domingo, 9 de abril de 2017

Otelo en La puerta Estrecha

Hoy he leído la prensa, cosa que con el perdón del “Hipster-dios”, no hago a diario. Y mientras le daba brío a la lectura, el eco del Otelo del Actoral Lab ha resonado en mi cabeza. ¿La causa? Que Paco Montes señala las sombras de la humanidad con su adaptación, en un texto que enarbola la manipulación como bandera. 


Lucas Smint y él, limitan el discurso con un cuidado diseño del espacio escénico y audiovisual gracias al maravilloso trabajo de José Helguera, Luz E.T, Raquel Rodríguez y Un, Dos, Probando. Aquí, los claroscuros habituales en Shakespeare se entrecruzan con Siria y las cuestiones de género, en un mosaico que destroza en la primera escena la tesis de Bloom sobre la virginidad de Desdémona.


Con solidez narrativa se insinúan las pasiones más poderosas y se empuja a mirar el abismo de la maldad de Yago. Y ya se sabe lo que ocurre cuando se alarga esa mirada. Pero dejando de lado (sólo un par de frases), las cuestiones filosóficas, Antonio Alcalde se merece una enhorabuena por su “perfecto diablo de Occidente”. Y es que Yago es una figura excepcional donde el laberinto de la psique hila estrategias cargadas de dramaturgias ajedrecísticas. 


Este marionetista tiene aquí el rostro del poder civilizado (exacto, el de Trump & Co.). Un poder que doblega al insumiso y castiga la empatía con la psicopatía que hace bailar al mundo. Y para mostrarlo qué mejor que el momento de la desinsectación donde la cultura del honor actúa con armas nuevas.


En conclusión, Otelo, tragedia doméstica, deja de serlo en La Puerta Estrecha. Los cimientos alegóricos que disparan a las retinas, generan continuos “déjà vu” informativos. Y es que como se lee en el Yago original, “Yo no soy lo que soy”, parece ser nuestro nuevo lema.


Pero no sólo de las vilezas vivió el bardo. Desdémona (Yaldá Peñas) y Emilia (María Herrero) devuelven los golpes desde una esquina del cuadrilátero en una lucha injusta donde amor y lealtad, cojean. ¿Cómo entonces, no va este extranjero enamorado a caer en las redes del solícito alférez? Iván Calderón, que con sus gestos ayuda a imaginar la potencia del moro, desdibuja a Casio (Iñaki Díez) con pasos firmes y empujones varios del pelele Rodrigo (Óscar Varela/Iñigo Elorriaga) hasta el final alternativo. Y es que los “hombres de acción” no miden las respuestas, una pena.


Por último, una petición a la sala: ¡¡Otelo, vuelve!! Que más gente tiene que ver vuestro trabajo en ese oasis tan lindo que habéis creado.


-----------------------------------------------------------------------------------------------------
Otelo
Teatro: La Puerta Estrecha
Dirección: Calle del Amparo 94
Fechas: Jueves de marzo a las 21:00 (y próximamente...)