lunes, 24 de julio de 2017

Teatro: "Autodestrucción" en Sala Azarte


La sala Azarte, con "Autodestrucción", nos presenta una realidad distópica a la que somos introducidos en el momento mismo de pisar la sala. Con un ambiente que recuerda el mundo feliz de Aldous Huxley, pero narrado con diálogos de Ionesco y unas dosis homeopáticas de Artaud, el conjunto funciona a la perfección.


Como toda buena distopía, la obra no nos presenta una realidad lejana que pueda aterrarnos pero que no podamos temer realmente por resultarnos totalmente ajena, muy al contrario nos ofrece la realización de nuestros sueños cotidianos llevados al extremo. Es así como la obra nos permite percibir el carácter trágico de la vorágine que vivimos: aunque queramos distanciarnos con autosuficiencia de los personajes de la obra, una punzada de honestidad nos hace saber que somos nosotros mismos.



Somos nosotros aceptando una oligocracia que nos permite vivir la ilusión de decidir, queriendo domeñar nuestros sentimientos para que sean un remedo de los que vemos en el celuloide, disfrazando nuestra complacencia  e insensibilidad de sagacidad y nuestro conformismo de realismo cínico,viviendo la vida como si fuera un contrato, como si de hecho estuviera ya escrita y, como diría un borg, toda resistencia sea fútil. El mundo de "Autodestrucción" es aquel hacia el que caminamos inexorablemente, esto es, aquel en que ya estamos aunque aún solo sea sembrando lo que cosecharemos en ese 2050 del que nos habla la obra.



 En esta obra coral desfilan diferentes personajes sin nombre (gran trabajo de los actores, que son al fin un todo, un mundo, con sus personajes), enfrentados a situaciones cotidianas vistas desde una perspectiva absurda. Esto último permite que el apocalipsis sea suavizado con humor y así, como en la vida, construimos nuestra autodestrucción sin pena, es más, distraídos de lo que realmente ocurre.



Nos divertimos viendo una obra que nos demuestra hasta qué punto la vida como diversión es precisamente una vida divertida de su curso, que vuelve la vista de lo importante, que consiste en estar permanentemente ocupados para no tener que vivir pre-ocupados.




Gracias al humor la obra consigue no caer en el error de convertirse (si acaso solo un poco al final) en un sermón, cosa esta que cualquier buena distopía no puede permitirse, pues son precisamente los soñadores, creadores y gobernante de regímenes distópicos (utópicos desde su perspectiva) amos y señores del sermón.






"Autodestrucción" una necesaria ¿distopía?

En conclusión, estamos pues ante una muy necesaria ¿Distopía? Los amantes del teatro harían muy mal en no asistir a nuestra "Autodestrucción".


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Autodestrucción
Teatro: Sala Azarte
Dirección: Calle San Marcos 9
Fechas: Viernes a las 21:00
Entradas: Desde 10€ azarteatrapalo