jueves, 11 de agosto de 2016

Teatro: "Los desvaríos del veraneo"




¿Nunca os ha pasado que vayáis a ver una obra en determinado teatro y al no gustaros tenéis ciertos prejuicios en volver a éste? En mi caso, desde que vi Lo que vio el mayordomo tenía ciertas reticencias sobre la programación del Teatro Infanta Isabel. Sin embargo, ha tenido que llegar Los desvaríos del veraneo para darme cuenta que las segundas oportunidades son valiosas y que los prejuicios tan solo son útiles si es para no ver cualquier programa o serie en la que aparezca Pilar Rubio. 

Los desvaríos del veraneo nos cuenta la historia de dos familias vecinas que viven en Livorno y están ultimando los preparativos para el mejor momento del año: el veraneo. ¡Y ojo! Para estos protagonistas un veraneo no tiene nada que ver con unas vacaciones en Benidorm, sino que se trata del evento social del año por excelencia en el que ambas familia están dispuestas a demostrar quién está por encima de quién.




Partiendo de una premisa sencilla, el desarrollo de la obra es inmejorable. Es una comedia de enredos de las de toda la vida, pero tiene muchos puntos a su favor como los diálogos ágiles que hacen que tu mente no salga de la obra en ningún momento y constantes giros en la trama.

Mención especial se merece José Gómez-Friha, que dirige y adapta el texto de Carlo Goldoni de manera sobresaliente, especialmente teniendo en cuenta que estamos ante una obra escrita por un dramaturgo italiano del siglo XVIII. Gómez-Friha mantiene el habla de la época, pero introduce digresiones temporales que dan bastante comicidad. Poco tiene que ver una familia acomodada de hace tres siglos con la canción de Nancy Sinatra, These boots are made for walkin'. Y sin embargo, todas estas rupturas encajan a la perfección y eran las partes en las que el público más nos reíamos. Se agradece este atrevimiento a la hora de adaptar el texto de Goldoni.




Si hay un algo que prevalece a lo largo de toda la obra es el conflicto de clases sociales, aunque ésta se aborda desde una forma bastante ligera, llevándola a la parodia. Los personajes están llevados al extremo y prácticamente todos son egoístas, envidiosos y viven por y para el postureo. Y aunque en Los desvaríos del veraneo nos parezca idiota un personaje que le da igual arruinarse por lucir la mejor vajilla, tenemos que recordar que en este siglo tenemos a individuos que nos muestran su día día haciendo running, cooking y resto de cosas acabadas en -ing-. No nos engañemos. Los tiempos no cambian y el veraneo del siglo XVIII es el Instagram del siglo XXI.





En cuanto al nivel actoral la verdad es que estaba bastante equilibrado. Personalmente, me encantaron Esther de la Isla y Macarena Sanz, que bordan sus papeles de enemigas y consiguieron que todos riésemos a carcajada limpia en una escena en la que hay más puñetazos verbales que en una película de Bruce Lee. Más que correctos estuvieron también Alejandro Albarracín, que sostiene gran parte de la obra y un exagerado Kevin de la Rosa, que encarna a la perfección al clásico gorrón.

Una de las mejores decisiones de la puesta en escena es que los actores nunca salían del escenario y cuando no intervenía eran meros espectadores. Esto provocaba que los actores se rieran viendo a sus compañeros y nos contagiasen al público sus risotadas.



Por otra parte, la escenografía consigue lo que requiere la obra con tan solo un par de maletas, cajas, sillas y otros elementos de atrezzo. Lo que me llamó especialmente la atención fue un vestuario que combinaba desde ropajes clásicos hasta prendas más modernas que podrían ser propias de un hipster.

Sin duda, Los desvaríos del veraneo ha sido una de las mejores sorpresas que ha dejado la cartelera teatral en Madrid este verano. Y no os lo digo yo, lo dice esa señora que le comentaba a sus amigas a la salida "¡Hay que ver! ¡Dura dos horas y me ha parecido que no durase ni una!".


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Los desvaríos del veraneo
Teatro Infanta Isabel: calle Barquillo, 24
Fechas: hasta el 18 de septiembre
Entradas: desde 10€ por Atrápalo


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