martes, 11 de abril de 2017

"Ni con tres vidas que tuviera" en Nave 73


Las casualidades existen y con el estreno de esta obra estamos ante un caso claro. El fin definitivo de la banda terrorista ETA se producía unas horas después de que el texto se estrenase, con lo que toma mayor interés, si cabe, el contenido de la misma. En estos tiempos en que todo el mundo calumnia y odia al que no es como él, es muy interesante (yo diría que hasta didáctico) observar con detenimiento y en profundidad el contenido de esta obra y darnos cuenta de lo complicado que llegó a ser una situación que ahora vemos lejana pero que dejó muchas heridas aún por cerrar y que en muchos casos es difícil que lo hagan.







El texto de José Pascual Abellán está inspirado en la maravillosa entrevista que realizó Jordi Évole a Iñaki Rekarte en Salvados. Para quien tuvo la desgracia de no ver el impresionante programa de la Sexta hay que recordarle que Rekarte es un etarra que trás su paso por la cárcel habló abiertamente sobre lo que pensaba de la organización, de lo que había hecho y de cómo afrontaba la vida tras dejar atrás los barrotes de la prisión. Una entrevista dura y tierna, escalofriante por momentos y sincera de principio a fin, marcado por la forma directa que caracteriza a Évole.



El argumento de la obra va un paso más allá, intercalando las distintas partes de la entrevista con las impresiones de la hija de una de las víctimas. Una especie de balanza en la que enfrentar el dolor de las víctimas frente a lo que siente el ex terrorista arrepentido. El dolor desconsolado de una persona que sin ningún motivo ha perdido a sus padres se contrarresta con las declaraciones de un hombre abatido, que sabe que es un asesino y no quiere tener nada que ver con la persona que fue en aquella época.



Tanto José Pascual Abellán como Sergio Arróspide (director de la obra) huyen de la polémica e intentan buscar la confraternización, "No buscamos ni remover, ni justificar. Ni mucho menos ponernos de parte de nadie". Insisten en que lo único que buscan es "ahondar lo máximo posible en los sentimientos de cada persona, poner el dolor sobre la mesa". Y lo consiguen desde el principio al final de la obra. Los desgarradores testimonios del etarra no buscan que nadie le perdone, sino hacer ver que sólo quiere empezar de nuevo e intentar vivir con la carga que lleva. Por su parte la hija, enfurecida en un primer momento por el foco mediático al asesino, nos transmite lo que ha sido su vida desde ese fatídico día.



Otro de los puntos que diferencian la obra del programa televisivo es que, en este caso, el ex terrorista no es un etarra (o si). En ningún momento se nombra el grupo terrorista al que pertenece ni los lugares donde cometió los atentados (aunque las continuas voces en off pertenezcan a delitos cometidos por ETA). El terrorismo y la barbarie son iguales en cualquier parte del mundo, así como los miedos al salir de la cárcel o el dolor de las víctimas ( o de sus familiares como en este caso).



La obra va mucho más allá de ideologías políticas, de buenos y malos, habla sobre el sufrimiento de las personas. La historia de este asesino y de la hija de sus víctimas es la historia de personas que han sufrido, que tienen un dolor y necesitan quitarse ese peso de encima. El escuchar lo que llevó a una persona a matar a otra no significa que compartamos lo que hizo, ni siquiera que lo perdonemos, simplemente ayuda a conocer al ser humano, como un joven de casi veinte años es capaz de asesinar por unos ideales sin saber ni a quién va a matar. La obra se centra en el poder de la palabra y de la escucha, en entender las razones de cada uno para poder llegar a entendernos todos, en poder llegar a perdonarse para que las heridas acaben cicatrizando por duras que sean y se pueda seguir viviendo.



La obra comienza con el encuentro entre una reportera (interpretada por Lucía Esteso) y un ex terrorista (papel que iba a interpretar el actor fallecido Rikar Gil y que finalmente interpreta Borja Maestre), que se citan en un lugar apartado para una entrevista. El hombre acaba de salir de la cárcel tras una condena de veinte años y quiere contar todo lo que le ha pasado y todo lo que piensa en ese momento sobre la organización a la que pertenecía y los atentados que realizó. En pocas palabras, quiere enfrentarse a su pasado para poder afrontar el futuro. ¿Cómo puede empezar una nueva vida si no deja atrás todo lo que fue y que ahora mismo aborrece?



Al otro lado de la escena y como contrapunto a la historia que nos cuenta la entrevista, aparece la hija de dos de las víctimas de uno de los atentados (interpretada por Esther Vega). La mujer lee asombrada en el periódico la entrevista y no puede creer la publicidad que se le está dando al asesino de sus padres, llegando a escribir un comunicado contestando al ex terrorista. La desgarradora interpretación de Esther Vega conmueve desde el primer momento, en contraste con lo "helados" que nos deja todo lo que cuenta el ex terrorista. La víctima cuenta como ha sido la vida de una niña que con ocho años perdió a sus padres y que tuvo que seguir para adelante sin entender nada de lo que había pasado. Este puede llegar a ser un momento para empezar a comprender lo que pasó aquel fatídico día y cuales fueron las causas que destrozaron su vida.




El montaje se centra en esa dualidad del asesino y la víctima, "unidos" por la periodista que quiere esclarecer qué puede llevar a una persona a matar a personas inocentes. La escenografía, lúgubre y sencilla, marca claramente esa doble visión de lo que pasa, dejando durante la mayor parte de la obra dos espacios bien diferenciados, en los que se desarrolla cada una de las escenas. Como si de un debate se tratara, las declaraciones del ex terrorista son rebatidas por la víctima, manteniendo en todo momento un tono de arrepentimiento en él y de dolorosa furia en ella.
Los tres actores marcan claramente el perfil de sus personajes, los tres vértices que intentan "entender" (o dar a conocer) la historia. La periodista, marcada por el miedo, intenta mantenerse lo más serena posible ante todo lo que escucha. Él se muestra arrepentido, a la vez que sabe que veinte años atrás destrozó su vida y la de mucha gente. La víctima, desolada y desgarrada, intenta comprender el motivo real de la entrevista, algo que ella considera innecesario.





Otro de los puntos más interesantes de este montaje es su escena final, la única que no se corresponde con lo que ocurrió en la realidad. En ella se nos muestra el encuentro, en medio de un bosque, del asesino y la víctima. El momento es memorable, tanto por su contenido (a todos se nos plantea si seríamos capaces de acceder a reunirnos con el asesino de nuestros padres) como por las interpretaciones de Borja Maestre y Esther Vega. El miedo y la vergüenza en este momento se igualan, las personas dejan de ser asesino y víctima para ser individuos que llevan veinte años con una condena y necesitan quitarse ese lastre para poder continuar (o empezar de nuevo). Me pareció un acierto el incluir este encuentro ficticio en la obra, en la que se nos muestran abiertamente las entrañas de los personajes, intentando que veamos que el diálogo es necesario para poder solventar los problemas, las penas y las condenas.

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Ni con tres vidas que tuviera
Teatro: Nave 73
Dirección: Calle Palos de la frontera 5
Fechas: Viernes 20:00
Entradas: Desde 12€ en nave73, atrapalo, entradium