viernes, 7 de abril de 2017

'Los Pelópidas' en el Teatro Bellas Artes



En caso de que existiera una lista con las "50 cosas que debe hacer un amante del teatro antes de morir", una de ellas sería sin duda "Ir al menos una vez en la vida al Festival Internacional de Teatro Clásico de Merida". El verano pasado tuve la oportunidad de disfrutar de Aquiles, el hombre en el festival y he de reconocer que me sentí un auténtico romano en sus gradas de piedra. Por desgracia, me tuve que conformar con ver una única obra, pero gracias al Teatro Bellas Artes he podido ver otra de las que tenía pendientes: Los Pelópidas

El argumento gira en torno a la vuelta de Ántrax, rey de Tebas, a su hogar tras luchar en la Guerra de Troya. Llega acompañado de su consejero, Faetón, y entra en cólera cuando descubre que la ciudad está en la ruina y su esposa Elektra lo ha sustituido por Phideos. un necio que le ha ursurpado el trono. Por si fuera poco, aparece un mensajero dispuesto a complicarles más la vida a estos mortales.



El tono de la obra queda claro desde el minuto 1 cuando se abre el telón y vemos a 4 "manifestantes" con una pancarta en la que se lee "Ya verás como llegamos al cristianismo y seguimos con más de lo mismo". A partir de aquí todo va a ser una sucesión de chascarrillos (en el buen sentido de la palabra) en torno a una tragedia mayúscula en forma de comedia. 

El texto fue escrito por Jorge Llopis y se estrenó por primera vez en junio de 1966. Sin embargo, 50 años más tarde, no ha perdido un ápice de comicidad y tiene un espíritu crítico que no desaprovecha ocasión ninguna para hablarnos de la situación política, ridiculizar a aquellos que nos gobiernan y poner en tela de juicio el papel de la religión en el siglo XXI. Además, Florián Recio ha conseguido adaptar el texto de Llopis acentuando aún más esta crítica y dotándola de actualidad a base de chanzas. No hay ni una sola línea de diálogo en la que no haya una figura retórica o juego de palabras que vaya directo a provocar la risa del espectador. 




La obra funciona en gran parte porque caricaturiza las grandes tragedias del teatro griego.  Los personajes están marcados por la desgracia, pero a diferencia de otros grandes héroes, ellos no se caracterizan por su ávida mente, como es el caso de Phideos, un narcisista sin cerebro que no sabemos cómo ha podido llegar a hacerse con un reino y el amor de Elektra.

En Los Pelópidas aparecen todos los perfiles de la comedia griega llevados al extremo: el consejero, la pitonisa, el héroe destronado, el necio de turno, el coro, el personaje cómico que habla a la velocidad de la luz, etc. 

De la misma forma que La vida de Brian se reía de la Biblia a través del humor absurdo, Los Pelópidas se ríen de todas las grandes tragedias griegas. Que nadie espere una crítica sútil o humor de sonrisa, ya que el texto va directo a la carcajada inmediata. 



Gran mérito de la obra se debe a la dirección de Esteve Ferrer, que consigue hilvanar todas las escenas evitando que el ritmo decaiga en ningún momento. También contribuyen las actuaciones de actores como Paca Velardiez encarnando a una Elektra despechada con el síndrome de Peter Pan o Ana García, que se deja la piel (y la lengua) interpretando a Menestra. 

Mención especial también se merece la escenografía, la cual estaba repleta de trampillas que encajaban como anillo al dedo en esta comedia de humor absurdo.




Gracias a Los Pelópidas podemos confirmar que después de dos mil años más tarde de su creación, el teatro griego sigue vivo y nos sigue ofreciendo el mismo divertimento sumado a una crítica de los tiempos que corren. Incluso autores de comedia griega como Aristófanes, estarían más que contentos de saber que después de 25 siglos los dramaturgos siguen utilizando los mismos recursos literarios y la audiencia sigue disfrutando con ellos. En el fondo el ser humano no ha cambiado nada y es probable que tampoco lo haga en los milenios venideros.



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Los Pelópidas

Teatro Bellas Artes
Dirección: Calle Marqués de Casa Riera 2