miércoles, 14 de septiembre de 2016

Teatro: "Pedro y el Capitán'" en el Teatro Lara



Hay textos dramáticos que tienen una corta vida y quedan en el olvido, otros son como esos best sellers condenador a vivir el éxito y los hay que podrán ser representados un milenio más tarde sin perder su fuerza. Sin duda, Pedro y el Capitán pertenece a este último grupo. Y es que desde que Mario Benedetti publicase esta obra en 1979 no ha llovido tanto como podemos creer.


Pedro y el Capitán se ganó mi favor desde el momento en el que estábamos sentados la mayor parte del público en el Off del Lara, cuando ni cortos ni perezosos, los actores comenzaron la obra justo en la hora que indicaba la entrada. Nada les importó que el público siguiese entrando más tarde. Lo que hicieron tendría que ser un ejemplo para todos, ya que en los últimos años, entre cadenas que tienen serios problemas con la percepción del tiempo en la publicidad y cines que emiten media hora de anuncios antes de la película, la hora se ha quedado como un decoro.




A lo largo de los 75 minutos que dura la obra, vamos a ser testigos de una tortura en la que el Capitán va a hacer todo lo que esté en su mano porque Pedro le dé los nombres que necesita. El problema es que Pedro ya no tiene nada que perder y no va a dejárselo tan fácil. 

Hay una idea que está presente en toda la obra: la tortura puede adoptar muchas formas y no es la física la que puede llegar a provocar la estacada de dolor más fuerte. Pedro y el Capitán es un juego entre dos rivales con objetivos muy distintos. En un primer momento, podríamos pensar que Pedro tiene todas las de perder, pero será gracias su verbigracia lo que le haga digno de estar a la altura de su rival, a pesar de estar atado de pies y manos a una silla. Lo interesante del texto no es saber quién gana el duelo, sino ver cómo se desenvuelve cada uno y qué "armas" va a utilizar para derrotar a su oponente. 



Estamos ante una historia en la que importan los personajes frente a la trama. Vamos a vivir cómo es posible que dos personas muestren sentimientos tan contrarios en menos de 75 minutos, teniendo que abandonar nuestros prejuicios y no conformarnos con catalogarlos en algo tan simple como el bueno y el malo. A priori de lo que puede parecer, Pedro y el Capitán no es una historia de buenos y malos, sino de desafortunados que les he tocado vivir un crudo periodo.

¡Ojo! No es una obra de fácil digestión. Si lo que buscas es teatro de evasión, olvídate de Benedetti porque es todo un manual de cosas que no hay que hay que hacer para no perder la atención del espectador en el minuto 1: ritmo lento, diálogos ambiguos que van cobrando sentido muy lentamente y personajes que no terminas de calar hasta el final.




Un punto a favor del texto son las notas de humor sumamente negro, las cuales son introducidas en un contexto en el que sacar una sonrisa no es tarea fácil. Sin embargo, cuando tienes personajes con tantos matices es fácil que éstos te brinden momentos cómicos en mitad de la tempestad.

Actoralmente, la obra es de sobresaliente. Desde Big Boy no veía a dos actores tan compenetrados y dispuestos a dejarse la piel por una actuación. Sus actuaciones llegan a ser tan realistas que en el momento de los agradecimientos costaba separar a los actores de sus personajes.



No podemos ver esta obra sin atender a la realidad que Benedetti quería reflejar: la represión en su país, del cual fue expulsado por pensar de una forma contraria al gobierno. Pedro y el Capitán es una denuncia a la supresión de los derechos y un canto a la libertad.

Si alguien pretende ir a ver la obra como un simple entretenimiento, es preferible que vaya a cualquier otra obra del Lara, pero si sois de los que creen que el teatro no nació exclusivamente para agradar, no dudéis en presenciar la tortura más realista vista sobre los escenarios.


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Pedro y el Capitán:
Teatro Lara: calle Corredera Baja de San Pablo, 15 (Off del Teatro Lara)
Fechas: miércoles de septiembre y octubre a las 20 horas
Entradas: desde 12€ por Atrápalo