lunes, 12 de junio de 2017

Taller de creación escénica: El gran mercado en el Conde Duque

Calderón, Corazza y el Conde Duque. Tres ces para abrir boca.

La llegada a la sala es tranquila, ordenada. Butacas rojas y una mesa en la central de la primera. Una botella de agua en el hueco del director. El elenco casi al completo emula con sus despatarrados cuerpos el límite visual de la escenografía. Nos sentamos.
Los actores recuerdan los contornos de Schiele. Un erotismo soterrado parece amenazar la obra de Calderón. Nos explican la propuesta y todo comienza a girar. Flashbacks de mi último ensayo (Billy Budd) se unen a un deseo intenso de que en esta ocasión no todo fluya a la perfección. Mi relación filosófica con los “errores” viene de lejos, y poder contemplarlos es un regalo.

La voz de Corazza interrumpe los comienzos. No pares,- se escucha-, sigue moviéndote. Repite, no, así no. Las cosas no salen, nunca van a salir, dice, y una amenaza se desliza entre las letras del eslogan. Porque Beckett no es el adalid del positivismo, y su "ever fail", ningún aforismo barato. Hay que viajar el término para entenderlo. Aún así la obra discurre y la voz desaparece.
Los actores, jóvenes, adoptan roles cercanos a su fisonomía, no hay retos en escena. Sorprende la versatilidad de uno de ellos, una culpa con cuerpo, y una voz con tonos. Mi acompañante coincide.
Calderón representa lo que representa, y aunque el mercado se considere una obra menor, su trasquilado ha de hacerse con mesura. Eso aquí escasea, y las puntadas de Shakespeare desunen. Lorca, no ayuda. Algún recurso estilístico escupe a nuestra inteligencia.

Dice Mayorga que los buenos actores son dramaturgos, y sin entrar en disquisiciones derivadas tengo que decir que aquí no lo son. El trabajo coral que realizan, el esfuerzo que se perfila en sus rostros es loable, pero insuficiente. Y he de disculparme, lectores, por la acidez de esta crítica, pero la fama afila el lápiz con el sacapuntas de las expectativas.
Los jóvenes se entregan, su mayoría se lo curra, pero el artificio de un discurso ajeno sobrevuela toda la obra. El texto no trasciende la envoltura, y la psicología exacerbada descansa sobre pasiones básicas. Un teseracto convertido en un cuadrado, bidimensional, sencillo colorido y bello, pero plano.

Y aun así, hay que verlo. La exquisita belleza del proceso creativo espera ansiosa a vuestro voyeur soterrado. No la dejéis morir, no lo merece.

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El gran mercado del mundo.
Teatro: Teatro Conde Duque.
Dirección: Calle Conde Duque, 9.
Fechas: del 20 de mayo al 10 de junio. Cada año aprox.
Entradas: desde 5€.