jueves, 10 de agosto de 2017

Teatro: "El síndrome de los agujeros negros" en el Teatro Lara

El amor tiene mil caras, infinitas formas de vivirlo y de sufrirlo, tantas como personas hay en el mundo. Nada en las relaciones amorosas debería estar escrito, y menos aún establecer de antemano lo que es o no posible. Las personas se enamoran de una mirada, de un gesto, de una manera de ser... fuera los estereotipos, fuera lo establecido, abramos las mentes y vivamos el amor de la manera que nos lo pida el cuerpo. Las pequeñas joyas que componen esta obra de teatro nos adentran en relaciones que se salen de lo normal, pero que aún así viven el amor con la misma intensidad que quien cree que sólo se puede hacer lo correcto. 




Hay veces que al salir de una obra de teatro sientes que has visto algo especial, que por algún extraño motivo te ha llegado más adentro, bien sea por la interpretación, la dirección o el texto. En este caso todo ayuda un poco. Pese a la "dureza" de la obra por momentos sales relajado, consciente de que ha removido en tu interior cosas que antes dabas por seguras. La belleza a la hora de contar situaciones tan extremas te da una sacudida, un calambre que te recorre el cuerpo al notar que el amor es mucho más complejo de lo que pensabas antes de entrar en este viaje por los agujeros negros




Ramón Paso es el encargado de dirigir de nuevo a estas fieras llenas de vitalidad y fuerza que son las chicas de la compañía Pasoazorín Teatro. El director indaga en la zona más oscura del amor, en esos espacios a los que nadie quiere asomarse, en los que nadie se siente cómodo. Una secuencia de pequeñas historias que nos fascinarán y nos pondrán los pelos de punta, por su forma directa de contar las cosas. Estas cinco historias nos hablan de amor, de sentimientos y de pasión, pero desde huecos del corazón rara vez explorados. 

En esta ocasión se unen a Ramón Paso en la dramaturgia Sandra Pedraz Decker y Marta Mangado, lo que amplía el campo de visión sobre las "aristas" del amor, esas que se quieren esconder por su singularidad pero duelen como todas. Las cinco escenas, aparentemente inconexas, van cogiendo forma de un todo según avanza la obra, cuando apreciamos que el amor es lo que une todo, un amor oscuro y lleno de trabas en algún caso y lleno de obsesiones y angustias en otros, pero un amor capaz de cambiar las vidas de sus protagonistas.




Los textos son desgarradores por momentos, la dirección brillante y detallada (casi artesanal), pero la potencia y versatilidad de las actrices que forman el reparto es apabullante. Cinco actrices que abordan personajes desgarradores, de los que duelen, y que los defienden con elegancia, solvencia y maestría. Ana Azorín, Inés Kerzan, Ángela Peirat, Patricia Bertrand y Elisa Pelayo son las encargadas de defender este monumento al amor, que sacan adelante con una fuerza y una entrega que nos hace mantenernos al límite de nuestros sentimientos en todo momento.

La compañía Pasoazorín Teatro, formada integramente por mujeres, siempre sorprende por la contundencia de las propuestas que realizan. Un grupo de valientes actrices que buscan tocarnos la fibra hablando de temas del alma, pero siempre desde una visión políticamente incorrecta, lo que carga a sus textos de una vitalidad y potencia que nos hacen tambalear en nuestros asientos. Una visión de la vida marcada por el compromiso social hacia aquello que la sociedad intenta esconder, o simplemente le incomoda mostrar. Historias que nos muestran desnudas, sin maquillajes ni artificios, pero con un sarcasmo y acidez en sus diálogos que nos hace estar cómodos pese a la crudeza de lo que estamos viviendo. Este mes de Agosto reponen en el Lara la maravillosa y salvaje "La ramera de Babilonia" una delicia que nadie debería perderse. 




Los textos y los personajes parecen cobrar vida, parecen tener un proceso vital del que nos gustaría conocer más. Cada una de las historias están tan bien armadas que nos quedamos con ganas de más, nos parece que estamos ante los trailers de cinco obras de teatro en potencia, en la que se desarrollase en profundidad cada uno de los temas que se tratan en estas pequeñas perlas. Las cinco escenas que se nos cuentan son apabullantes, hipnóticas, con situaciones y personajes que nos enamoran por su profundidad y su singularidad

Ante un espacio escénico vacío se van mostrando las cinco historias, perfectamente hilvanadas por momentos en los que aparecen las cinco actrices en una pequeña secuencia de movimientos que sirve como inicio a cada una de las escenas. Una secuencia que parte de un monólogo para continuar con situaciones de pareja protagonizadas por dos actrices cada una, situaciones que se cuentan a la cara, sin tapujos, sin edulcorantes, con personajes sin dobleces que tienen muy claro lo que quieren.



