miércoles, 14 de diciembre de 2016

Teatro: "La velocidad del otoño" con Lola Herrera y Juanjo Artero.


Hay textos que te dejan con un nudo en la garganta al salir del teatro, actores que con sus interpretaciones hacen que la gente se emocione, directores que hacen de cada obra una pequeña obra de arte, pero cuando todo eso coincide en un mismo lugar uno siente que está viviendo algo mágico. Este cúmulo de belleza y talento se puede ver en el Círculo de Bellas Artes durante estos días, y son tantas las sensaciones que recorren el cuerpo al verla que es difícil de explicar en unas pocas líneas.



El texto del norteamericano Eric Coble es un diamante en bruto, una delicia con miles de aristas a las que sacarle punta. Una obra a mitad de camino entre la comedia y el drama, en el que la proporción de ambas nos hace estar en una continua montaña rusa de sensaciones, pasando de la risa al llanto con una facilidad que cuesta explicar. Las situaciones generadas por el autor son de una tristeza abrumadora, pero mostradas con un toque cómico que hace de la obra un cóctel explosivo (nunca mejor dicho) por el que te verás atrapado y del cual no saldrás hasta mucho después de abandonar la sala del teatro.



Un texto tan lleno de matices puede ser un arma de doble filo, pero para Magüi Mira este nuevo reto sólo puede suponer un nuevo éxito en su brillante carrera. La directora que nos sorprendió la temporada pasada con su versión de  "Cesar y Cleopatra" cosecha año tras año el reconocimiento de la crítica y el público con cada una de las piezas que dirige. Sus últimos éxitos han sido "Pluto", "Kathie y el hipopótamo" o "En el estanque dorado", por hablar solamente de sus últimos estrenos. Talento en estado puro para domar un gran texto y convertirlo en una obra de una textura suave y áspera a partes iguales.




Para este proyecto, Magüi Mira cuenta con dos valores seguros de la escena española, Lola Herrera (a la que ya había dirigido en "En el estanque dorado") y a Juanjo Artero (que ya había coincidido con Herrera en "Seis clases de baile en seis semanas"). Ambos se compenetran a la perfección y asumen con maestría su rol dentro de la obra. Él enérgico y alegre al principio, va perdiendo fuerza mientras afloran sus miedos a lo largo de obra. Ella, segura de lo que está haciendo se va creciendo ante la adversidad y el reencuentro con el hijo pródigo.





Al hablar de Lola Herrera sobran las palabras, ya que no creo que haya un solo calificativo que no se le haya adjudicado en su dilatada carrera. Una dama de la escena, con su sola presencia llena el teatro, con cada frase y movimiento nos demuestra que estamos ante una de las actrices más importantes de nuestro país. Esta presencia tan potente suele dejar en mal lugar al resto de actores que intentan estar a su nivel, y más en una obra como esta, un completo duelo interpretativo entre madre e hijo desde el primer instante.






El duelo, aunque desigual por trayectoria y prestigio, está igualado durante toda la obra, y Juanjo Artero mantiene el nivel en su papel de hijo huido, llegando a ser suyos varios de los momentos más intensos de la obra. Su voz rasgada, su aspecto de jovenzuelo eterno y su generosidad en los esfuerzos, dotan al personaje de una fuerza casi canallesca al principio que se va desintegrando a lo largo de la obra, según vamos conociendo los secretos de la vida de cada uno de los personajes. Un personaje que crece en profundidad a la vez que se empequeñece ante el cometido que venía a hacer.




La complicidad entre ambos actores es total, cada mirada, cada gesto, cada caricia, transmite la ternura de una madre que no ha visto a su hijo durante años. El duelo inicial se convierte casi en una coreografía, con movimientos sincronizados, en los que los dos tienen total control sobre la situación. Una obra que expone a los dos actores, tanto en lo individual como en el trabajo conjunto, y del que salen victoriosos con el gran entendimiento que tienen ambos. 



La historia obliga a un cambio de registro de ambos personajes, que en ningún momento queda en inferioridad con respecto al otro. Cada uno lleva el peso de la escena y del texto en determinados momentos, en los que el otro permanece casi como elemento decorativo, para resurgir momentos después y coger el relevo al compañero. Situaciones de excesos individuales mezclados con diálogos emocionantes, que nos dejan helados. Cada segundo que pasa la situación se hace a la vez más complicada y más tierna, más salvaje y más conmovedora.




Una batidora de situaciones límite, tanto en lo físico como en lo psicológico. Un continuo juego de sensaciones y emociones que nos mantiene con el corazón en un puño desde el primer momento y que te mantendrá con la obra en la cabeza hasta tiempo después de que acabe. En conjunto la obra es un acierto en cada una de sus partes, planteando temas muy duros como la soledad de la vejez de una manera sencilla, sin tapujos, pero desde un punto de vista aparentemente cómico. Una forma distinta de hacer llegar los problemas de cierta parte de la sociedad, que no protesta pero le duele el abandono y le asusta la soledad.

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La velocidad del otoño
Teatro: Círculo de Bellas Artes
Dirección: Calle del Marqués de Casa Riera 2
Fechas: Martes a Viernes a las 20:00, Sábados y Domingos a las 19:00
Entradas: Desde 18€ en atrapaloentradas.comBellasArtespromentradataquilla.com


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