sábado, 8 de julio de 2017

Teatro: "El viento hace la veleta" en Nave 73


La familia como elemento social puede por momentos ser un fiel reflejo de los debenires del colectivo. Con esta interesante metáfora se nos muestra lo frágil que puede ser la felicidad, lo poco que se necesita para que todo salte por los aires y nuestro idílico bienestar naufrague. La historia de una familia cualquiera que a lo largo del siglo pasado y comienzos de este ve transformarse el mundo con una velocidad que no en todo momento logran comprender ni asumir.





La obra se enmarca dentro del ciclo "Imparables", un interesante ciclo que durante la primera quincena del mes de Julio da la posibilidad a nuevos creadores de mostrar sus propuestas en el escenario de Nave 73. La muestra presentará siete proyectos escénicos nacidos en distintos centros formativos. Proyectos muy distintos que nos confirman el gran momento que vive la escena madrileña. En estos días aún estáis a tiempo de pasar un rato divertido con "Yo soy Pepe Postigo", de sufrir con "Marat Sade" o descubrir las nuevas formas de relacionarse con  "Nada se pierde ni puede perderse". Un interesante cóctel en el que cada una de las propuestas te dejará un gran regusto en el paladar.


En el caso de "El viento hace la veleta" la historia va mostrándonos la evolución de una familia a lo largo de los años, en una época tan convulsa como la actual, en la que todo cambia a un ritmo que es difícil de asumir. El texto del alemán Phillipp Lohle nos muestra esta unidad familiar como ejemplo de una sociedad que se resquebraja a las primeras dificultades. Nos habla de la búsqueda de unos sueños, de la lucha en el día a día por sobrevivir, pero ante todo nos habla de la fragilidad de las relaciones personales, por muy cercanas que estas sean. La historia narrada desde la perspectiva de una familia en la que cada uno de sus miembros tiene unos sueños, unos objetivos y unas esperanzas que raramente llegan a cumplirse.



Esta potente versión corre a cargo de Tomás Cabané en la dirección, junto a David Hidalgo (ayudante de dirección) y Francisco Díaz Soler (traducción). El resultado es apabullante, una obra contundente que nos hace reir a la vez que nos golpea con fuerza en lo más profundo de nuestra conciencia. Cabané es, pese a su juventud, uno de los nombres que suenan cada vez con más fuerza en la escena madrileña. Hace meses pudimos disfrutar de su obra "En la capital" en la sala Nada, y antes nos sorprendió con "Viaje a Francia" o "Labels" (todas ellas como autor y director). Un autor del que sabíamos de su destreza con textos propios, pero que en esta ocasión nos demuestra que sabe adaptar a la perfección historias ajenas.



La historia de esta familia desde "mil novecientos y algo" se asemeja mucho a lo que pudieron ser las vidas de la clase media europea, que se hizo fuerte a finales del siglo pasado para empezar a tambalearse con la llegada de las curvas que el destino nos tiene reservadas siempre. La vida parece de color de rosa al comienzo de la obra, con fotos de familia en las que todos son felices, una pequeña isla en la que todo está en orden y la armonía se adueña de todo. Pero con los primeros "baches" en la carretera en castillo de naipes de derrumba. El abandono del trabajo por parte del padre rompe la idílica situación, que nunca volverá a ser la misma. Una montaña rusa de sensaciones que va minando la unidad familiar hasta dejarla hecha añicos.




Uno de los puntos fuertes de la obra es sin duda la elección de los miembros de esta peculiar familia. Iván Luis y Ana Carril son los padres que destilan felicidad en el inicio pero que son los que más tumbos dan a lo largo de la historia. Papeles ambos de gran complejidad por la cantidad de situaciones emocionales distintas que sufren sus personajes, los dos están a gran nivel, con momentos sublimes entre tanto pico emocional. 
Juan Paños e Inma Garzía son los hijos, aunque a lo largo de la obra los dos hacen varios papeles más (siempre a un nivel espectacular). Si complejos son los papeles de los padres por su cantidad de baibenes y situaciones límite, los hijos llevan todo ello a límites aún mayores. Ambos personajes parecen necesitados de una obra para ellos solos, en los que se pueda ver en profundidad la maravillosa cantidad de matices que se esbozan a lo largo de la obra.



Cuatro personajes que sufren, disfrutan, se hieren, se aman...en definitiva, viven. Cada uno evoluciona de una manera distinta, a cual más interesante. Mientras los padres van uniéndose ante cada palo que les da la vida, los hijos van escapando de esa "isla" en la que todo debería ser ideal. La hija mantiene sus deseos escondidos mientras hace lo que cree que está bien (o lo que piensa que el presidente desea), pero siempre lucha por ellos, aunque sea de una forma clandestina. Una interpretación que destila ternura, el elemento que mantiene unido a la familia en los malos momentos y al que todos quieren por encima del resto.
Pero sin duda la transformación más impresionante es la que lleva al bebé de tres años a ser un hombre a lo largo de la obra. Vemos su evolución, lo vemos crecer conociendo sus inquietudes y sus miedos, sus pasiones y sus amores, descubriendo al personaje con más aristas de todos
Una familia que lucha para sobrevivir, al principio desde su isla común pero que acaban tirando cada uno por su lado, buscando su propio bienestar. Esperemos que lo de estos días en la Nave 73 sea el comienzo de una larga andanza, la obra y las interpretaciones lo merecen.


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El viento hace la veleta
Teatro: Nave 73
Dirección: Calle Palos de la frontera 5
Fechas: Miércoles 5 y Jueves 6 de Julio a las 20:30
Entradas: Desde 14€ en nave73, atrapalo