aprovechan del prójimo en su propio beneficio caiga quien caiga, pero también una crítica a la gente como Orgón, que se deja "seducir" por lo que quiere escuchar y no analiza lo que pasa. Una sociedad polarizada por los poderosos que se dejan seducir y por los "seductores" que sólo quieren medrar, dejando a la gente honesta en un lugar residual, pagando los platos rotos de las disputas de los poderosos con los avariciosos.



'Tartufo, el impostor' en el teatro Infanta Isabel de Madrid 

En una última escena desgarradora, Tartufo defiende su actuación con la demoledora frase "la ley protege a quien la conoce. No es culpa mía que la mayoría viva despreocupada de obligaciones y normas", dejando sin palabras a la familia Pernelle, que ha picado de lleno el anzuelo lanzado por el impostor, hasta límites que ni ellos mismos pueden creerse. Un discurso contundente y explosivo, cargado de ironía, que se convierte en una burla al estilo de vida actual, pero en el que podemos ver muchas de las cosas que utilizan los políticos (o los bancos) para "seducir los oídos de sus clientes".




La obra, que parece muy ligera al comienzo, va endureciéndose por momentos, para llegar a momentos dramáticos en su parte final. Esta dualidad hace que la obra te mantenga desconcertado en todo momento. Por el desarrollo cómico de la mayor parte de la obra, impacta aún más su desenlace, lo que da un mayor valor al conjunto. La obra se nos plantea como un divertido juego de malabarismo actoral, en el que todos esquivan la realidad de lo que está pasando para disfrazarlo de comedia de enredo

El apoteósico final nos deja trastocados. El discurso de Tartufo derrumba toda la alegría y diversión que había transmitido la obra, el texto se despoja de la careta para mostrarnos la cruda realidad y sorprendernos con un discurso apabullante, que se convierte en una crítica a la impostura, pero también a la especulación, las ansias de poder y el individualismo más descarnado.

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Tartufo
Teatro: Teatro Infanta Isabel
Dirección: Calle Barquillo 24
Fechas: Martes a Viernes a las 20:30, Sábados a las 20:00 y Domingo a las 19:00
Entradas: Desde 12€ en gruposmediaticketeaatrapaloentradas.com