martes, 23 de mayo de 2017

Teatro: "Los esclavos de mis esclavos" en Teatros del Canal


La realidad que se vive en Oriente Medio dista mucho de lo que sale en prensa o lo que se nos quiere hacer pensar en películas de corte "populista". La verdad es siempre mucho más compleja y en la mayoría de los casos los verdaderos culpables no son los que acaparan las miradas incriminatorias de los medios. Existen millones de damnificados que sólo quieren vivir en paz, que les dejen tranquilos, pero que a estas alturas ya lo han perdido todo y sólo piensan en sobrevivir. 




Esto es lo que intenta plasmar (y consigue en gran medida, aunque habría mucho más que profundizar) esta obra en la que no hay buenos ni malos, pese a que se trate de tres personas encarceladas frente a la mujer que les custodia. Lo que parece una dramática cuenta atrás hacia un desenlace funesto, se torna en un arduo debate sobre la situación en Afganistán (y por extensión en todo Oriente Medio) en el que dos mujeres se sinceran sobre lo que sienten y lo que piensan sobre este longevo conflicto, en el que no existen vencedores, solo perdedores y víctimas.




El texto de Julio Salvatierra narra con crudeza y sin ningún miramiento el sufrimiento de tres cooperantes de Acnur que están presos en una cueva de las montañas de Afganistán. Una historia que habla del miedo del recluso ante su incierto futuro, pero también de la diferencia de status (siempre hubo clases...) entre cada uno de ellos, que hace que sus situaciones sean muy diferentes. La obra se divide en varios episodios, perfectamente unidos por la inclusión de nuevos personajes que introducen un nuevo debate en la escena.





La obra comienza con un solo personaje en escena. Se trata de Rober (interpretado de forma magistral por Fran Cantos), una persona anónima que dejó la tranquilidad de su casa para hacer algo que creía necesario y justo: ir a Afganistán dentro de la ayuda humanitaria que presta ACNUR en la zona. Lleva tres meses aislados y lucha por no volverse loco. Este primer "capítulo" nos habla de la soledad del preso, del aislamiento de una persona que sólo había viajado a Oriente Medio para ayudar a un país devastado por la guerra. La angustia de este personaje ante la absoluta falta de información es escalofriante. Su única compañía es él mismo y su único propósito es no perder la cordura.




La llegada a la celda de Ismail (pausada y conmovedora interpretación de Alvaro Lavin) cambia la perspectiva de Rober. El nuevo compañero es nada menos que el embajador de ACNUR en Afganistán, un afgano de nacimiento que emigró a Estados Unidos de niño (personaje inspirado en Khaled Joseini , autor de "Cometas en el cielo") y se convirtió en un famoso escritor de best sellers. Mientras Rober, con su humor ácido, no deja de interrogar a Ismail sobre "como va su rescate" el recién llegado sólo quiere saber como ha llegado a ese lugar y donde están realmente. El paso del tiempo va uniendo a estos dos cooperantes de futuro muy incierto.



Pero la tensión sigue en aumento con la llegada a la celda de Anik (descomunal interpretación de Elvira Cuadrupani) responsable de la seguridad de los cooperantes en Afganistán. La más agresiva de los personajes mantiene una encarnizada lucha con sus compañeros por defender su postura sobre lo que les ha pasado a los tres, pero a la vez se niega a informarles sobre las opciones reales que tienen de salir vivos de este secuestro. Llegados a este punto vemos claros los "rangos" que cada uno tienen tanto en la cárcel como para la gente que intenta ayudarles. Así los personajes empiezan a sufrir "su propia realidad", mientras Rober tiene claro que no tiene opciones de salir de allí, los otros dos se debaten sobre la importancia de cada uno para la organización.




Pero sin lugar a ninguna duda, la aparición de AMINA (imperial Inés Sánchez, con presencia fantasmal al principio y de una contundencia abrumadora al final) como elemento protagonista de la escena lo cambia todo. Un personaje valiente que aparece durante toda la obra como un ser frío, casi de movimientos robóticos, se "descubre" como un elemento clave para entender la obra, tanto por el hecho de ser mujer como por la manera en que defiende a los muyahidines. La historia cambia de ritmo con la aparición de este nuevo personaje, que desencadena una serie de testimonios que marcaran tanto el final de la obra como la idea que nos llevemos de todo lo que en ella se cuenta.



El ritmo increscendo de la historia está meticulosamente medido, al mismo tiempo que va decayendo el tono jocoso del comienzo. El ambiente se vuelve angustioso, claustrofóbico incluso para el espectador, que ve en la luz que se muestra de las ventanas de la celda el único elemento de esperanza para huir de esa angustia. Desde el primer momento la tendencia al melodrama sobrevuela a los personajes, que lejos de lamentarse por su situación luchan ante la adversidad, intentando llevarlo de la mejor manera, incluso intentando buscar las razones por las que están en esa situación.



Pero más allá de lo que piensen o sientan cada uno de los cooperantes secuestrados, la verdadera lectura de esta dolorosa historia es la que cuenta Amina (la mujer que les lleva la comida a la celda) cuando se decide a hablar después de meses sin decir palabra. Tanto la conversación con la responsable de seguridad, Anik, como su monólogo sobre la situación de su país, son realmente demoledores. Un alegato en favor de un país (o de cualquiera de los de esa zona) que ha sido devastado por una guerra a la que los países extranjeros han venido primero a colonizar para luego decir que vienen a ayudar... La realidad de un pueblo que quiere defender lo suyo de la gente que se cree con derecho a dirigir sus vidas.



La obra nos tiene agarrados por la solapa desde el primer momento, pero según se acerca el final el corazón se empequeñece con lo que escuchas. Muchas cosas que parecen muy claras sobre Oriente Medio se tambalean a lo largo de la obra, sobre todo en su último tramo. Los intereses internacionales en esos países, el papel de la mujer de esta cultura, la doble moral de occidente (verdugo en un primer momento y "humanitario" después)... pero todo eso también contrasta con gente que lo deja todo por que entiende que lo que pasa es injusto, que debe hacer algo para ayudar. 
Personajes de todo pelaje que nos dejan claro que al final los que más sufren (quizás los únicos) son los inocentes, los que pierden a sus familiares en las guerras, o bien porque bombardearon su hogar, o bien porque fue en ayuda humanitaria y lo raptaron, o bien porque se fue y nadie supo nunca nada más de él.
Lo que parece más claro, al menos es la sensación que a mi se quedó tras la obra, es que nos queda mucho que aprender unos de otros, que nada es tan "radical" como nos hacen ver, y sobre todo que ir por ahí invadiendo países "por el bien común" es el mayor de los errores, y en la mayor parte de los casos se te vuelve en contra.... 
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Los esclavos de mis esclavos
Teatro: Teatros del Canal
Dirección: Calle Cea Bermúdez 1
Fechas: Martes y Miércoles a las 20:00, Jueves,Viernes, Sábados y Domingos a las 20:30
Entradas: Desde 16,20€ en teatroscanal