jueves, 15 de septiembre de 2016

Teatro: "Pancreas" en el Teatro Amaya


Esta divertida comedia se estrenó hace más de un año en el Teatro Arriaga de Bilbao y tras su éxito abrumador del año pasado en el Teatro Valle Inclán vuelve a Madrid, esta vez al Teatro Amaya, para que nos planteemos hasta donde seríamos capaces de llegar por ayudar a un amigo. Páncreas es una tragicomedia en verso escrita por el dramaturgo Patxo Tellería en euskera y que en su versión en castellano está dirigida por el polifacético Juan Carlos Rubio. Una disparatada historia llena de momentos hilarantes que rozan el esperpento y unos actores soberbios, a mitad de camino entre el clown y el humor inglés que destila la obra.





La productora Concha Busto y el Centro Dramático Nacional fueron los encargados de dar el salto a la versión en castellano, con la colaboración de Tartean Teatroa y Fernando CayoJuan Carlos Rubio se incorporó a esta aventura para dirigir, y por momentos contener, a tres actores en estado de gracia y en una perfecta sintonía: Fernando Cayo, Alfonso Lara y José Pedro Carrión. Director y autor en absoluta plenitud, ha escrito y dirigido algunas de las obras más significativas de los últimos tiempos, como "Las heridas del viento", "Razas", "La monja alférez" o "El príncipe Maquiavelo", en la que ya tuvo bajo sus órdenes a Fernando Cayo.



La historia se desarrolla en torno a tres peculiares personajes que se conocen de unas sesiones de terapia. La aventura que entrelaza sus vidas hasta límites insospechados ocurre de la siguiente manera: Javilo (Alfonso Lara) está enfermo y necesita de forma urgente un trasplante de páncreas para no morir. Raúl (José Pedro Carrión) está pensando suicidarse más pronto que tarde por miedo a la degeneración tanto física como psíquica, por lo que acabará con su vida al cumplir los sesenta como homenaje a la vida plena, antes de que empiece su declive. Por último César (Fernando Cayo) amigo común de ambos y además el único que sabe la situación de ambos, decide tomar cartas en el asunto. Su "brillante" idea es la de proponer a Raúl que adelante la fecha de su suicidio para donarle su páncreas a Javilo y que  así éste pueda disfrutar de una vida plena. Como podéis observar la premisa inicial es de lo más surrealista.



Pero esto sólo es el principio y la tragicomedia va cogiendo ritmo y aumentando sus pulsaciones conforme avanza la obra. Los acontecimientos se van precipitando hasta colocar a los protagonistas en situaciones de lo más cómicas, aunque se vayan tomando algún respiro con momentos de cierta seriedad. La obra se convierte en un cóctel explosivo en el que se mezcla el drama, los miedos, la vida, la muerte, el juego, la amistad, la suerte....pero por encima de todo la comedia. El propio director nos plantea algunas de las preguntas que este texto deja en el ambiente: "¿Qué somos capaces de hacer o no hacer por alguien querido?¿Hasta donde llegaría nuestra generosidad?¿Hasta el páncreas? Quien sabe". Con esas preguntas en el aire sólo queda esperar que los acontecimientos nos lleven por esta montaña rusa de emociones hasta la respuesta final.




Los tres actores crean unos personajes muy singulares y reconocibles, dejando bien delimitado a cada uno, con sus rasgos característicos y formas de actuar, por lo que nos cuesta diferenciar al actor de la creación escénica. Alfonso Lara, en su papel de enfermo terminal, es el que se mantiene más moderado durante toda la obra, debido a sus miedos y sus fobias. Este personaje tiende a ser el más cohibido debido a su situación personal, y aunque por momentos se desmelena, siempre está con el freno de mano echado por todas las cosas que tiene que ocultar. José Pedro Carrión, el amante de la vida que no quiere dejarla marchitar, adquiere infinidad de registros a lo largo de la obra, siempre de forma magistral. Es capaz de pasar del pasotismo ante la muerte al miedo al suicidio prematuro, de la angustia por su amigo terminal a la tranquilidad al tomar la decisión que entiende más adecuada. Un papel lleno de matices muy bien llevados. Y por último, el alma máter de la "brillante idea del suicidio adelantado", Fernando Cayo, se desata como un tornado de muecas, gestos y mímica, llevando sin duda el peso de la obra hacia un humor por momentos cercano a los geniales Yllana. Cayo es en esta obra, mas que un actor, un intérprete: canta, toca el piano, recita, clownea... todo un alarde de capacidades interpretativas.



Pero la obra no sería redonda (ni esta crítica tampoco) si no se hubiese contado con una escenografía tan cuidada. El decorado nos sitúa en el salón de una casa decimonónica, con su chimenea, su piano y hasta una escalera de caracol. Pero este salón, lejos de parecer señorial se parece más a un decorado de "Drácula" o "El gabinete del Doctor Caligari", lleno de tonos lúgubres, grietas en las paredes y puertas que chirrían. La escena ya se nos plantea de entrada como un lugar fantasmal, pero con cierto punto de misterio que lo sitúa muy próximo a cualquier montaje de Agatha Christie. Todo este montaje tan peculiar corre a cargo de José Luis Raymond, que consigue meternos el interés por lo que allí ocurre desde que se alza el telón.
También cabe destacar los increíbles golpes de iluminación, a cargo de José Manuel Guerra, que dan una flexibilidad enorme a un espacio muy inmóvil, consiguiendo dar a cada escena una entidad propia en cada momento.




Con todo esto sólo cabe decir que la obra cumple con creces la fama cosechada el año pasado a su paso por Madrid. Un conjunto muy bien equilibrado en el que todo encaja, pese a la dificultad de hacer una obra de estas características en verso. Pero además de todo esto, quedan en el aire ciertas cuestiones que nos hacen pensar, como nos sugería el director, en la bondad humana y hasta donde seríamos capaces de llegar nosotros por alguien al que queremos. Una cuestión que se disfraza de comedia inteligente pero que inevitablemente sobrevuela el teatro cuando salimos y nos acompaña de vuelta a casa. Pese a su ritmo endiablado, mezclado incluso con música, el trasfondo de la amistad y el compromiso con el prójimo está presente en todo momento. Una gran lección de cómo se puede hacer reir y pensar a partes iguales.




La conclusión que se puede sacar al revisar esta peculiar tragicomedia es la cantidad de variantes que se nos pueden plantear en la vida para ponernos entre la espada y la pared, para tener que decidir sobre si hacemos o no lo correcto. La obra, más allá de su indudable comicidad, ahonda en los temas más importantes de la naturaleza humana: La vida, el amor, la amistad, la muerte.... desarrollándose entre las confesiones que van "desnudando" a los personajes, y planteando la posibilidad de que cada uno, en un determinado momento, puede ser determinante en la vida de otra persona

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Pancreas
Teatro: Amaya
Dirección: Paseo General Martínez Campos 9
Fechas: Miércoles, Jueves y viernes a las 20:30, Sábados a las 19:30h y a las 21:30 y Domingos a las 19:30h. Del 24 de Agosto al 2 de Octubre.
Entradas: Desde 12€ en entradas.comatrapalo, teatroamaya y elcorteingles