Todo este viaje comienza con el monólogo "Horizonte de sucesos", de Ramón Paso, en el que la dulce Natalia (papel interpretado por la maravillosa Ánegela Peirat) nos hace un juego de luces y sombras tan tierno y dulce en su forma como solemne y lapidario en su contenido. La actriz, con la única compañía de una linterna, nos va mostrando el camino de lo que será este viaje a lo más profundo de "los agujeros negros del corazón". En un maravilloso juego de luces y sombras en los que se simula el amor y el desamor, la historia nos desgarra desde el primer momento, como adelanto de lo que se nos viene.


La primera historia de pareja es "Panteras rosas" (texto escrito por Sandra Pedraz Decker), sin duda la más dulce y tierna de todas y quizás la única que nos da más momentos de ternura que de sufrimiento. Ana Azorín (en el papel de Eva) y Elisa Pelayo (en el papel de Clara) protagonizan esta divertida y rocambolesca historia sobre dos almas que no tienen nada en común pero que sus miedos y sus necesidades les llevan a unirse para salvarse mutuamente.



El siguiente episodio de este viaje nos hace girar totalmente, planteándonos la extraña conversación de dos mujeres enamoradas del mismo hombre. "El síndrome de los agujeros negros" (escrita por Ramón Paso) nos muestra a Carmen (Inés Kerzman) y a Silvia (Patricia Bertrand), esposa y amante de un hombre que juega con ellas. Marcada por la velocidad en los diálogos, esta historia nos remueve desde el primer momento para dejarnos en todo momento descolocados. Un diálogo que crece en intensidad, dureza y desconfianza, según se van descubriendo todos las intimidades de ambas.



Una vez alcanzados este punto de la obra sabemos que todo es posible y que todo lo que nos habían contado sobre el amor era mentira. En "Mermelada de fresa" (de Marta Mangado) Ana Azorín en el papel de Ana y Ángela Peirat en el de Daniela, nos van a mostrar lugares oscuros, casi tenebrosos, sobre los límites que puede alcanzar una persona enamorada. Expuestas desde el primer momento por la tensión de la escena, las dos actrices nos muestran hasta donde puede llegar la obsesión por el control y la posesión en el amor.



"El jardín salvaje" (de Ramón Paso) cierra la obra por todo lo alto, dando un giro más, hasta casi retorcerla, a la palabra amor y sus posibles aristas tenebrosas. Interpretada de forma soberbia por Inés Kerzman (en el papel de Belén) y Elisa Pelayo (en el papel de Alicia), la historia es tan tierna como salvaje, tan romántica como obsesiva. Una historia que sirve como una perfecta traca final, al hablarnos de temas tan peligrosos como la pedofilia, incluyendo un impactante final.



El conjunto está estructurado de forma soberbia, dejando cada historia un poso de verdad que nos hace reflexionar. Cada uno saldrá pensando cosas distintas de cada uno de los temas que en ellas se trata, pero lo que no cabe duda es que dará que hablar, lo que significa que nos ha traspasado hasta llegarnos a lo más profundo del alma. 

Hay obras que por lo que cuentan y por la manera que lo hacen merecen tener una larga trayectoria en las tablas. Este ramillete de impactantes joyas teatrales merece ser vista y degustada por mucha gente, además de por la sinceridad y sencillez con la que tratan temas tan espinosos, porque son gente valiente, que hace teatro desde las entrañas para hablar de las cosas sin ninguna doblez, diciendo las cosas a la cara y de forma directa. Tan redondas me parecen las cinco historias que desde aquí pediría a los autores que indagasen sobre la posibilidad de hacer una obra de cada una, estas joyas lo merecen.


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El síndrome de los agujeros negros
Teatro: Teatro Lara
Dirección: Calle Corredera Baja de San Pablo 15
Fechas:  Sábados a las 23:15 y Viernes 25 a las 22:15
Entradas: Desde 12€ en teatrolaraatrapaloteatromadridentradasymas