jueves, 2 de febrero de 2017

Teatro: "La clausura del amor" en el Teatro Kamikaze Pavón


Hay experiencias que trascienden lo puramente teatral y se te meten dentro como si fuese parte de tu propia vida. Textos tan desgarradores, tan poéticos, tan sublimes que el solo hecho de escucharlos te deja conmocionado durante un tiempo. Cuando una historia te agarra por la garganta y no puedes soltarte, notas que estás asistiendo a algo especial. Si a esto le unes que sobre el escenario se encuentran dos auténticos monstruos de la escena, capaces de hacer de cada escena algo sublime, de cada instante una foto para enmarcar, podemos estar ante uno de los montajes más sublimes de los últimos tiempos.





El autor y director de la obra, el francés Pascal Rambert, reconoce que le sorprendió la versión en castellano de su obra, llegando a decir que parecía que había sido escrita para estos dos actores, capaces de llenar el escenario con su sola presencia. Rambert habla de lo apropiado que es el castellano para el ritmo de la obra, un idioma rápido que le viene muy bien al texto. Un texto que se presentó hace unos años en los teatros del Canal y que desde su estreno siempre ha maravillado a todo el que ha tenido la suerte de poder verlo. Llenos en todos los sitios por los que pasan, señal de que estamos ante algo de una gran magnitud.




En un escenario vacío y con luces de neón blancas aparecen los dos actores vestidos con su indumentaria cotidiana. Lo más básico que se puede plantear sobre las tablas de un teatro, para que lo único realmente importante sea el texto, las palabras de los actores, el amor y el desamor que recorre y se dispara por el aire, los gestos y los reproches que cada uno utiliza para atacar y defenderse. Una obra que desde el primer instante nos encoge el alma, nos agarra a la silla y no nos deja ni pestañear, por miedo a perdernos algún detalle de lo que está sucediendo, pura magia.


La función se plantea como un combate, planteado así desde el primer momento en que los dos actores se colocan en las esquinas opuestas del escenario. Un juicio en el que cada uno tiene su turno de palabra sin posibilidad de respuesta para su "adversario", un momento para mostrar todas sus cartas, mientras el adversario "encaja" los golpes como buenamente puede. Dos soliloquios de gran intensidad, en los que los cuerpos de quien escucha, hablan y se desmoronan al ritmo que marcan las enfervorecidas explicaciones de su pareja.  



Empieza el ataque Israel Elejalde, Isra en la función, decidido a acabar con una relación de años con un ataque frontal hacia su pareja. Sabe que la única posibilidad de dejarla será hundirla, destrozarla, hacerla sentir una mierda, un verdugo que humilla a su víctima para que sea ella misma la que quiera el final. Un discurso marcado de odio, de rencor, pero también de miedo y de dolor (por lo que ha sentido por ella y que ha terminado). Él se instala en la insatisfacción, en los reproches de alguien que quiere alejarse de una persona a la que ya no ama.




Dardos envenenados que durante cincuenta minutos dispara Isra mientras Bárbara (Lennie) escucha y se va descomponiendo poco a poco. Si es increíble la destreza de ambos para atravesarnos con el texto, no lo es menos como encajan los golpes, como sus cuerpos empequeñecen, se mutilan, se deshacen mientras son atacados. 
"Nuestro amor es un cadáver, y tu llevas su piel" es una de las primeras frases lapidarias que lanza Isra para empezar a hundir a Bárbara, para intentar que el odio por lo que le dice sea mayor que el amor que siente hacia él.




Tras este bombardeo de improperios, y tras un momento musical muy divertido y necesario para recuperarse de lo visto hasta ahora, empieza la réplica de Bárbara con un contundente "No estoy de acuerdo" que es sólo el preludio de lo que se le viene encima a Isra. Ella sigue enamorada y no cree ni una de las cosas que él le acaba de decir, pero acepta el reto de ir a una guerra sin cuartel de la que no saldrán vencedores ninguno de los dos. Desde un punto de vista mucho más tierno y pasional, pero sin dejar de ser dura, ella va respondiendo cada una de las cosas que antes él le había echado en cara. Momentos de extrema belleza y ternura mezclados con auténticos puñales al corazón




La obra, en palabras de Elejalde, es "una radiografía perfecta del dolor profundo que el ser humano siente en el momento de la ruptura de una pareja". Una experiencia que deja en el aire preguntas como ¿Qué es lo que amamos cuando amamos? ¿El amor es la mayor ficción? pero que ante todo es una lección de interpretación, de presencia escénica, de dos actores que se dejan las entrañas, en una experiencia tanto física como mental que les dejará extenuados. Es una joya de principio a fin, que por momentos te corta la respiración, te pone patas arriba, te da vueltas el estómago....y te deja atónito durante una buena temporada.




Teatro con mayúsculas a cargo de dos de los mejores actores de nuestro país. Todo lo que hacen es digno de verse, escucharse y sentirse con muchísima atención. Son tan especiales en lo que hacen que cada pase debe ser un reto, por que desgarrarse y exponerse como hacen ellos tiene que dejarte el cuerpo para pocas gaitas. No se si volverán a representar esta obra, pero si lo hacen estoy seguro que seré de los primeros en pegarme con quien sea por una de las entradas. Actores con mayúsculas y un texto soberbio que hacen de esta obra un auténtico lujazo.
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La clausura del amor
Teatro: Kamikaze Pavón
Dirección: Calle Embajadores 9
Fechas: Miércoles a las 20:00, Jueves y Viernes  22:00, Sábados  21:00 y Domingos  20:00
Entradas: Desde 21,60€ en TeatroKamikaze



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