viernes, 25 de agosto de 2017

Teatro: "Espacio disponible" en Teatro Lara


Los sueños no tienen edad, al igual que el amor. Dos jubilados con muchas ganas de vivir (aunque con algún que otro achaque) pueden ser más valientes y arriesgados que unos adolescentes. La experiencia, la complicidad o la fidelidad son pilares que van cimentando los postreros años de la vida. Estos pilares son capaces de hacer disfrutar de la vida, de las pequeñas cosas cotidianas y de los recuerdos vividos junto a los seres queridos, con mucha más alegría que cuando las obligaciones nos obligan a hacer todo a la carrera. La vida vista desde el atalaya de quien está de vuelta puede ser una bonita lección para todos los que piensan saberlo todo.



La compañía Perigallo Teatro vuelve a llegarnos a lo más profundo de nuestra alma con esta preciosa historia de amor eterno y lunático. Tras sorprendernos y ponernos el corazón patas arriba con la maravillosa "La mudanza" , vuelven con esta nueva pieza de artesanía teatral llena de complicidades y guiños, pero sobre todo es una obra que desprende sinceridad en cada escena. No es necesario tratar temas rebuscados o contar historias extraordinarias y fuera de lo común, la vida está llena de pequeños momentos maravillosos, detalles e instantes que merecen la pena ser contados, por lo bonito de las rutinas, lo que hace que la rueda de la vida siga en movimiento.



Los encargados de crear esta pequeña joya son, como es habitual en esta particular compañía, los dos actores protagonistas. Javier Manzaneda y Celia Nadal vuelven a escribir e interpretar, siendo creadores absolutos de lo que quieren transmitir. En esta ocasión es Antonio C. Guijosa el encargado de guiarles (en este caso me parece más apropiado el término que el de dirigirles) por esta tierna aventura sobre el amor a lo largo de una vida entera y los sueños que han ido quedando por el camino. No podemos negar que guarda ciertas similitudes con su anterior obra, pero en esta obra han centrado más la escena para enfocar el texto a la relación de amor indestructible entre los personajes... y la luna.



La maestría con que estos dos actores dominan la escena hace que todo lo que dicen y hace nos sea creíble y hasta reconocible, la sencillez de las cosas bien hechas (con la dificultad que ello conlleva) sin pecar de simple en la propuesta ni adornarse en la interpretación. Ambos consiguen unas interpretaciones cargadas de fuerza desde la normalidad y la generosidad mutua. Se nota desde el primer momento que se sienten parte de la historia (les pertenece) y se mueven por ella como peces en el agua, consiguiendo que temas tristes y duros se vean desde un punto de ternura.



La historia se desarrolla en casa de Palmira y Jenaro, una pareja que ronda los setenta y que comienza a tener achaques, viviendo la mayor parte del tiempo pendientes de las pastillas que deben tomar y de los dolores que les atormentan. Son una pareja de otra época y se ven superados por muchas de las cosas que pasan en esta sociedad de la inmediatez y del consumo. Han sido siempre una pareja de soñadores que en este momento de sus vidas tienen que adaptarse a una sociedad a la que no comprenden y con la que no comparten sus preferencias (nos pasa a muchos con menos años...).



La vida de esta pareja transcurre entre las rutinas y las pequeñas complicidades que unen cada día más a los dos personajes, hasta que el anuncio de la visita de su hijo hace tambalear los cimientos de una relación que ha permanecido inalterada durante décadas. Ambos saben que tienen dificultades para valerse por si solos, pero la sola idea de abandonar su casa para mudarse a la de su hijo hace que Jenaro monte en cólera. En parte no quiere reconocer que necesitan que les cuiden e intenta escudarse en que puede hacerlo todo solo y nadie le sacará de su casa.



La idea de perder su hogar se suma a la sensación de inutilidad que conlleva el que alguien se haga cargo de ti, más en esta sociedad tan individualista. La ternura con la que se tratan todos los problemas que rodean a los protagonistas, hace que la historia vaya adquiriendo por momentos trazas de fábula, en la que los sufridos amantes tienen que luchar contra un mundo que no les comprende y que quiere desahuciarles de la vida antes de tiempo. Los protagonistas van cargándose de razones para permanecer en su casa, en un continuo alegato contra el mundo actual que no les deja otra opción que permanecer tranquilos en su refugio.


La belleza con la que transcurren los hechos a lo largo de la obra hace que queramos llevarnos a la pareja para casa, para que nos sigan maravillando con sus historias sobre inventos y cajas de música. Ambos actores están en un nivel descomunal, combinando los momentos de drama con los de la más ácida comedia sin apenas inmutarse. La pareja se mantiene fiel a unos personajes muy complejos, pero que se muestran tal como son desde la primera escena: enamorados, cabreados con el mundo, expectantes por un futuro incierto, pero sobre todo cómplices y compañeros, capaces de hacer lo que sea el uno por el otro.



Dentro del tono "pausado" de la obra (pese a los momentos de arengas contra el mundo de Jenaro), destaca la única escena que se desvía del resto. El sueño que tiene Jenaro, en el que mea concertinas (durante toda la obra se sabe que tiene cistitis y ve las estrellas al mear) y acaba delimitando su pequeña parcela en la luna. Contado así suena cuanto menos extraño, pero es sin duda uno de los momentos más potentes y de mayor belleza de la obra. Imágenes impactantes y que nos hablan de la contundencia del texto, que dentro del nivel tranquilo deja infinidad de críticas a la sociedad, incluido el tema de los refugiados (uno de los monólogos más impactantes).


La compañía Perigallo vuelve a mostrarse como lo que son, una pareja de su tiempo que quiere hablar de las pequeñas cosas pero sacándoles un poco de punta. En una historia de lo más tierna se tratan todas las polémicas que sacuden a la sociedad actual, desde los refugiados hasta lo envejecida que se vuelve la sociedad (más personas cobrando pensiones...), desde la locura por el consumo y la inmediatez, a las dudas que se generan sobre las acciones humanitarias
Un texto redondo interpretado por dos actores con mayúsculas, capaz de conseguir que rías y llores casi a la vez, con unos personajes modelados como si fuesen piezas de artesanía, cuidando cada arista y cada detalle para que sean tan especiales. El desenlace de la historia es tan bello como el texto en general, convirtiendo un baile en un manifiesto en contra del mundo y a favor de los enamorados lunáticos.
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Espacio disponible
Teatro: Teatro Lara
Dirección: Calle Corredera Baja de San Pablo 15
Fechas: Sábados a las 19:15
Entradas: Desde 12€ en teatrolaraatrapaloentradasymasticketea